CRÍTICAS
NACIONAL
West Side Story pone ritmo a la Quincena Musical
San Sebastián
86ª Quincena Musical
Bernstein WEST SIDE STORY
Miren Urbieta-Vega, Caspar Singh, Nerea Berraondo, Henry Neill, Jorge Ruvalcaba, Arantza Ezenarro, Lucía Gómez, Juan Laborería, Lorea López, Ainhoa López de Munain, Luken Mungira, Julen García, Darío Maya, Ibai Murillo. Euskadiko Orkestra. Dirección musical: Clark Rundell. Versión de concierto. Kursaal, 20 de agosto de 2025
Desde la primera imagen sonora de una Nueva York bulliciosa, vibrante y ruidosa hasta el eco de la última nota, West Side Story, esa adaptación libre de la conmovedora y apasionada historia de Shakespeare sobre los jóvenes amantes Romeo y Julieta, demuestra por qué es considerado uno de los musicales más importantes y representativos del siglo XX. La música de Bernstein, cuajada de ritmos latinos, giros jazzísticos y pegadizas melodías, eleva este hito del teatro musical casi a la categoría de ópera con una brillantez indiscutible, calando de igual forma en el ámbito lírico más exigente como en la cultura popular, cuestión que quedó patente en la 86ª Quincena Musical Donostiarra con el cartel de no hay billetes en el cristal de la taquilla.
La versión completa de esta conocida banda sonora fue interpretada en formato concierto, lo que permitió escuchar toda la música original, incluso la que suena por encima de algunos diálogos, que se respetaron íntegros y en versión original, con un cierto grado de teatralización que dio coherencia, vitalidad y realismo a la representación. Este trabajo actoral, parte primordial del buen resultado de la función, presentó igual nivel de compromiso en todos los cantantes, independientemente de la extensión de su participación, haciendo funcionar con cohesión y buena energía esta obra tan colectiva.
Por un lado, la banda de los Jets, con nombres tan variopintos como Baby John, Big Deal, A-Rab, Diesel, Action o Riff –interpretados por Ibai Murillo, Darío Maya, Luken Munguira, Julen García, Juan Laborería y Henry Neill, respectivamente– mostró un gran entendimiento que conectó rápidamente con el público, respaldada por la sección masculina del Coro Easo, bien ajustada en lo vocal y muy dispuesta en lo actoral. Muy bien todos ellos, destacando Juan Laborería con una voz cada vez más consolidada y Henry Neill, con un papel más protagonista en el que se pudo disfrutar de su voz agradablemente oscura y aterciopelada. En el otro bando, los Sharks, con una participación musical mucho menor, fueron interpretados por un grupo reducido de coralistas, salvo el personaje de Bernardo, cantado por el barítono mexicano Jorge Ruvalcaba, con una voz franca y bien timbrada. Las chicas portorriqueñas Consuelo, Francisca y Rosalía –Lucía Gómez, Lorea López y Ainhoa López de Munain– cantaron con frescura y desparpajo escénico en números como el conocidísimo America, donde las mujeres del coro tuvieron también relevancia. No tan acertada estuvo la mezzosoprano Nerea Berraondo como Anita, con un registro grave forzado y muy desconectado del resto de la voz que, por el contrario, sonaba más cómoda e igualada. Muy emocionante el número “Somewhere (There’s a place for us)”, cantado por Arantza Ezenarro, quien tuvo el papel principal en la ópera Amaya de Guridi días atrás en este mismo festival.
En cuanto a los dos protagonistas de este trágico romance, el tenor británico Caspar Singh lució una hermosa voz sin demasiada presencia en el extremo más grave del registro, pero con un color cálido y pulposo de agudos limpios y gran expresividad, tanto en la voz plena como en la media voz, mientras que Miren Urbieta-Vega construyó una María muy distinta a la de la soprano estadounidense Marni Nixon, que dobló a la actriz Natalie Wood en la película y que es referente en el ideario colectivo; cantó con belleza, ductilidad y dominio, pero con una voz más grande y oscura que, aun convenciendo salvada la sorpresa inicial, se notaba ajustada y contenida, como quien calza un zapato que le queda, si no pequeño, al menos un poco incómodo.
Redondeó una fantástica velada la Euskadiko Orkestra, llena, rica y colorida, que regaló una considerable gama dinámica, siempre atenta al director Clark Rundell, quien, con precisión, energía y elegancia, fue el verdadero artífice del éxito de este fantástico musical, obra recientemente programada también en el Gran Teatre del Liceu. * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL
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