CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Superlativa lectura musical de la nueva 'Walküre'
Milán
Teatro alla Scala
Wagner: DIE WALKÜRE
Nueva producción
Camilla Nylund, Elza Van Den Heever, Okka Von Der Damerau, Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Günther Groissböck, Caroline Wenborne, Olga Bezsmertna, Stephanie Houtzeel, Freya Apffelstaedt, Kathleen O’Mara, Eglé Wyss, Eva Vogel. Dirección musical: Alexander Soddy. Dirección de escena: David McVicar. 24 de febrero de 2025.
Se despidió con una última función esta Valquiria, el segundo título de la Tetralogía wagneriana que se presenta en la nueva producción de David McVicar para el Teatro alla Scala. Seguirá Siegfried esta misma temporada, mientras está previsto El ocaso para 2026, cuando se representará, en dos oleadas, el ciclo integral y con dos directores musicales diferentes.
Estas seis funciones, que empezaron a rodar el pasado 5 de febrero bajo la batuta de Simone Yung, pasaron después a ser dirigidas por el joven Alexander Soddy, director británico entre los más cotizados de su generación, resultando su lectura lo más interesante de la velada. Como es habitual bajo batutas que se imponen por personalidad y fantasía, la Orquesta de La Scala resultó sencillamente superlativa, con una afinación perfecta en los metales y una homogeneidad maravillosa en el sonido. Soddy optó por una lectura romántica y apasionada de las páginas entre Siegmund y Sieglinde, con su revés igualmente apreciable en la brutalidad de Hagen y en la vehemencia de Frika, dejando para el sublime final un enternecedor dúo entre Brünnhilde y Wotan abordado con una dulzura extrema en su adiós a la hija renegada, logrando igualmente brillo y lucimiento en las páginas de batalla, en la cabalgata de las Valquirias, en el atropellado preludio y hasta el hechizo final del fuego. Obtuvo un merecidísimo triunfo personal al salir al escenario al término de la función.
Las notas alegres y positivas de la velada se limitan en gran parte al trabajo del maestro, ya que en el reparto dominaron los previsibles altos y bajos: la Brünnhilde de la soprano Camilla Nylund, aparte de un Do agudo blanquecino, no tiene ni mucho menos el carácter y el empuje que la parte heroica requiere; se defiende con una buena expresividad, pero su voz carece de la fuerza necesaria en toda la gama. Por contraste, pareció mucho más valquiria la soprano Elza Van Den Heever, Sieglinde de temperamento audaz, fraseo tajante y voz muy bien emitida. Muy bien, si bien el rol es relativamente corto, la Frika de la mezzosoprano Okka Von Der Damerau, y perfectas por musicalidad y caracterización vocal las hermanas guerreras: Caroline Wenborne, Gerhilde, Olga Bezsmertna, Ortlinde, Stephanie Houtzeel, Waltraute, Freya Apffelstaedt, Schwertleite, Kathleen O’Mara, Siegrune, Eglé Wyss, Grimgerde y Eva Vogel, Rossweisse.
El Hunding de Günther Groissböck, que se incorporó a la función con retraso, hizo que la velada empezara una hora más tarde, lo que obligó a buena parte del público a marcharse sin escuchar el tercer acto para no perder el tren: francamente, no valió la pena la espera. En cambio, gustó mucho el Wotan del bajo-barítono Michael Volle, cuya autoridad, buen fraseo y su gran interpretación compensaron ad abundantiam el inevitable desgaste vocal a causa de la edad, por lo que llega con cierto cansancio al final del tercer acto: sin embargo, su manera de decir el adiós a Brünnhilde fue emocionante.
Klaus Florian Vogt se ha (y lo han) impuesto como interprete wagneriano de referencia; no obstante, el auténtico Helden es otra cosa, no se puede resolver todo únicamente con suspiros y lágrimas: es verdad que el canto wagneriano es también amor y línea lírica, pero llegados al “Nutung! Notung!”, y sin evocar fantasmas del pasado, hace falta poderío y potencia. Ello no quita que al público, una vez más, su interpretación le haya gustado, y mucho, si se tienen en cuenta las ovaciones.
Poco hay que añadir sobre la producción de David McVicar, que nació con mala estrella en el Rheingold y sigue de mal en peor, con una puesta en escena oscura, sin colores ni siquiera en el vestuario, siempre en tonos negros y grises y con una personalización de los caballos (otros tantos bailarines/mimos) y de los gibichungos que raya en lo grotesco. Hablar de regia, más allá del trato machista de violencia de género que recibe en su casa Sieglinde, no viene al caso. * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL
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