Barrie Kosky y el fin del mundo en 'Die Walküre'

Londres

19 / 05 / 2025 - Klaus BILLAND - Tiempo de lectura: 3 min

londres wagner La nueva producción de 'Die Walküre' de Barrie Kosky © ROH / Monika RITTERSHAUS
londres wagner La nueva producción de 'Die Walküre' de Barrie Kosky © ROH / Monika RITTERSHAUS
londres wagner La nueva producción de 'Die Walküre' de Barrie Kosky © ROH / Monika RITTERSHAUS

Royal Opera House

Wagner: DIE WALKÜRE

Nueva producción

Elisabet Strid, Christopher Maltmann, Natalya Romaniv, Stanislas de Barbeyrac, Marina Prudenskaya, Soloman Howard y otros. Orquesta de la Royal Opera House. Dirección musical: Antonio Pappano, Dirección de escena: Barrie Kosky, 14 de mayo de 2025.

Tras Das Rheingold estrenado en 2024, montaje que fue considerado impresionante por muchos, el nuevo Anillo del nibelungo en la Royal Opera de Londres dirigido por Barrie Kosky en la puesta en escena y con escenografía de Rufus Didwiszus, continuó su camino con Die Walküre en medio de grandes expectativas. Por grandioso que fuera, el resultado fue algo decepcionante para los interesados en esta monumental obra. Más todavía si se tiene en cuenta que Kosky suele ofrecer propuestas emocionantes y originales dentro de un Regietheater que normalmente maneja con solvencia.

En esta ocasión el regista abordó el tema pensando en un planeta Tierra gravemente dañado por la acción humana, retomando una idea ya explorada por Robert Carsen en sus producciones de Colonia, Shanghái, Barcelona y Madrid desde 2006. Al situar al fresno del mundo (Yggdrasil) en el centro de la acción, evocó inevitablemente la recordada puesta en escena de Harry Kupfer estrenada en Berlín hace casi 25 años. La aparición de una mujer anciana completamente desnuda como Erda (interpretada por Illona Linthwaite) pretendía ser un gesto de autenticidad, aunque resultó poco convincente, sobre todo por tratarse de una cita directa del propio autor. Ya en su producción del Anillo en Hannover y Essen en 2009, Kosky había mostrado a Erda como una madre desnuda —imagen arquetípica del ser y el devenir en El oro del Rin, y una figura de advertencia al final de El ocaso de los dioses. Sin embargo, en Londres, la anciana permanece en escena casi constantemente, girando sobre una plataforma, incluso durante el preludio y la escena final con la magia del fuego, o asomando desde el tronco podrido del fresno para observar la acción.

La idea de representar metafóricamente el fin del mundo ecológico mediante este personaje que encarne a Erda o incluso a la Pachamama podría tener fuerza simbólica, pero su presencia constante ediluye su impacto y termina conduciendo la propuesta a un callejón sin salida. Aun así, debe reconocerse el logro escenográfico de Didwiszus en la impresionante representación al final del incendio del fresno. También fue un acierto el toque teatral del viejo Bentley en el que entra Fricka, conducida por Erda, para entregarle a Wotan su lanza —también carbonizada—, en una escena tan curiosa como encantadora.

"Elisabeth Strid debutó en Londres como Brünnhilde, retratando a una hija joven, casi adolescente, de Wotan: su interpretación vocal, multifacética y musicalmente impecable, fue también escénicamente auténtica"

Ahora, lo que la imaginación siempre fértil de Barrie Kosky logró con los cantantes-actores fue, una vez más, intenso y creativo. Basta pensar en la escena de lucha del segundo acto, pocas veces vista con tanta maestría y brutalidad: su dirección actoral, sumamente refinada, se combinó con la iluminación sobria de Alessandro Carletti y el vestuario contemporáneo de Victoria Behr, generando momentos de gran carga emocional.

Los intérpretes jugaron un papel crucial y se optó por voces algo más ligeras para los papeles principales, que armonizaron muy bien entre sí. Elisabeth Strid debutó en Londres como Brünnhilde, retratando a una hija joven, casi adolescente, de Wotan: su interpretación vocal, multifacética y musicalmente impecable, fue también muy creíble en lo escénico. Christopher Maltmann encarnó un Wotan muy adecuado, con gran presencia, expresividad emocional y una sólida técnica vocal. Natalya Romaniw interpretó a una Sieglinde juvenil y bien resuelta vocalmente, mientras que Stanislas de Barbeyrac fue un Siegmund de acento lírico, muy acertado. Marina Prudenskaya, por su parte, aportó solidez como Fricka y Soloman Howard, aunque todavía algo falto de redondez, dio vida a un Hunding joven y de voz potente. El octeto de las valquirias cantó y actuó con gran entrega.

Con la orquesta de la Royal Opera en un momento excepcional, y bajo la batuta del wagneriano consumado Antonio Pappano, la música tuvo un estilo intenso y perfectamente ligado a lo que ocurría en escena. Los tempi fueron rápidos y los acentos dramáticos claros; en los pasajes más delicados, Pappano condujo con sensibilidad. Él, la orquesta y el reparto recibieron una ovación entusiasta en un teatro completamente lleno.  * Klaus Billand, colaborador de ÓPERA ACTUAL

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