Verismo eficaz entre contrastes y entrega vocal

Valladolid

30 / 04 / 2026 - Agustín ACHÚCARRO - Tiempo de lectura: 3 min

La producción de Joan Anton Rechi de 'Cavalleria rusticana' © Agencia YSLA
La producción de Joan Anton Rechi de 'Cavalleria rusticana' © Agencia YSLA
La producción de Joan Anton Rechi de 'Pagliacci' © Agencia YSLA

Teatro Calderón

Mascagni: CAVALLERIA RUSTICANA / Leoncavallo: PAGLIACCI

Mónica Conesa, Arsen Soghomonyan, Blanca Valido, Rodrigo Esteves, Manuela Custer, Claudia Pavone, Gerardo López, Jan Antem, Mónica Martín, Gabriel Gómez y Carlos Fernández. Coro Calderón Lírico y Coro Voces Blancas. Dirección musical: Nimrod David Pfeffer. Dirección escénica: Joan Anton Rechi. 26 de abril de 2026.

El clásico double bill integrado por Cavalleria rusticana y Pagliacci encontró su principal valedor en un montaje eficaz y en un reparto solvente en esta cita lírica en el Teatro Calderón. En el foso estuvo la Sinfónica de Castilla y León, que ofreció un sonido de calidad, aunque con resultados desiguales entre una obra y otra. En Cavalleria, la dirección de Nimrod David Pfeffer tendió a mostrarse plana, sin adentrarse en una paleta de colores más variada que permitiera acentuar contrastes, crear atmósferas y dotar a la representación de un dramatismo evidente: incluso en algunos pasajes la lectura debería haberse tornado más áspera. Sus mejores bazas en la partitura de Mascagni fueron la concertación y la interpretación del célebre Intermezzo. Por el contrario, en Pagliacci sí aparecieron colores más sugerentes, alusiones bien perfiladas a los temas de la ópera y un pulso firme, detalles que permitieron a la orquesta convertirse en el sustento de cuanto sucedía en escena y contagiar el carácter contundente de la acción.

El montaje, de una concepción clásica, se mantuvo en las dos óperas y resultó eficaz, máxime si se tiene en cuenta el limitado tamaño del escenario del Calderón. Partiendo de la idea de que los personajes de Pagliacci eran descendientes de los de Cavalleria, la única variación entre ambas obras fue la llegada del carromato de los payasos en Leoncavallo y su transformación en escenario. La dirección escénica de Joan Antonio Rechi resolvió con acierto los problemas derivados del espacio reducido contribuyendo a remarcar la soledad de los protagonistas, apoyado además en una iluminación adecuada y evitando que la acumulación de solistas y miembros del coro resultara agobiante. Eso sí, sin olvidar que el verismo de estas obras posee una dosis de feísmo, acorde con los ambientes miserables que describen.

Mónica Conesa se ganó con justicia el protagonismo de Cavalleria rusticana gracias a una Santuzza de voz amplia y pujante, con la que subrayó el fatalismo del argumento. Una emisión en el centro, a veces algo palatal, no le impidió dejar su huella, como ocurrió en el aria “Voi lo sapete, o mamma…”, así como en sus intervenciones con el resto de personajes. Blanca Valido resolvió su papel de Lola con total solvencia y sin diluirse ante la carga emocional de quienes la rodeaban.

"Mónica Conesa se ganó con justicia el protagonismo de 'Cavalleria rusticana', gracias a una Santuzza de voz amplia y pujante, con la que subrayó el fatalismo del argumento"

Arsen Soghomonyan asumió la dura tarea de meterse en la piel de Turiddu, en la obra de Mascagni, y de Canio, en la de Leoncavallo. En el primer caso, tras una correcta “O Lola”, su voz tendió a sonar algo áfona, especialmente en el registro medio, lo que perjudicó el fraseo en momentos puntuales, aunque exhibió una zona aguda squillante. En ambas óperas se apoyó precisamente en esa cualidad, lo que le permitió concebir un Canio furibundo, enajenado por los celos desde el principio, excesivo pero arrollador. Su “Vesti la giubba” resultó impactante. Claudia Pavone, como Nedda, se sirvió de una línea vocal homogénea y bien timbrada, con una emisión fácil en todo el registro, lo que favoreció un personaje convincente, tanto en el rechazo al lascivo Tonio como en su amor por Silvio y su distanciamiento de Canio. Sin duda hubiera podido profundizar aún más en las matizaciones de su canto.

El barítono Rodrigo Esteves fue otro de los cantantes presentes en ambas óperas; su Alfio de Cavalleria quedó limitado a un personaje duro y unidireccional, movido por la idea de posesión sobre la mujer, en cambio su Tonio de Pagliacci apareció psicológicamente elaborado y le permitió un mayor despliegue vocal, con agudos equilibrados y generosos, ya desde el siempre comprometido Prólogo, cantado a telón abierto.

Manuela Custer dio vida a una Mamma Lucia creíble y contenida en su dolor en Cavalleria. El resto del reparto, en mayor o menor medida, respondió a lo exigido por sus personajes, con una especialmente destacable intervención del barítono Jan Antem como Silvio.

Conviene resaltar la participación, en Pagliacci, del Coro de Voces Blancas que dirige Clara de los Ojos. En cuanto al Coro Calderón Lírico, al frente del cual se encuentra Sergio Domínguez, destacó asimismo su intervención en Pagliacci, con una escena final bien resuelta. Antes, en Cavalleria, se mantuvo dentro de una plausible tónica general, especialmente en las voces graves. Al parecer, el próximo curso del Calderón en su escasa contribución operística (una sola producción conn tres funciones) se sumará, si todo va bien, también una zarzuela. Así sea.  * Agustín ACHÚCARRO, crítico de ÓPERA ACTUAL

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