Un ‘Siegfried’ con alma y músculo

Milán

23 / 06 / 2025 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

La nueva producción de 'Siegfried' de David McVicar © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
La nueva producción de 'Siegfried' de David McVicar © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
La nueva producción de 'Siegfried' de David McVicar © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Tetro alla Scala

Wagner: SIEGFRIED

Nueva producción

Klaus Florian Vogt, Michael Volle, Francesca Aspromonte, Ain Angel, Christa Mayer, Ólafur Alberich, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Camilla Nylund. Dirección musical: Alexander Soddy. Dirección de escena: David McVicar. 21 de junio de 2025.

En este ciclo de la Tetralogía wagneriana del Teatro alla Scala, Siegfried marcó un cambio en la última de las cinco funciones previstas, ya que la dirección musical pasó de la australiana Simone Young al maestro inglés Alexander Soddy, acogido por el numeroso público con un éxito triunfal. Desde el punto de vista musical, la obra estuvo interpretada por una orquesta en estado de gracia, claramente beneficiada por los ensayos de Young, a quien corresponde gran parte del mérito por la solidez sonora y la precisión instrumental alcanzadas. A esto se sumó la exuberante dirección de Soddy, quien se confirma como una de las batutas más interesantes entre los directores de la nueva generación. Su lectura, sin concesiones, pudo haber contenido algún exceso dinámico —especialmente en consideración a las voces en escena—, como por ejemplo en el caso del magnífico y muy aplaudido Wotan de Michael Volle, que mostró ligeras dificultades al comienzo del tercer acto, en la invocación a Erda. Sin embargo, el maestro logró que las más de tres horas y media de duración de la ópera volaran, manteniendo alta la tensión narrativa y, sobre todo, creando el clima ideal en la última escena para un memorable dúo de amor entre el protagonista y la recién despertada valquiria.

El espectáculo de David McVicar, con escenografía también firmada por Hannah Postlethwaite, vestuario de Emma Kingsbury, iluminación de David Finn, vídeo de Katy Tucker, coreografía de Gareth Mole y movimientos marciales y circenses de David Greeves, sigue la estela de una tradición sustancial y de una fidelidad casi didascálica a la dramaturgia original —lo cual, hoy en día, es un mérito considerable— y mejora con respecto a las jornadas anteriores, sobre todo en los dos primeros actos: la forja de Mime y luego el bosque con la “cueva del odio” en la que yace Fafner, representada con árboles esqueléticos antropomórficos.

"Klaus Florian Vogt, como es habitual, interpretó la larguísima parte con perfecta musicalidad y notable resistencia vocal"

Se resuelven con soluciones inteligentes tanto el Pajarito del bosque —una especie de joven punk con cresta, interpretado por la fresquísima y brillante Francesca Aspromonte, única italiana en el reparto— como el dragón, movido por maquinistas y representado luego moribundo en su versión de gigante, interpretado por el excelente bajo estonio Ain Anger.

Cabe destacar la intensa Erda de la mezzosoprano Christa Mayer, en el dúo con Wotan al comienzo del tercer acto. También fue sorprendente la nueva personificación de Alberich, encarnado nuevamente con gran eficacia por el barítono islandés Ólafur Sigurðarson, que pareció un Amonasro salido de Aida, arrastrando un carro lleno de coronas y un bidón (presumiblemente con contenido alcohólico). Mención especial merece la hilarante caracterización de Mime, no menos sensacional por su interpretación vocal y dramática, a cargo del tenor austríaco Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, con peluca roja y abrigo de piel de leopardo, a modo de malvada drag queen que incluso encuentra la ocasión para burlarse de su odiado hermano con una sonora pedorreta.

No hay rastro de vocalidad heroica en la soprano lírica Camilla Nylund, pero eso se puede aceptar en Siegfried, donde Brünnhilde despierta finalmente en la dimensión humana de mujer redimida por el amor. Su voz, en un canto más introspectivo y meditado, sale ganando en expresividad.

Lo mismo ocurre con el protagonista, Klaus Florian Vogt, que fue anunciado indispuesto antes de comenzar la representación y, sin embargo, cantó muy bien: como es habitual, interpretó la larguísima parte con perfecta musicalidad y notable resistencia vocal. El fatídico grito de “Notung!”, que en su Sigmund podía resultar algo anémico, fue aquí menos heroico de lo esperado, pero no por ello menos eficaz. La vitalidad inocente y descarada del muchacho inconsciente resulta así creíble tanto escénica como vocalmente.

Es comprensible, por tanto, el entusiasmo con el que fue recibido, junto con toda la compañía.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milań de ÓPERA ACTUAL

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