CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Marc Albrecht vuelve con un Strauss gigantesco
Ámsterdam
Nationale Opera
Strauss: DIE FRAU OHNE SCHATTEN
Nueva producción
AJ Glueckert, Daniela Köhler, Michaela Schuster, Josef Wagner, Aušrinė Stundytė. Dirección musical: Marc Albrecht. Dirección de escena: Katie Mitchell. 27 de abril de 2025.
Por la complejidad simbólica del libreto de Hofmannsthal y la monumentalidad de la partitura de Strauss, Die Frau ohne Schatten es una obra que requiere el máximo esfuerzo, y aún algo más, por parte de la compañía que decide llevarla a escena. La nueva producción de la Nationale Opera & Ballet, sin ser una propuesta redonda, consigue que el espectador salga subyugado una vez más por la genialidad de un título desbordante. Las declaraciones de intenciones de los directores de escena en ocasiones desorientan más que iluminan. Katie Mitchell describe su montaje como “un thriller feminista de ciencia ficción”, afirmación dudosamente confirmada al acabar la representación. De hecho, la directora británica consigue hacer más confusa una trama ya de por sí espesa, no tanto porque su lectura se centre en el deseo de procreación de los protagonistas, como porque el eje se traslada a la dialéctica entre la Emperatriz y su padre, Keikobad, que Mitchell hace presente en escena con un actor con una cabeza de gacela como máscara.
La escenografía y el vestuario de Naomi Dawson diferencian con acierto tres ambientes: la morada de frialdad clínica de los emperadores; la vulgaridad del hogar de Barak, convertido en un pequeño traficante de drogas; y, en el tercer acto, el sórdido subterráneo donde Keikobad encierra a sus prisioneros. Por razones nada claras, los sicarios de este (con cabeza de lobo) se dedican a boicotear los intentos de gestación subrogada de la Emperatriz en la mujer de Barak, hasta que, en el clímax de la obra, la hija de Keikobad afirma su individualidad rechazando el chantaje de su padre, lo que permite que por fin quede embarazada. No solo ella, también la mujer de Barak, como revela el ecógrafo, una máquina recurrente en el montaje. Mitchell sabrá por qué, después de esta revelación, la Nodriza y los hermanos de Barak son liquidados por los sicarios, acumulando a su currículum más muertes a punta de pistola, y quién es la joven que se abraza al final a la Tintorera. La precisión de la dirección de escena y aciertos puntuales (la relación fluctuante entre ternura y repulsión del matrimonio Barak) no compensan la perplejidad que genera en general el montaje.
La labor de Mitchell tenía un rival poderoso, el espectáculo que ofrecía, en el gran foso abierto del teatro, la gigantesca orquesta straussiana. Con Die Frau ohne Schatten debía haber concluido en 2020 la titularidad de Marc Albrecht en la compañía holandesa, pospuesta por la pandemia hasta lo que ha sido un regreso triunfal del director alemán a su antigua orquesta, la Filarmónica de los Países Bajos. Con una concentrada disciplina y un sonido dúctil, el conjunto se sumergió en las envolventes texturas que Albrecht diferenció con mano maestra. La progresión impecable de cada acto, en una versión con pequeños cortes, no estuvo reñida con la máxima atención al escenario por parte de una batuta que abrazó los extremos que plantea la partitura.
Daniela Köhler fue de menos a más en una Emperatriz que supo afrontar los momentos climáticos con seguridad. Si el Emperador de AJ Glueckert fue más lírico que heroico, Josef Wagner aportó el legato de largo vuelo que demanda Barak frente a las sonoridades más ásperas de Aušrinė Stundytė que, como su mujer, supo mostrar la faceta más atormentada del personaje, mientras que Michaela Schuster, aun con ciertas estridencias en el registro superior, fue una Nodriza vitriólica. El rotundo Mensajero de Sam Carl, la incisiva Voz del Halcón de Aitana Sanz y el timbre cálido de Egor Zhuravskii como Aparición de un Joven fueron otros elementos notables de un reparto de gran solvencia. * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL
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