ENTREVISTAS
Juan de Dios Mateos, tenor: "Que nadie es profeta en su tierra es una realidad compartida en muchos países"
Tras años desarrollando su carrera principalmente en teatros internacionales, el tenor almeriense Juan de Dios Mateos vive un momento decisivo de consolidación también en España. En mayo viene de interpretar a Tonio de La fille du régiment en el Cervantes de Málaga y en verano cantará L’italiana in Algeri en el Festival de Gattières e Il sogno di Scipione en el de Palermo, antes de arrancar la próxima temporada con diversos compromisos, regresando a personajes como Nemorino en Almería y el Conde Almaviva en Alemania.
El tenor Juan de Dios Mateos acaba de debutar Tonio de La fille du régiment en el Teatro Cervantes de Málaga, uno de los papeles más emblemáticos y exigentes del repertorio belcantista. En julio viajará al Festival de Gattières, en Francia, muy cerca de Niza, para interpretar L’italiana in Algeri y, en agosto, asumirá el rol protagonista de Il sogno di Scipione en el Festival Palermo Classica, una partitura mozartiana de enorme dificultad. Formado en el Ópera Estudio de París, el cantante almeriense vive un momento de crecimiento profesional combinando los grandes títulos del bel canto con una progresiva apertura hacia repertorios más líricos, incluyendo zarzuela.
Viene de interpretar a Tonio, uno de los grandes retos para tenor. ¿Qué considera lo más difícil del rol?
Sin duda, estar a la altura de las expectativas. Cuando uno canta roles tan icónicos como este, con un aria que todo el mundo espera como “Ah!, mes amis”, la dificultad se multiplica exponencialmente. No es lo mismo cantar el aria suelta que en la ópera y, a pesar de haberla cantado en muchos conciertos, concursos y audiciones, siempre hay una pequeña sombra de duda sobre cómo irá ese día. Hago mi trabajo porque me encanta, y no hay que olvidar que lo que hago cada día en el escenario es como un regalo hecho a mano para el público, y quiero que sea lo más perfecto posible.
¿Cómo afronta técnica y mentalmente esos nueve Do de pecho?
La gente se sorprendería de cuánto puede cambiar la voz y las sensaciones internas de un cantante de un día para otro. Un ataque a un sobreagudo podría decirse que es como un tiro a canasta: el porcentaje de éxito es mayor cuanto mejor es la técnica, pero nunca está asegurado del todo. Si lo multiplicamos por nueve, ya os imaginaréis lo que corre por el cuerpo… Por eso la ópera es tan emocionante y está tan viva. Los mejores cantantes de la historia también tienen grabaciones con fallos en directo, pero eso es precisamente lo que hace que una función tenga tanta emoción.
Más allá del reto vocal, ¿qué le interesa dramatúrgicamente del personaje?
Tonio, igual que otros grandes papeles donizettianos como Nemorino en L’elisir d’amore o Ernesto en Don Pasquale, reúne un equilibrio entre vis cómica y dramatismo, tanto escénico como vocal, que da muchísimo relieve al personaje. Quizá por eso lo disfruto tanto. Además, importa mucho con quién compartes escenario. Tuve el privilegio de debutar este Tonio con artistas como Rocío Pérez, Javier Franco y Marina Pardo, además del coro Intermezzo, compañeros que ayudan enormemente a la interpretación. Siento que nos emocionamos juntos y dimos vida a los personajes gracias a cómo reaccionamos unos con otros en escena. Trabajar así es un regalo.
© Teatro Cervantes / Carlos DÍAZ Juan de Dios Mateos y Rocío Pérez en 'Le fille du régiment'
En julio cantará L’italiana in Algeri y, en agosto, Il sogno di Scipione. ¿Cómo afronta estos compromisos?
L’italiana es ya una vieja conocida. Debuté con ella en el Teatro Municipal de Santiago de Chile y después la he cantado en la Ópera de Innsbruck y en la de Salerno. Es uno de los roles rossinianos más complicados porque el personaje se presenta directamente con el aria “Languir per una bella”, sin calentamiento previo, a pecho descubierto. Pero lo compensa siendo un rol muy divertido y muy bonito. Respecto a Il sogno di Scipione, es una ópera mozartiana bastante desconocida y con una escritura endiablada: mucha coloratura y muchos agudos. Se sale bastante de los Mozart que ya he cantado, como Don Giovanni o Così fan tutte, y me recuerda más a la escritura de Mitridate.
¿Qué papeles marcarán su próxima temporada? ¿Le interesa explorar repertorios más líricos o prefiere seguir profundizando en el bel canto?
En diciembre interpretaré mi querido Nemorino de L’elisir d’amore en la temporada lírica almeriense y volveré a Weimar para la reposición de Il barbiere di Siviglia que estamos haciendo esta temporada. Me gusta ver que los teatros que confían en mí me vuelven a invitar. Claro que me interesa seguir creciendo y explorando otras posibilidades, como ocurrió con La Traviata esta temporada, que fue una alegría personal porque confirmé que puedo afrontar esos roles con solvencia y salud vocal. También tengo muy presente el repertorio español. Estoy muy contento de haber cantado El gitano por amor tanto en Oviedo como de haber vuelto con él al Teatro de La Zarzuela. Pero tampoco quiero perder mi bel canto, que seguirá siendo mi fiel compañero de viaje.
Después de años actuando fundamentalmente en teatros internacionales, ¿cómo vive el hecho de empezar a cantar papeles importantes en los teatros españoles?
Con muchísima ilusión. Lo siento como la recompensa a muchos años de sacrificio. Lo de que nadie es profeta en su tierra es una realidad compartida en muchos países, así que empezar a salirse de ese refrán me da mucha alegría. Ojalá se cree un efecto bola de nieve y verme más por aquí haga que se abran aún más puertas. En el pasado, a pesar de haber cantado roles protagonistas en teatros importantes internacionales, aquí me ofrecían partichinos, comprimarios o, en el mejor de los casos, un segundo reparto. Poco a poco vamos saliendo de ahí, aunque todavía cuesta. Hay mucho talento en España, pero los primeros en valorarlo tienen que ser los programadores y, por suerte, muchos ya lo están haciendo.
Los reconocimientos en concursos, como el que consiguió en el Tenor Viñas de 2019, ¿son importantes para forjar la carrera de un joven cantante?
Sin duda. No solo los reconocimientos, sino cualquier paso por un concurso. Los premios no son la única recompensa: también es un momento ideal para ampliar la red de contactos. Es como hacer una audición simultánea para distintos sitios. La primera vez que me presenté al Concurso Viñas llegué a semifinales. No me lo tomé como una derrota, pero tampoco como una victoria. Lo que no esperaba es que allí el agente y gestor artístico Arnold Alons me escuchara y me ofreciera el debut en Chile que he mencionado antes. Más adelante, cuando sí fui finalista y recibí el premio Plácido Domingo, Joan Matabosch se acercó porque se acordaba de mí de la vez anterior y reconoció un salto de calidad en mi voz. Después me ofreció un cover en el Teatro Real y actualmente estamos en conversaciones buscando un rol en el que pueda encajar…– ÓA
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