Opinión
Editorial ÓA 265: El salto al vacío del Gran Teatre del Liceu agita la temporada
Las nuevas puertas del artista plástico Jaume Plensa Constelacions (2022) del Gran Teatre del Liceu son el referente de este curso 2022-2023
Las nuevas puertas del artista plástico Jaume Plensa Constelacions (2022) que cierran los porches del Gran Teatre del Liceu cada noche, son el referente de este curso 2022-2023, que sigue celebrando el 175º aniversario del coliseo barcelonés. Los símbolos de la obra de Plensa inundan el programa de la temporada liceísta y presiden su portada, la de un curso lírico en el que el Salto al vacío es el Leitmotiv principal y un punto de inflexión que habrá que valorar cuando la temporada concluya.
El director artístico de Liceu, Víctor García de Gomar, nos invita a adentrarnos en unos títulos y puestas en escena en los que simbólicamente se ha elegido un camino en el cual no hay vuelta atrás y en el que el arte toma todavía un mayor protagonismo, donde las citadas puertas seguramente son el referente ideal en esta nueva etapa (Ver declaración). Una escultura cuyos signos y letras son “una metáfora de la diversidad” según Jaume Plensa, un poeta visual que este mes debuta como director de escena con el Macbeth verdiano en el Gran Teatre. “La belleza del arte esta en el hecho de que es inexplicable”, afirma el artista. “No se ha de entender, sino emocionar”, y que en el caso de la escultura, asegura, “está muy ligada a la música y la poesía”, al igual que la ópera. Las puertas, como obra de arte que son, Plensa piensa “que es fundamental” que se integren “en la vida de la gente, ordenando un espacio urbano, dándole un sentido o un punto de referencia” a un público que es el receptor y partícipe de un espectáculo tan rico y apasionante como la ópera.
La apuesta de la dirección artística del Liceu no puede valorarse hasta que se hayan presentando todas las propuestas escénicas y musicales de la temporada. Si nos ceñimos a los títulos ya realizados vemos que en todos se ha actualizado la época en que se representa trasladándolas al siglo XX y XXI, ya sea el Don Pasquale inaugural, Il trovatore en la dirección de escena de Àlex Ollé (Ver crítica) o la Tosca de Rafael R. Villalobos (Ver crítica). Esta última ha profundizado, más si cabe, en este afan por ofrecer al espectador una nueva mirada sobre la obra hermanando la figura de Mario Cavaradossi y la de Pier Paolo Pasolini que no solo juega con personajes, textos, pinturas, vestuario y referencias –que interfieren sutilmente en la trama–, sino que incorpora una escena antes del segundo acto con un texto recitado por Pier Paolo Pasolini y con la canción Love in Portofino sonando de fondo, momento que en el estreno y en varias funciones provocó una bronca del público solicitando escuchar la Tosca de Puccini por la que habían pagado la entrada. Las protestas, en cambio, no se vivieron en la función dedicada al público joven y sí en el resto de veladas que, por otra parte, contaron con una masiva presencia de público ávido de ver esta obra maestra del género, pero también de una propuesta escénica inteligente y no exenta de polémica del joven y laureado artista sevillano.
Este mes llegará al Liceu un nuevo capítulo de este Salto al vacío con el Macbeth mental e íntimo de Plensa, sin duda uno de los artistas españoles más reconocidos de la actualidad con un amplio bagaje en la producción de escenografías operísticas, a quien el coliseo lírico barcelonés le ha abierto las puertas para su primera incursión como director de escena de esta gran ópera de Verdi.
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