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Sara Blanch, soprano: "Mezclo técnica con sentimiento"
Vuelve a ser protagonista del verano, porque a la soprano Sara Blanch le esperan interesantes compromisos en distintos festivales europeos. Con una voz de técnica sólida, expresividad a raudales y musicalidad excelsa, Blanch es ya una figura consolidada en el circuito operístico internacional. Con Musetta de La Bohème en el Festival Puccini de Viareggio, Aspasia de Mitridate en Salzburgo y con debuts inminentes en la Royal Opera and Ballet de Londres y en la Ópera Nacional de París, la cantante, Premio ÓPERA ACTUAL 2016, tiene mucho que decir respecto de su actual momento en la primera línea del canto lírico.
Me gusta trabajar en nuevas producciones: es un proyecto que se construye a partir de tu trabajo, no hay ideas preconcebidas. Exige una mayor involucración de tiempo y eso te permite construir desde cero y hacer real algo que surge de la imaginación. Yo me enamoro de cada ópera o partitura que canto, y no podría escoger una en concreto si tuviera que elegir mi favorita. Este verano interpreto varios roles distintos, como Musetta en el Festival Puccini de Torre del Lago (Ver crítica), vuelvo a Salzburgo con la Aspasia de Mitridate y también canto un recital en la Schubertíada de Vilabertran (Girona).
La temporada próxima debuto en Londres y París [Oscar de Un ballo in maschera en la Opera National de Paris (enero de 2026), Mélisande de Pélleas et Mélisande en el Teatro alla Scala de Milán (abril 2026), Susanna de Le nozze di Figaro en el Liceu de Barcelona (junio 2026) y Marie de La Fille du Régiment en la Royal Ballet and Opera de Londres (julio 2026)]. Llegar a un teatro nuevo es siempre un acto de exploración: no conoces a las personas, ni el funcionamiento, cómo te van a recibir… Es un proceso que se vive día a día. También entran en juego expectativas e inquietudes que hacen que cada teatro sea una oportunidad para aprender y disfrutar. Al final ves que el trabajo operístico es similar, y entrar en cualquier escenario termina convirtiéndose en estar como en casa. Y cuando vuelves, siempre es un regalo, te reencuentras con amigos y puedes aportar lo que has aprendido.
Trabajar con nuevos directores y directoras es construir nuevas relaciones. Al hacerlo nace la posibilidad de que te permitan alcanzar tu máximo potencial. Esto se mueve en dos direcciones: no es solo lo que te puedan enseñar y lo que puedas aportar, sino también lo que descubres durante el proceso. Las emociones forman una parte fundamental en el proceso, porque cantar es algo que viene del alma, con lo que trabajar con personas que te estimulan siempre añade nuevas capas de profundidad a tu interpretación.
Busco que la música sea siempre auténtica, que llegue al público mediante la emoción. Estando en un escenario se tiene que equilibrar canto y expresión, pero también hay funciones en las que emocionalmente estás mucho más vulnerable. A veces los sentimientos pueden afectar a la técnica, el sonido podría resentirse y por eso intento trabajar ambos aspectos al mismo tiempo y que técnica y sentimiento se mezclen para obtener el mejor resultado musical. He aprendido que esto se va desarrollando con los años y tengo claro que las experiencias personales contribuyen a enriquecer el arte del canto.
Cada lengua con la que trabajas tiene su propia personalidad, su manera de expresarse y de sonar. Estudié fonética en mis años de conservatorio y en mi carrera he ido profundizando en ello. Como con la música, ¡es un aprendizaje que no termina nunca! Cada vez que cantas en un idioma que no es el tuyo es algo único. Y más que aspirar a la perfección, es importante romper la barrera y lanzarse al ruedo: es lo que te permite acercarte a la lengua y mejorar. Al dominarla, obviamente entenderás mejor la música, los colores, el fraseo… El lenguaje es una parte imprescindible del canto operístico.
El italiano es ya una lengua mía cotidiana y quiero aprender bien alemán porque el mundo operístico exige desplazarse, a tener siempre la maleta preparada, y la lengua te ayuda en este no parar. Cada país, cada teatro, tiene unos horarios distintos, lo que dificulta no solo planificar el aprendizaje de una lengua, sino también tus clases de pilates, el gimnasio… A veces sabes solo con un día de antelación si puedes disponer de un par de horas libres, pero así es esta vida itinerante.– ÓA
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