Bendita 'Traviata' con Jessica Pratt

Bilbao

18 / 10 / 2026 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 4 min

La producción de 'La Traviata' de Mario Pontiggia © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
Jessica Pratt (Violetta) y Javier Camarena (Alfredo) © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
Jessica Pratt (Violetta) y Javier Camarena (Alfredo) © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Verdi: LA TRAVIATA

Inauguración de la temporada

Jessica Pratt, Javier Camarena, Gabriele Viviani, Marifé Nogales, Josu Cabrero, José Manuel Díaz, Fernando Latorre, Gexan Etxabe, Olga Revuelta, Íñigo Fernández, Sabas Balanzategi. Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Mario Pontiggia. Palacio Euskalduna, 17 de octubre de 2026.

ABAO Bilbao Opera inauguró el pasado sábado su 75ª temporada con La traviata (ver previa en este enlace). Volver a ella no siempre despierta un entusiasmo desbordante: es una de las óperas más representadas y, para quienes ya la han visto –y hasta tarareado– unas cuantas veces, encontrar motivos para renovar la mirada no es poca cosa. Esta vez, ABAO contaba con un reparto de gran atractivo que, junto al tirón de los títulos clásicos que atraen al público menos especializado, se tradujo en un lleno en el estreno.

Desde la obertura, Francesco Ivan Ciampa mostró su oficio al frente de la Euskadiko Orkestra, con fraseos elegantes, riqueza de dinámicas y atención a unas texturas que descubren una música viva, en la que pasan muchas cosas más allá de las melodías pegadizas. Sus tempi reposados concedieron espacio a los cantantes para saborear la línea de canto, demorarse en una cadencia o arrastrar levemente un adorno. No todos se sintieron igual de cómodos con esta propuesta, pero el director alternó ese aire de perezosa reluctancia con momentos de intensidad dramática y coros de energía vertiginosa. La orquesta, cómplice y dispuesta a entrar en el juego, respondió con pasajes como el preludio del tercer acto, de una sensibilidad extraordinaria.

"Jessica Pratt fue la gran protagonista: su virtuosismo, el dominio técnico y la delirante facilidad del registro sobreagudo hicieron aún más significativa la contención con que abordó su Violetta"

La producción de Mario Pontiggia traslada la acción a la Belle Époque, un marco vistoso que no altera en absoluto el discurrir de la historia, donde la escenografía de Francesco Zito y Antonella Conte encuentra un equilibrio afortunado entre sobriedad y suntuosidad: lo justo y necesario para centrar la atención sin obligar al espectador a hacer arquitectura mental para rellenar los huecos. Los volúmenes cerrados funcionaron especialmente bien en las características acústicas del Euskalduna, y el vestuario de Zito destacó por su belleza y atención al detalle. La versión de Pontiggia, que blanquea los perfiles del drama y restringe el espacio interpretativo, contrastó con una música llena de matices y posibilidades expresivas. Los movimientos rígidos en los conjuntos, demasiadas posiciones estáticas y las consabidas formaciones en diagonal –funcionales, sí, pero algo anticuadas– terminaron de restarle atractivo.

Javier Camarena comenzó con cierta tirantez en la emisión y no pareció sentirse del todo cómodo con los tempi reposados de Ciampa, que parecían dejar poco espacio para ese pequeño impulso hacia delante que necesitaba; sin embargo, fue ganando aplomo a medida que avanzaba la función, hasta encontrar en el tercer acto ese canto natural, suelto y decidido al que acostumbra. Gabriele Viviani sorprendió gratamente como Giorgio Germont, con su voz, cálida, corpórea y flexible, que combinó un agudo cómodo con unos graves de peso, sin necesidad de imponerse por volumen; a estas cualidades sumó un sentido teatral que evitó convertir al padre de Alfredo en una figura meramente severa y dio verdadero calado a sus intervenciones.

Jessica Pratt fue la gran protagonista de la velada gracias a su virtuosismo, el dominio técnico y la delirante facilidad del registro sobreagudo que hicieron aún más significativa la contención con que abordó su Violetta; lejos de limitarla, esa elección dejó ver la amplitud de sus recursos y su capacidad para administrarlos, como en el aria «Addio del passato», cantada desde el suelo con un control vocal absoluto. A la concepción escénica, de aristas suavizadas, Pratt sumó una interpretación que pareció buscar deliberadamente una Violetta menos entregada al arrebato, con un resultado de una exquisitez indiscutible. Solo faltó una dosis de esa exuberancia y voluptuosidad que reclaman los textos del libreto.

También destacó por su calidad y entrega el Coro de Ópera de Bilbao, especialmente solvente en una partitura que exige precisión en la dicción, el ritmo y la velocidad. La frescura de Marifé Nogales, la elegancia de Olga Revuelta, la vivacidad de Josu Cabrero y José Manuel Díaz, la prestancia de Fernando Latorre y Gexan Etxabe y los interesantísimos debuts de Íñigo Fernández y Sabas Balanzategi pusieron de manifiesto que la apuesta de ABAO por las voces de proximidad y el talento local es una garantía.

En una temporada de cinco títulos, programar La traviata parece casi un peaje que hay que pagar para llenar la sala. Pero si ese peaje brinda una noche como ésta, se paga de buena gana. Bendita Traviata.  * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL

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