CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Innovación sin poso en el Opera Forward Festival
Ámsterdam
Nationale Opera & Ballet - Opera Forward Festival
Van der Aa: THEORY OF FLAMES
Estreno absoluto
Aphrodite Patoulidou, Helen Charlston, Roderick Williams. Dirección musical: Elena Schwarz. Dirección de escena: Michel van der Aa. 14 de marzo de 2026.
El Opera Forward Festival (OFF) ha celebrado su décima edición consolidado como uno de los focos de creación operística más atractivos del panorama internacional. A ello contribuye sin duda el hecho de que, en lugar de ser un acontecimiento paralelo (con el riesgo de ser también secundario), el OFF está integrado de lleno en la temporada de la Nationale Opera & Ballet, la cual aporta los recursos artísticos necesarios para que el extenso programa se presente con un estándar de calidad garantizado. Por supuesto, al tratarse de nueva creación, el riesgo es un elemento inherente a la naturaleza del festival, pero las obras maestras solo pueden surgir tras un trabajo persistente en el que el error también debe tener su lugar.
Era lógico que el estreno principal del OFF estuviera protagonizado por Michel van der Aa, el compositor neerlandés más destacado de la actualidad, ya programado en la primera edición del festival y con el que la compañía ha contado con frecuencia. Theory of Flames es un paso más en la conexión entre ópera y tecnología que caracteriza a Van der Aa, una Film opera en cinco escenas que es también un espectáculo multimedia deslumbrante, más por su factura externa que por el poso que deja en el espectador. La historia que plantea el compositor tiene un potencial cierto: Neola, una directora de cine, rueda una película de ciencia ficción sobre una máquina del tiempo que provoca una explosión en el laboratorio. En su investigación para el proyecto, la directora descubre un caso real de explosión en un laboratorio y una enigmática científica con la que se obsesiona hasta la tragedia.
La convivencia entre la escena en directo y las partes filmadas (en las que se alterna el rodaje, la película en sí y las imágenes recuperadas de la científica) está resuelta con evidente virtuosismo, difuminando la línea divisoria entre realidad y ficción. Pero la caída de Neola en la paranoia de las teorías de la conspiración no va mucho más allá de ser una mera excusa argumental. Libretista, guionista, realizador y director de escena (preferible en la primera labor que en la segunda), Van der Aa brinda a su yo compositor un exceso de números reflexivos, de liviana carga filosófica, que, no obstante, dan pie a algunos de los mejores momentos de la partitura. Los tres personajes en escena (Neola, Marianne, su pareja, a la vez que protagonista del film, y el cámara Josh) tienen a su cargo diversas arias, así como un trío, que funcionan como un remanso lírico entre unos pasajes de una vibrante motricidad rítmica. Más discutibles son las partes electrónicas, casi demodés, a las que recurre el compositor en una partitura que se escucha con agrado, aunque deja escaso poso en el espectador.
Desde el foso, Elena Schwarz garantizó la óptima coordinación de todos los elementos en juego, incluyendo la participación de la Residentie Orkest. Irreprochables, por entrega y fuerza expresiva, Aphrodite Patoulidou (Neola), Helen Charlston (Marianne) y Roderick Williams (Josh), bien complementados desde la pantalla por una intensa, por mirada y canto, Julia Bullock.
La distancia entre una premisa sobre el papel atractiva y su realización práctica lastró otras propuestas del programa del OFF, por ejemplo, el Requiem for Mariza que, como Theory of Flames, el festival presentó en el escenario principal de la compañía. Esta ópera en cinco ciclos de la compositora turco-holandesa Meriç Artaç, que recibía su estreno escénico, explora el territorio liminar entre vida y muerte a través de las experiencias de una mujer que, con la participación de Ra, un ente omnisciente y juguetón, se enfrenta a lo que fue y a lo que pudo ser antes de pasar al otro lado. La partitura combina una escritura angulosa que se va distendiendo a lo largo de la representación con un tratamiento más detallado del coro que, en paralelo, tiene a su cargo los textos habituales de la misa de réquiem. No es responsabilidad de los magníficos solistas (Nina van Essen como Mariza, Maayan Licht como Ra) ni del ejemplar coro de la Nationale Opera ni del eficaz rendimiento del New European Ensemble bajo la dirección de Sora Elisabeth Lee que la música de Artaç diera la sensación de seguir meandros sin rumbo determinado. La puesta en escena de Silvia Costa basó parte de su impacto en los vistosos videos realizados con ayuda de la inteligencia artificial por el estudio Lorem de Francesco D’Abraccio.
Las buenas intenciones tampoco fueron suficientes para evitar la monotonía en The Knife of Dawn, monodrama de la británica Sarah Kendall estrenado en 2016 y presentado en el Studio Boekman. El barítono Sakhiwe Mkosana puso toda la carne en el asador para encarnar al poeta y activista Martin Carter en su huelga de hambre contra el poder colonial británico en Guayana. Por el contrario, Les Enfants Terribles de Philip Glass, aunque desprovisto de su elemento coreográfico (imposible en el reducido espacio del teatro Frascati) y con una puesta en escena de un abigarramiento trash alejado de la perversa poética de Jean Cocteau, fue un éxito rotundo. Esta coproducción entre Opera Zuid, De Nationale Opera y la Nederlandse Reiseopera fue un buen vehículo para los jóvenes talentos del Nationale Opera Studio, con enérgicas interpretaciones de Ismael Correa Ulriksen, Eva Rae Martínez, Steven van der Linden y Aaike Notier. Los tres pianos liderados por Nicolas Krüger contribuyeron al impacto de la producción. No deja de ser una ironía que, en un festival de ópera contemporánea, la partitura más estimulante fuera escrita hace 30 años por un compositor que casi se puede considerar un clásico. * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL
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