ENTREVISTAS

Bogdan Volkov, tenor: “El escenario es el lugar de mi supervivencia mental"

24 / 04 / 2025 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

cuento zar saltán El tenor Bogdan Volkov © Festival de Salzburgo / Monika RITTERSHAUS
Zar Saltan El tenor Bodgan Volkov en 'El cuento del zar Saltan' en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Zar Saltan El tenor Bodgan Volkov (Príncipe Guidón) y la soprano Svetlana Aksenova (Zarina Militrisa) en 'El cuento del zar Saltan' en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

El Teatro Real vuelve a mirar al repertorio ruso con el estreno de El cuento del zar Saltán, de Rimsky-Kórsakov, y lo hace con una audaz puesta en escena de Dmitri Tcherniakov, con uno de los mejores tenores líricos del momento, Bogdan Volkov como el Príncipe Gvidon, tras deslumbrar al público madrileño con su reciente Lensky de Evgeni Onegin. Capaz de poner en pie a la audiencia del Festival de Salzburgo –donde dio vida al príncipe Myshkin en El Idiota, de Weinberg–, el cantante, ucraniano de nacimiento, residente durante años en Rusia y enamorado confeso de Madrid, ya posee una agenda de vértigo en los mejores escenarios del mundo.

El tenor Bogdan Volkov destaca la obra de El cuento del zar Saltán y esta producción de Dmitri Tcherniakov que se estrena en el Teatro Real como “una de las mejores cosas” que le han pasado en la vida. “Pocas óperas que haya cantado se han convertido en icónicas, y esta es una de ellas. La producción es un hallazgo y describe perfectamente ese mundo onírico, un universo dentro de otro, dos realidades que no son, sino una”, señala. El tenor ha trabajado en varias producciones con Christof Loy –director escénico del Evgeni Onegin que ha cantado en el Real– y con Dmitri Tcherniakov, les conoce bien y se siente a gusto con sus mimbres. En lo personal, si tiene que decantarse por algún personaje que guste especialmente de interpretar nombra a cuatro: “Lensky, el príncipe Gvidon, Ferrando del Così fan tutte mozartiano y el príncipe Myshkin de El idiota de Weinberg. Son los cuatro personajes más importantes de mi carrera, muy diferentes entre sí, aunque he sido capaz de hallar un vínculo que los una. Myshkin y Lensky son un par de idealistas, ingenuos, sinceros y mueren por sus ideales. ‘La belleza salvará el mundo’, declama Myshkin, una frase que aprecio especialmente. El príncipe vive en su mundo, alejado de todo, y Ferrando es muy poético, como Lensky, aunque no tan trágico. ¿Qué les une, entonces? Que todos ven el mundo desde la belleza, desde el amor, desde los grandes ideales y no pueden conformarse con que la maldad triunfe. Entienden el sufrimiento como un medio para ayudar a los demás, nunca para destruir”, asegura el cantante.

¿Y cree que la belleza salvará este mundo que se desangra?

La frase, ya le digo, está tomada de El idiota, ópera basada en una obra de Dostoievski. El protagonista vive por y para esos principios, aunque su final sea tremendo. Weinberg fue un compositor que se pasó casi toda su vida huyendo de la muerte, viviendo situaciones extremas; fue un músico sepultado por Stalin, y oír esa frase de quien padeció hasta el extremo cobra un sentido especial. El idiota fue su última obra y nos deja en ella dos ideas clave, el amor y la compasión, dos valores que vienen de un hombre que sufrió sin límites, lo que me hace pensar y creer que sí, que la belleza nos puede salvar.

Tras tres años de guerra entre su Ucrania natal y su Rusia de acogida, ¿puede subir al escenario y dejar la pesadilla en el camerino, se llega uno acostumbrar?

Mi vida se divide en distintos compartimentos y todos ellos son fundamentales para mí. Nací en el este de Ucrania, me mudé después a la capital para estudiar y, una vez que acabé mi formación, me marché a vivir a Moscú, donde trabajé en el Bolshoi. He vivido entre Ucrania y Rusia, donde residen ahora mis padres, y yo me considero ciudadano de Europa porque viajo mucho, y de cada lugar en el que estoy voy recogiendo lo que allí se respira. Estoy muy conectado con la situación que se vive en mi país, pero cuando me subo a un escenario dejo de existir, desaparezco, me fundo con el personaje. Lo que hago es seguir, en este sentido, las enseñanzas de Stanislavski: poner una barrera y pensar que lo que existe es el teatro, nada más.

¿Y qué significa el escenario para Bogdan Volkov?

Es el lugar de mi supervivencia, casi diría que de mi supervivencia mental, y afirmaría que mi vida sobre las tablas es bastante más interesante que mi día a día, donde expongo menos mis emociones, me muestro más cauto a la hora de enseñarlas y es sobre el escenario de un teatro donde las transmito al público. En el teatro es donde me descubro y soy capaz de mostrar lo que a diario no enseño. Los artistas somos personas sensibles y estoy afectado por el horror de la guerra, pero no olvido que el público viene a vernos, precisamente, para evadirse de lo que le rodea, para disfrutar y desconectar, y cuando yo represento este papel utilizo el arte como una llamada a la compasión, al amor.

De hecho, aquí en Madrid, tanto en la producción de Onegin como en El cuento del zar Saltán está rodeado de viejos amigos con los que ha coincidido en unos cuantos teatros.

Sí, compañeros que conozco desde antes de la guerra, gente entrañable, muy querida. Unos son rusos y otros, ucranianos. Y seguimos siendo amigos, nos respetamos. Nos conocemos desde hace más de diez años y hemos vivido mucho juntos. Coincidir en Madrid con ellos es un acicate más.

Cómo ha sido su estancia en Madrid.

La ciudad me ha dejado fascinado por el brillo que luce el sol. Es el mejor lugar de Europa para pasar el invierno, no tengo dudas. Cuando los ensayos me lo permiten me gusta callejear, me encanta que las aceras sean tan amplias. Ya me lo decían mis amigos, y tenían toda la razón: te vas a enamorar de Madrid. El primer día que llegué, Christof Loy me llevó al Teatro de La Zarzuela y vimos La del manojo de rosas; esta fue mi primera experiencia teatral en España. ¿Se puede empezar mejor? Maravillosa obra [tararea unos compases], y me enamoré del teatro y de Madrid desde ese momento.

¿Se animaría si le propusieran cantar una zarzuela?

Por qué no. Participé en 2016 en el concurso Operalia, aunque no canté zarzuela, pero sí me permitió conocer el género. Muchos de los tenores que me inspiran la cantan. Y si me pregunta por un título le diría, por cercanía, que me atrae mucho Katiuska, me gustaría poder cantarla.

Mozart, Chaikovsky, Weinberg o Rimsky. ¿Le interesan otros géneros?

Sí, la música de cámara, poder ofrecer recitales, que considero muy importantes para mí, lo mismo que los grandes autores italianos de ópera.– ÓA

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