Si algún intendente ha logrado establecerse con estilo propio en el rico microcosmos operístico de Berlín, ese es el australiano Barrie Kosky. Ha convertido la Komische Oper en su templo y ha transformado en fieles al público que acude a sus representaciones. Se permita las licencias que se permita, sus puestas en escena terminan en ovación. La Bohème, de Puccini ha sido su último trabajo y, como no podía ser de otra manera, fue muy aplaudido. En realidad, costaría abuchear una ópera como esta, con una partitura que encadena melodía y arias bellísimas, con una narración sentimental y una eficacia dramática tan refinadas. Para lograrlo, regista, orquesta y solistas tendrían que emplearse a fondo.