'Simon Boccanegra', nobleza sin arista dramática suficiente

Las Palmas de Gran Canaria

22 / 04 / 2026 - Agustín AROCHA - Tiempo de lectura: 3 min

'Simon Boccanegra' en Las Palmas © ACO / Cavero de SAÁ
'Simon Boccanegra' en Las Palmas © ACO / Cavero de SAÁ
Ariunbaatar Ganbaatar y Miren Urbieta-Vega como Simon Boccaengra y Amelia © ACO / Cavero de SAÁ

Amigos Canarios de la Ópera (ACO)

Verdi: SIMON BOCCANEGRA

Ariunbaatar Ganbaatar, Miren Urbieta-Vega, Fabián Lara, Germán Olvera, Riccardo Fassi, Jeroboám Tejera, Marina Díaz, Francisco Navarro. Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Renato Bonajuto. Teatro Pérez Galdós, 21 de abril de 2026.

Continuó la temporada de Amigos Canarios de la Ópera (ACO) con su tercer título y, tras Otello, se volvía la mirada al Verdi inmediatamente anterior con Simon Boccanegra, en la revisión de 1881, sobre el libreto reelaborado junto a Boito del original de Piave de 1857. Se trata del Verdi serio de transición hacia su última etapa, donde la continuidad dramática, la densidad orquestal y la escritura declamatoria sustituyen definitivamente al número cerrado en una partitura de atmósferas sombrías, planos superpuestos y un protagonismo central del barítono que articula toda la acción. Es una obra marcada por una tensión constante.

En este contexto, Francesco Ivan Ciampa supo entender y seguir la línea que marca la obra, construida sobre un tejido orquestal continuo en el cual el foso no acompaña, sino que sostiene y modela el discurso. Su lectura al frente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria fue coherente, bien trazada en el equilibrio de planos y especialmente atenta al segundo plano orquestal, donde emergieron con claridad las maderas y un metal bien empastado que aportó densidad sin saturación. Hubo buen control del fraseo, sentido del arco largo y una adecuada gestión de las dinámicas en los concertantes, evitando la fragmentación. En conjunto, un buen hacer que sostuvo la arquitectura de la partitura con mucha solvencia.

Con respecto al elenco actoral conviene señalar que, salvo el propio Ariunbaatar Ganbaatar, el público se encontró con el debut masivo en sus roles del resto del grupo. El barítono mongol fue un Boccanegra vocalmente dominante: de emisión muy poderosa, homogénea y de proyección natural, construyó una línea de canto sólida, bien apoyada y de indudable calidad tímbrica. Sin embargo, su aproximación interpretativa resultó más uniforme de lo deseable en un personaje que exige constantes inflexiones psicológicas y matices expresivos. La materia prima es excelente; la caracterización aún puede ganar en profundidad. La Amelia de Miren Urbieta-Vega fue de menos a más, asentándose progresivamente; su canto, de línea cuidada y emisión lírica bien controlada, se vio enriquecido por una carga dramática cada vez más presente, aportando intención y relieve a un personaje que requiere más densidad que brillo.

"Ariunbaatar Ganbaatar fue un Boccanegra vocalmente dominante: de emisión muy poderosa, homogénea y de proyección natural, construyó una línea de canto sólida, bien apoyada y de indudable calidad tímbrica"

Fabián Lara como Gabriele Adorno dejó momentos de indudable belleza vocal, con un agudo fulgurante en determinados pasajes, aunque de resultado desigual y con una línea que no siempre mantuvo homogeneidad. A ello se sumó una escasa entidad interpretativa, síntoma de una falta general de intensidad dramática de todo el reparto, y que la obra exige. Buen ejemplo de ello fue el trío de los protagonistas del segundo acto, “Figlia!… Sì, dell’empio assalto”, que aun resultando correcto en lo musical no terminó de conectar emocionalmente con el conflicto.

Riccardo Fassi como Fiesco, con un instrumento de timbre oscuro y bien emitido, todavía necesita mayor autoridad sonora y peso en el grave para imponer plenamente la figura del personaje. Germán Olvera, que debutaba en la temporada canaria, ofreció un Paolo de apreciable presencia escénica y musicalidad, resolviendo con solvencia su intervención, aunque con menor tensión vocal de la que el rol admite. Jeroboám Tejera cumplió con eficacia como Pietro. También destacaron por su buen desempeño tanto Marina Díaz como Francisco Navarro, resolviendo con profesionalidad sus personajes.

El Coro de ACO, por su parte, ofreció un rendimiento notable desde su primera aparición, especialmente en la aclamación del prólogo, “Viva Simon! Viva il Doge!”, mostrando cohesión, empaste y una adecuada proyección que se mantuvo a lo largo de la función.

Mención aparte merece la propuesta escénica de Renato Bonajuto, que no sumó ni mejoró, sino redundó en el sentido general de la representación. Las proyecciones de las costas genovesas del mar de Liguria y de los exteriores del antiguo palacio ducal servían como introducción a los distintos espacios, pero el recurso del telón de boca, con acercamientos de plano derivaban en desencuadres e incluso desenfoques, aspecto que restó claridad visual. Los elementos escenográficos con volumen resultaron poco atractivos y, salvo las columnas góticas del segundo cuadro del primer acto, el conjunto careció de fuerza plástica. El movimiento escénico evidenció debilidades, especialmente en la revuelta güelfa, poco creíble y mal resuelta. Tampoco el tratamiento lumínico ayudó, con un exceso de penumbra que acentuó la planitud general de la propuesta que, teniendo mimbres, no contó con la emoción necesaria.  * Agustín AROCHA, corresponsal en Las Palmas de Gran Canaria de ÓPERA ACTUAL

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