Yoncheva reina en el Auditorio Príncipe Felipe

Oviedo

28 / 10 / 2024 - Jonathan MALLADA - Tiempo de lectura: 3 min

purcell oviedo Sonya Yoncheva como Dido en Oviedo © Impacta

Auditorio Príncipe Felipe

Purcell: DIDO & AENEAS

En versión de concierto

Sonya Yoncheva, Ana Vieira Leite, Halidou Nombre, Attila Varga-Tóth, Pauline Gaillard, Yara Kasti, Arnaud Gluck, Lili Aymonino. Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles. Dirección: Stefan Plewniak. 26 de octubre de 2024.

El ciclo Conciertos del Auditorio –organizado por la Fundación Municipal de Cultura– abrió su vigesimosexta temporada el sábado pasado con la ópera Dido y Eneas que ha venido presentando, durante los últimos meses, el Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles en diversos escenarios internacionales. Ciertamente, nada mejor para inaugurar una campaña musical en Oviedo –ciudad que abandera la lírica como pocas en el país– con una propuesta de esta índole en la cual la mediática soprano Sonya Yoncheva acaparó todos los focos. La búlgara fue una Dido más que correcta: su carnoso timbre y su poderoso registro central le permitieron encarar con muchas garantías el papel, luciéndose en el célebre lamento “When I’m laid in earth”, repleto de expresividad gracias a unos agudos afilados en unos pianísimos inverosímiles y a la elegancia de su fraseo. Menos afortunado estuvo Halidou Nombre en el papel de Eneas; su desmedido torrente vocal y su estilo algo tosco desvirtuaron sus intervenciones, ya que, sobre todo, adolece de poca fiabilidad en los agudos.

"Sonya Yoncheva fue una Dido más que correcta: su carnoso timbre y su poderoso registro central le permitieron encarar con muchas garantías el papel"

Por su parte, Ana Vieira Leite encarnó a una Belinda solvente, de gran belleza canora, aunque carente de adecuada proyección especialmente en los graves. Mayor desparpajo exhibió un sobreactuado Attila Varga-Tóth en sus papeles de Hechicera y Marinero que, no obstante, estuvieron ejecutados vocalmente con acierto y mucha inteligencia. Para el aquelarre que se invoca en la ópera de Purcell, el tenor estuvo flanqueado por las sopranos Pauline Gaillard y Yara Kasti, brillantes en sus respectivos roles. La primera, con un timbre cristalino y una musicalidad excepcional y, la segunda, con una voz más oscurecida, conformaron un dúo empastado y muy solvente. Correctos Lili Aymonino (soprano) como Segunda mujer y el contratenor Arnaud Gluck en su papel de Espíritu.

Se agradece que todos ellos abandonasen el hieratismo que acostumbra darse en las versiones de concierto mediante algunas interacciones y juegos espaciales, atravesando el patio de butacas o apareciendo en los laterales del anfiteatro, hecho que contribuyó –a falta de escena– a mantener el dinamismo y la vitalidad que se supone a una representación operística.

El Coro de la Ópera Real de Versalles dejó unas sensaciones inmejorables; formado por tan solo una docena de componentes, su proyección y color llenaron de calidez el Auditorio ovetense, mostrando un gran equilibrio entre sus diferentes cuerdas y dejando algunos momentos de gran efectismo en los pasajes fugados. La Orquesta también mantuvo el nivel esperado: cuidadosos en la afinación, sus músicos se plegaron a la briosa dirección del violinista Stefan Plewniak, llena de carácter, con un sonido bien trabajado en los momentos sinfónicos, pero acompañando de forma minuciosa a los solistas líricos cuando así lo requería la partitura.  * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL

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