CRÍTICAS
NACIONAL
‘La verbena de la Paloma’, del Apolo a La Zarzuela
Madrid
Teatro de La Zarzuela
Bretón: LA VERBENA DE LA PALOMA
Inauguración de la temporada
Borja Quiza, Carmen Romeu, Ana San Martín, Antoni Comas, Milagros Martín, Gurutze Beitia, Gerardo López, Sara Salgado, Rafa Castejón, Ricardo Reguera, Mitxel Santamarina, Alberto Frías, Tony Iniesta, Ariel Carmona, Ana Goya, Lara Chaves, David Soto Gigante, Albert Díaz, Ramón Grau. Dirección musical: Carlos Aragó. Dirección de escena: Nuria Castejón. 1 de octubre de 2026.
Volvió La verbena de la Paloma, la obra maestra de Tomás Bretón, al Teatro de La Zarzuela, en la ya clásica puesta en escena de Nuria Castejón (ver previa en este enlace). Su primer mérito es no dar lecciones ni impartir doctrina social, feminista ni de ninguna clase, y la segunda no intentar actualizaciones pretenciosas y hasta ridículas, las cuales pocas veces funcionan. La propuesta respeta el genial libreto de Ricardo de la Vega, de cuando los madrileños no tenían dinero, pero sí gracia e ingenio. Un auténtico oasis, que el público de La Zarzuela ha sabido agradecer.
Como ya se sabe, la fabulosa escenografía de Nicolás Boni sitúa la acción, de forma inteligente, en un Madrid tan burgués como popular, con fachadas que se podrían reconocer en cualquiera de las calles del centro de la ciudad. Siguiendo al pie de la letra las reglas de la dramaturgia clásica, toda la acción transcurre en una sola noche madrileña de agosto: el calor, fundamental en la trama, casi llega a sentirse, insinuado por inteligentes acciones puramente teatrales. Y se consigue, con naturalidad y sin forzar nada, recrear el ambiente de una sociedad cohesionada, con personajes libres pero unidos por la pertenencia a un mundo del que comparten las claves principales. ¿Idealización? No del todo, como lo sugiere un género tan vivo, a pesar de todo lo que se ha hecho y se ha dejado de hacer, como es el de la zarzuela, y la inmediata comunicación que establece con el público cuando está bien representada. El precioso vestuario de Gabriela Salaverri y la maravillosa iluminación de Albert Faura, que hace resplandecer desde dentro, como si estuviera vivo, el ambiente nocturno de Madrid, no son datos menores en el éxito de esta función, destinada a convertirse en una referencia ya desde su estreno en 2024.
Tampoco es algo secundario el hecho de que vuelva a subir a las tablas el equipo de aquellas funciones memorables. Se nota el trabajo conjunto en la seguridad, la fluidez, la naturalidad y el aplomo del juego escénico. Se vuelve así a soñar con lo que podría hacer una compañía estable para la lírica española… El tiempo ha pasado, eso sí, y se nota en algunas actuaciones. Borja Quiza, que exhibe un chorro de voz imponente, seguro y sin fallos, así como una presencia escénica envidiable, ha dejado de matizar la expresión canora de Julián, que resulta demasiado agresivo y prepotente, como si necesitara imponerse a fuerza de volumen a su, al parecer, muy querida Susana. Para seducir a la joven necesitará matizar, recurrir a la regulación, controlar los contrastes dinámicos… Cantar como él puede hacerlo.
Carmen Romeu también tiene una voz preciosa, limpia, bien colocada, de proyección impecable y además densa, de grandes posibilidades expresivas que no utilizó del todo, y esta vez su Susana resultó un poco fría. Aunque es buena actriz, no ayudó demasiado (pero esto depende de la dirección de escena) una forma de moverse y de andar demasiado moderna, poco sofisticada.
Lo mismo se puede decir de Ana San Martín, con una Casta divertida y de muchos quilates canoros.
Milagros Martín no ha perdido nada de su sabiduría escénica, ejemplo de naturalidad y de gracia, aunque su voz, con un vibrato evidente y ciertas dificultades para mantener la línea de canto, se empieza a parecer un poco a la de la Tía Antonia: por eso al personaje le falta autoridad a la hora de manejar a Julián, y también salieron perjudicados el dúo con Borja Quiza (“Ya estás frente a la casa”), y el delicado y mozartiano quinteto que le sigue. Formidable la Tía Antonia de Gurutze Beitia, teniendo en cuenta que el volumen de la escena tapó un poco sus estupendas intervenciones, un comentario madrileño, irónico y escéptico por tanto (que el público ya no entiende), a la Soleá de la “cantadora” (que no “cantaora”), muy bien entonada por Sara Salado.
Antoni Comas crea un memorable Don Hilarión, divertido, descarado y un poco ingenuo, como debe ser. Trasladar las coplas famosas (“Tiene razón don Sebastián”) a una versión de chansonnier francés le permite lucir sus habilidades escénicas, pero perjudica la continuidad y rompe la unidad dramática y estética: ni la zarzuela ni el género chico pertenecen al género de la revista, por mucho que se mezclen en tantas otras ocasiones. Fabulosos los dos guardias municipales (Tony Iniesta y Ariel Carmona) y más en particular el Sereno (Mitxel Santamarina), en el Nocturno “¡Cómo está la política!”, cuando La verbena de la Paloma alcanza lo sublime.
Excelentes todos los demás actores y el cuerpo de baile, que transmite energía y vitalidad, como la excelente prestación del Coro de la Comunidad de Madrid y la Orquesta Titular del Teatro de La Zarzuela, en una versión chispeante y sin fallos, tan expresiva como sutil a cargo del maestro Carlos Aragón. El juguete jocoso y sentimental de Álvaro Tato sobre la última función de La verbena… en el Teatro Apolo (Adiós, Apolo) sirvió de digno prólogo a la función. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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