ENTREVISTAS

Audrey Saint-Gil, directora: "La 'grand opéra' francesa supone un manifiesto por la tolerancia"

07 / 12 / 2022 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 5 min

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La directora francesa Audrey Saint Gil La directora francesa Audrey Saint Gil

La maestra francesa Audrey Saint-Gil será la encargada de dirigir Hamlet, de Ambroise Thomas, que ofrecerá este mes la Ópera de Oviedo. Esta polifacética directora de orquesta, pianista, docente y doctora en filosofía parece destacar en todo lo que se propone. Reconocida como una destacada acompañante de Lied de la actualidad (lo volverá a demostrar en el Festival de Pascua de Peralada junto a Freddie de Tommaso), paso a paso está construyendo una sólida carrera en el podio orquestal. Sus inquietudes no se limitan al aspecto estrictamente musical, como demuestra su doctorado en filosofía griega, sus diversas publicaciones sobre dicción francesa y su pasión por la velocidad y las motocicletas. 

Entre el 8 y el 17 de diciembre, la Ópera de Oviedo pone en escena en el Teatro Campoamor una nueva producción firmada por Susana Gómez de Hamlet, de Ambroise Thomas, ópera que se escuchará por primera vez en el Principado. David Menéndez, Sara Blanch y Simón Orfila son los protagonistas principales de una obra de exigencia máxima para sus intérpretes, tal y como comentan a ÓPERA ACTUAL en este reportaje. Especialmente para la directora Audrey Saint-Gil, quien asume el doble reto de su debut en el podio de un teatro español y con una obra de carácter monumental. «Se trata de una obra de gran formato» afirma Saint-Gil, «un ejemplo característico de la grand opéra francesa. Si tenemos eso en cuenta, no hace falta subrayar que los desafíos son numerosos. Creo poder decir sin equivocarme, sin embargo, que el éxito de una obra tan compleja como ésta reside esencialmente en la calidad de los cantantes, de la orquesta y, sobre todo, en la capacidad de cada uno de nosotros de sostener, tanto musical como emocionalmente, una tensión dramática constante ¡durante cinco actos!».

ÓPERA ACTUAL: ¿Qué aspectos orquestales, vocales y formales destacaría de esta ópera así como de su tratamiento dramatúrgico en relación con el original shakespeariano?

Audrey SAINT-GIL: Thomas fue un compositor ecléctico, capaz de adoptar una amplia paleta estilística. Pero, sobre todo, estaba particularmente dotado de gran imaginación para crear inesperados colores orquestales. Los efectos sonoros son llamativos en esta partitura, como cuando aparece el espectro, donde introduce un unísono de corno inglés y saxofón de gran efecto, o incluso por un uso incesante de Leitmotive que influyó en muchas tragedias posteriores. De manera casi inconsciente, el espectador siente la tensión dramática a través de colores o temas orquestales, una especie de presentimiento incluso antes de que se pronuncie una palabra en el escenario. Por supuesto, las demandas de la época obligaban a que la ópera debía estructurarse en cinco actos, pero también a terminar con un tono menos sombrío para alinearse con el gusto del espectador francés. De ahí que la versión de Thomas, con libreto de Michel Carré y Jules Barbier, tenga un final menos trágico que el original shakespeariano, con un Hamlet que se convierte en rey, aunque torturado, como demuestran sus palabras al final: “Mi alma está en la tumba, ¡ay! y yo soy rey”.

ÓA: Se está produciendo un momento de cierta renaissance del repertorio francés del siglo XIX, largamente olvidado y, como sucedió con la grand opéra, a menudo denostada. ¿Cuál es su opinión sobre el género y la recuperación de obras de autores como Meyerbeer, Halévy, Auber o el mismo Thomas ?

A. S.-G.: Supone la recuperación de la ópera como gran espectáculo, con sus grandes escenas de fiestas y sus balés. La forma es, por así decirlo, gigantesca. Pero lo más interesante en mi opinión, además del lado espectacular y grandioso, es la correlación existente entre los temas que tratan estas obras y los que realmente importaban en la época en la que fueron escritas. Tomemos, por ejemplo, Les Huguenotes o Le Prophète de Meyerbeer, o incluso La juive, de Halévy. Todas estas obras suponen un manifiesto por la tolerancia hacia la diferencia religiosa o de cualquier tipo y, paralelamente, conllevan un mensaje de que la emoción y la humanidad terminan por trascender estas diferencias. Por ejemplo, en La Muette de Portici de Auber la protagonista es muda y, por tanto, quien sostiene la obra es un papel silencioso, ¡lo cual me parece fascinante!

"Mi gran pesar es no tener tiempo, en una sola vida, de leerlo todo, de escucharlo todo, de vivirlo todo"

ÓA: Como especialista en dicción francesa, disciplina a la que ha dedicado diversas publicaciones y clases magistrales, ¿qué diferencias observa entre el tratamiento prosódico de estas obras con respecto al de Debussy en Pelléas et Mélisande?

A. S.-G.: Lully fue el inventor del estilo francés que posteriormente se exportaría a otros países, inspirándose sobre todo en los grandes actores franceses y en la estricta forma alejandrina, un tipo de métrica que crea una prosodia capaz de seguir perfectamente la palabra. Luego, progresivamente, se incorporará cierta flexibilidad para acomodar la línea melódica. En Pelléas et Mélisande, por ejemplo, no existe realmente una línea melódica, ya que se trata de una especie de historia ininterrumpida. Pero creo que no deberíamos oponer los dos géneros, sino compararlos teniendo en cuenta cuál era la principal preocupación del compositor: ¿es ante todo la primacía de la música o la del texto? A partir de ahí habría que observar el equilibrio establecido por el compositor entre una y otra.

ÓA: ¿De dónde procede su amor por la música y, especialmente, por la voz?

A. S.-G.: Procedo de una familia de artistas. Escultores, pintores, fotógrafos y músicos han formado parte de mi círculo familiar. La música y el gusto por el arte en general han sido parte muy importante de mi desarrollo artístico y personal desde temprana edad. En cuanto a mi gusto por la voz, fue un amor a primera vista. Surgió a los 8 o 9 años, cuando escuché por primera vez la voz de Maria Callas.

ÓA: ¿Qué influencia tiene su experiencia como pianista acompañante cuando dirige y hasta qué punto quiere mantener un equilibrio entre ambas actividades?

A. S.-G.: Personalmente, me siento una música mucho más completa y realizada si sigo explorando todos los horizontes musicales. No quiero limitarme simplemente a dirigir, simplemente a dar recitales o a enseñar.

ÓA: Tras las funciones de Hamlet en Oviedo, ¿cuándo vuelve a actuar en España?

A. S.-G.: Hay algunos proyectos maravillosos para dirigir de nuevo en España que se anunciarán en su momento. Lo que ya se ha hecho público es mi próximo recital aquí, que será en abril con el tenor Freddie De Tommaso en la Edición de Pascua del Festival Castell de Peralada.

ÓA: Es usted directora de orquesta, pianista, docente, doctora en filosofía e, incluso, motociclista. ¿Cómo consigue el tiempo y la energía para destacar en todas esas facetas?

A. S.-G.: ¡Digamos que vivo en la intensidad del momento! El aburrimiento es un concepto que me es totalmente desconocido. Mi gran pesar es no tener tiempo, en una sola vida, de leerlo todo, escucharlo todo, descubrir todo, en definitiva, ¡para vivirlo todo!– ÓA