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Rafael Quirant, el primer ‘sopranista’ en cantar Cherubino en España: "Mi propuesta puede aportar una dimensión diferente"
Rafael Quirant afronta una temporada de importantes debuts que tendrá en Cherubino de Las bodas de Fígaro uno de sus momentos más singulares. El próximo 11, 13, 15 y 17 de octubre, en el Auditorio de Tenerife, se convertirá en el primer sopranista que interpretará en España el célebre personaje mozartiano concebido para ser interpretado en travesti por una soprano (o mezzosoprano), un reto que el cantante valenciano aborda desde su propia experiencia y desde una concepción del personaje que busca explorar su dimensión adolescente, sexual y escénica. Quirant, que en febrero debutará como Ruggiero en Orlando furioso de Vivaldi en Palma y también se presentará en ABAO Bilbao Opera, reivindica las posibilidades de las voces masculinas agudas y defiende la apertura del repertorio a nuevas perspectivas.
La temporada 2026-27 se presenta como un momento especialmente significativo en la trayectoria del cantante valenciano Rafael Quirant, marcada por varios debuts que amplían su repertorio operísticos y consolidan su presencia en los escenarios españoles. El primero llegará del 11 al 17 de octubre en el Auditorio de Tenerife, donde se pondrá en la piel de Cherubino en Le nozze di Figaro de Mozart, en la producción de Marta Pazos. Será, además, la primera ocasión en España en que un sopranista interprete este célebre personaje, un paso que el propio cantante afronta como «un gran debut personal» y, al mismo tiempo, como «un reto en el que me siento tremendamente acompañado». Su temporada continuará en febrero en el Teatre Principal de Palma con Ruggiero de Orlando furioso de Vivaldi y se completará con su debut en ABAO Bilbao Opera como el Músico de Manon Lescaut de Puccini.
Cherubino es uno de los papeles más conocidos del repertorio asociado a una tradición vocal y escénica: un rol en travesti interpretado comúnmente por una mezzosoprano, aunque Mozart lo concibió para soprano. ¿Cómo has planteado tu aproximación al personaje desde la perspectiva de un sopranista? La he planteado como Rafa Quirant. Soy una persona muy alegre, ingenua e inocente en mi vida real, y he llevado al plano escénico cómo actuaría Rafa cuando tenía quince años en algunas cosas y cómo actúa Rafa en la actualidad en otras. Es cierto que este papel se asocia tradicionalmente a las mezzosopranos y también a algunas sopranos. Cabe recordar que esta misma producción, estrenada en el Gran Teatre del Liceu en junio, contó con dos sopranos, Julia Lezhneva y Mercedes Gancedo, que encarnaron a Cherubino de una manera intachable. Mi perspectiva es diferente porque muchas de las emociones que siente Cherubino en la ópera yo las he experimentado también como hombre. Con todo mi respeto hacia todas las grandes intérpretes que han hecho este rol, creo que mi propuesta puede aportar una dimensión diferente desde el punto de vista escénico: el público va a encontrarse con un hombre de un metro ochenta interpretando a un adolescente que está descubriendo su propia sexualidad y sus emociones. Creo que esa particularidad puede resultar muy interesante y aportar una perspectiva distinta al personaje.
Será la primera vez que un sopranista interprete a Cherubino en España. ¿Eres consciente de la singularidad de este debut? ¿Te genera una responsabilidad especial? ¡Claro que soy consciente! Y es más, me ha llegado a atormentar en algún momento esa singularidad y esa responsabilidad. Pero al final uno tiene que confiar en su trabajo y dejar que la música, tan maravillosamente escrita, y los demás factores que la enriquecen hagan el resto. Es un debut singular que hace unos años creía que no llegaría nunca. Soy muy consciente de lo que representa y lo abordo con tremendo respeto, pero también con mucha ilusión. La responsabilidad es siempre grande cuando cualquiera de nosotros se sube a un escenario, y aquí no iba a ser menos.
¿Qué posibilidades crees que ofrece la voz masculina de soprano para explorar aspectos de Cherubino que quizá quedan menos presentes en otras aproximaciones al personaje? Yo creo que aquí no debemos fijarnos tanto en lo vocal como en lo que se puede ofrecer a nivel escénico. Yo espero hacer un Cherubino sólido y, sobre todo, aportar mi propia visión. Lo interesante es precisamente todo lo que podemos conseguir desde el punto de vista visual y teatral. No obstante, espero poder dejar mi pequeño sello en la interpretación, ya sea con la línea de canto, con algún ornamento o con alguna sorpresa. A fin de cuentas, soy un cantante que, por tesitura, canta mucho repertorio barroco y he querido dejar también algo de eso patente en mi interpretación. Sería pretencioso decir que mi voz va a emocionar más, gustar más o aportar algo necesariamente superior a lo que han conseguido las sopranos o mezzosopranos que han interpretado este papel antes que yo. Hay ejemplos de Cherubino interpretados por mujeres que son magistrales; me vienen a la cabeza bastantes nombres.
El personaje es un adolescente permanentemente desbordado por sus emociones, el deseo y el descubrimiento del amor. ¿Cómo estás trabajando esa dimensión juvenil del personaje en esta producción tan divertida de Marta Pazos?Pues, sin querer, me doy cuenta de que ya he respondido a esta pregunta en parte. Has tildado esta producción de divertida y efectivamente lo es. Mi personaje tiene ese punto divertido y, a la vez, también un punto muy pícaro y algo sexual, siempre dentro de un orden, claro está. Como comentaba antes, he sentido este papel como una especie de regreso a mi yo adolescente, a ese momento en el que uno todavía no sabe muy bien qué le está ocurriendo en el cuerpo cuando llega todo ese cambio hormonal. También quiero decir que, con mi edad actual, mi altura y mi complexión, o me tiraba a la piscina y me divertía en escena, o el público difícilmente iba a creerse el personaje. Por tanto, ha sido un trabajo de introspección, pero también de encontrar ese equilibrio entre lo correcto y lo divertido para que el mensaje llegara bien al público.
© Gran Teatre del Liceu / David RUANO La nueva producción de 'Le nozze di Figaro' de Marta Pazos, estrenada en el Gran Teatre del Liceu
Después llegará Ruggiero en Orlando furioso de Vivaldi en Palma. ¿Cómo cambia tu manera de trabajar cuando pasas del universo mozartiano al barroco? Son universos distintos, aunque no antagónicos. Ruggiero es un rol más serio, pero a nivel musical se debe abordar todo con un gran respeto por lo que está escrito, por lo que uno siente cuando lo canta —por ejemplo, procurando que nunca te haga daño vocalmente— y también por lo que te pide el director de escena. Son músicas de periodos distintos y, en el caso de Ruggiero, hay que abordar arias da capo, en las que adornamos y ponemos toda la pirotecnia vocal. En Mozart esto no ocurre de la misma manera: encontramos una línea más limpia de fraseo, donde priman la precisión estilística y las dinámicas. En definitiva, y, para resumir, diría que Ruggiero es un rol donde se pone a prueba la virtuosidad barroca, mientras que Cherubino pone más a prueba la combinación del fraseo tan reconocible de Mozart con la actuación.
¿Existe algún repertorio que consideres especialmente adecuado para la voz de sopranista y que te gustaría explorar? Pues claro… Siempre quise hacer roles como Cherubino para abrir un poco la posibilidad de abordar repertorio que tradicionalmente se asocia a mezzosopranos o sopranos. Hay papeles de Händel, Mozart o Rossini que podría hacer perfectamente y, si se me permite, iría más allá nombrando incluso a Donizetti o Bellini. ¡O incluso alguna incursión en la zarzuela, que me encantaría! ¿Se imaginan un Romeo de Bellini interpretado por un sopranista? ¿O un Smeton de Donizetti? Hay tantos personajes que me gustaría explorar… Pero entiendo que no depende únicamente de mí, sino también de las convenciones del repertorio y de lo que requieran los directores musicales y de escena.
¿Cómo percibes el espacio que tienen los sopranistas en el mundo de la ópera? Creo que cada vez es mayor. Se nos va teniendo más en cuenta, aunque también considero importante que exista claridad a la hora de definir las diferentes voces y sus características, porque actualmente hay un interés creciente por este tipo de tesituras. En mi caso, mi voz y sus características me permiten abordar determinados papeles y trabajar con orquestas de gran formato con naturalidad, y eso es algo que agradezco y que intento poner al servicio de cada personaje. Los teatros quizá todavía muestran cierta cautela ante propuestas que se salen de lo que se ha venido haciendo tradicionalmente, y lo entiendo porque es algo diferente. Pero, al mismo tiempo, todo cambia y creo que esto también irá evolucionando. Hay directores de escena que son genios y directores musicales que están dispuestos a darnos esta oportunidad. Ahora mismo lo estamos viendo aquí en Tenerife, donde el Auditorio ha dado un paso muy importante confiando en mí, y del mismo modo lo han hecho el director musical Pablo González y la directora de escena Marta Pazos y Silvia Aurea. Desde aquí les expreso mi más sincero agradecimiento. Que esto suceda en España sigue siendo algo poco habitual. En todo caso no estaría hablando de todo esto sin tener en cuenta a figuras como Franco Fagioli, Carlo Vistoli o Xavier Sabata, que, con voces muy diferentes entre sí, cada una con su propio color y personalidad, han contribuido a ampliar las posibilidades de las voces masculinas agudas y a abrir camino en repertorios que durante mucho tiempo estuvieron asociados a otras voces. Han sido referentes en muchas cosas y yo, al igual que muchos compañeros, creo que tenemos mucho que aprender de ellos. Y también tengo muy claro que quiero defender una manera de entender este oficio en la que la voz, la música y la capacidad de expresar estén siempre en el centro. Los elementos escénicos pueden enriquecer muchísimo una propuesta, pero para mí nunca deberían sustituir aquello que es esencial: la música y la capacidad del artista para comunicar a través de ella.– ÓA
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