ENTREVISTAS
Isabel Leonard: "El recital brinda una libertad increíble"
La cantante neoyorquina debuta en recital en Barcelona junto al pianista Malcolm Martineau con un programa que pone en diálogo a Falla y Montsalvatge. Una propuesta que conecta con sus raíces españolas y su pasión por contar historias a través de la música. Antes de presentarse en el Teatro Real como Rosina, reflexiona sobre la intimidad del recital, la fuerza de la palabra y la memoria que habita en cada canción.
Este será tu debut en recital en Barcelona, después de tu actuación en el Liceu con West Side Story de Bernstein. ¿Qué significa regresar a la ciudad en el marco más íntimo de un recital? Es muy especial volver a Barcelona. Guardo recuerdos maravillosos de mi estancia aquí. Es una ciudad extraordinaria: hermosa, vibrante y con una vida artística riquísima. Actuar en el Liceu con Bernstein fue una experiencia magnífica, pero un recital genera una intimidad muy distinta. Te permite invitar al público a entrar en el universo de la música y compartir algo mucho más personal. Me encanta esa sensación de diálogo que se establece entre cantante, pianista y público.
El programa reúne a Manuel de Falla y Xavier Montsalvatge en torno a España y la pérdida de sus antiguas colonias. ¿Qué relato o diálogo esperas establecer entre ambos compositores? Creo que existe un diálogo fascinante entre ellos. Contemplan España y su identidad cultural desde perspectivas y generaciones distintas, pero sus músicas están conectadas por unos hilos maravillosos: la memoria, los lugares, la añoranza, la historia y la influencia de culturas de más allá de España.
Para mí, el programa no pretende presentar la historia como algo estático. Trata de cómo los compositores asimilan los lugares y las culturas que los rodean y transforman esas influencias en algo profundamente personal.
Como neoyorquina de raíces latinoamericanas, ¿Cómo conectas personalmente con las reflexiones del programa sobre la identidad hispánica, el exilio y la transformación cultural? Conecto con ellas muy profundamente. Soy neoyorquina, pero mis raíces son muy importantes para mí, especialmente la rama española de mi familia. La familia de mi abuela materna procede del sur de España, de modo que Andalucía y el sur siempre han ocupado un lugar especial en mi imaginación y en mi percepción de mis orígenes.
Creo que esa experiencia de pertenecer a una cultura que es, a la vez, heredada y está en constante evolución es algo que comprenden muchas personas de raíces hispanas o latinoamericanas. Hay capas de historia, migración, lengua, música y memoria. Como artista, siempre me interesa explorar cómo esas capas conforman nuestra identidad.
¿Qué tiene la escritura de Falla que la hace tan cautivadora y expresiva para voz y piano? Llevo décadas cantando Falla y nunca dejo de descubrir algo nuevo en su música. Su escritura posee un color y una atmósfera extraordinarios, pero también un enorme respeto por la lengua española y por los ritmos y sonidos del habla.
Y me encanta la poesía. El repertorio español siempre ha sido importantísimo para mí por las historias que cuentan sus textos y por cómo la música les da vida. En Falla suele haber muchísimo bajo la superficie: puedes sentir el paisaje, el calor, la sensualidad, el humor, la melancolía. Es una música que te pide habitar un mundo, no simplemente cantar notas.
Las canciones de Montsalvatge están impregnadas de ecos caribeños y de una mirada singular sobre las Américas. ¿Cómo abordas ese universo sonoro, tanto vocal como interpretativamente? Intento acercarme a él con curiosidad y apertura. Montsalvatge tiene una imaginación rítmica maravillosa, y esas influencias caribeñas se perciben sin que la música se convierta nunca en una mera imitación de un estilo concreto.
Desde el punto de vista vocal, creo que es importante dejar respirar el ritmo y la lengua. Debe haber cierta libertad y sensualidad, pero también precisión. Y, una vez más, el texto es mi punto de partida. Quiero comprender quién habla, qué recuerda o anhela y qué mundo está creando. Eso es lo que da a la música su centro emocional.
¿Cómo ha sido tu colaboración con Malcolm Martineau? ¿Habíais trabajado juntos antes de preparar este recital? Trabajar con Malcolm ha sido una alegría. Es un músico extraordinario, uno de esos colaboradores que escuchan con una profundidad excepcional. Tiene una comprensión admirable de la voz, pero también de la poesía y del estilo, y eso hace que los ensayos se conviertan en una auténtica conversación musical (Ver crítica).
Has dado vida en escena a grandes personajes operísticos como Carmen, Rosina y Charlotte. ¿Qué elementos de la narración operística trasladas a un recital de lied y canción? Para mí, la narración no desaparece porque desaparezcan la orquesta y la escenografía. Si acaso, en un recital debes estar todavía más conectada con el texto, porque no hay dónde esconderse.
Abordo una canción casi como abordaría un personaje de ópera. ¿Quién es esta persona? ¿Qué ha sucedido antes de este momento? ¿Qué desea? ¿Qué está callando? Son preguntas que siempre me acompañan. Y creo que mi experiencia operística me ha enseñado a pensar de una manera muy teatral, incluso cuando estoy en el escenario de un recital.
Después de una carrera tan vinculada a los grandes teatros de ópera del mundo especialmente la Metropolitan Opera de Nueva York, ¿Qué sigue ofreciéndote el recital que no te ofrece la ópera escenificada? El recital brinda una libertad increíble. Puedes transitar por mundos completamente distintos en una sola velada, a veces en apenas unos minutos. Puedes colocar una canción española junto a una mélodie francesa, o algo profundamente íntimo junto a una pieza llena de humor, y llevar al público por un recorrido muy personal.
También hay una vulnerabilidad especial. Solo estáis tú, el pianista, las palabras y el público. Me encanta. Es casi como contar historias a una sala llena de personas, más que actuar ante ellas.
En julio debutarás en el Teatro Real de Madrid como Rosina en Il barbiere di Siviglia. ¿Cómo afrontas este nuevo hito y qué te ilusiona especialmente de regresar a España con uno de tus papeles rossinianos más emblemáticos? Además de Madrid, ¿puedes adelantarnos otros proyectos en España o en el resto de Europa para lo que queda de temporada? Debutar en el Teatro Real significa muchísimo para mí, y hacerlo como Rosina lo hace aún más especial. Es un personaje que adoro porque es inteligente, divertida, decidida y está llena de vida. Rossini le concede una libertad musical extraordinaria, y jugar con ella proporciona una enorme alegría.
Y, por supuesto, interpretarla en Madrid y regresar a España tiene un significado personal por mis raíces familiares. Hay algo maravilloso en poder traer esta música a un país tan vinculado a la historia de mi propia familia. – ÓA
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