CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Los zapatos de la zarina iluminan la Navidad de la Bayerische
Múnich
Bayerische Staatsoper
Rimsky-Kórsakov: LA NOCHE DE NAVIDAD
Nueva producción
Elena Tsallagova, Sergey Skorokhodov, Dmitry Ulyanov, Ekaterina Semenchuk, Tansel Akzeybek, Violeta Urmana, Sergei Leiferkus. Dirección musical: Vladimir Jurowski. Dirección de escena: Barrie Kosky. Nationaltheater, 7 de diciembre de 2025.
Las tradiciones suelen nacer de un primer impulso, de una decisión inicial que, con el tiempo, se va consolidando y sedimentando hasta que nadie se acuerde de cómo empezó todo. ¿Se convertirá La noche de Navidad de Rimsky-Kórsakov en un título que los teatros confíen en programar durante las fiestas navideñas al lado de óperas como Hänsel und Gretel o La Bohème? Es prematuro afirmarlo, pese a que dos compañías de envergadura de Alemania parecen seguir este camino. Tras los pasos del montaje estrenado en 2021 por Oper Frankfurt, la Bayersische Staatsoper de Múnich presenta una nueva producción de este delicioso título, con su combinación de elementos paganos y cristianos, basado en Gogol y con dos pesos pesados al frente, Vladimir Jurowski a la batuta y Barrie Kosky a la dirección escénica.
Con el regista australiano el espectáculo está garantizado, aunque a su montaje le faltan las dosis de poesía y magia que caracterizaban la producción de Christof Loy en Frankfurt. El principal referente es el mundo del circo, ya desde el diseño del decorado único, a tres niveles, de Klaus Grünberg (responsable también de la iluminación), un espacio en el que una comunidad asiste y a la vez protagoniza una historia jocosa y fantástica. El vestuario de Klaus Bruns subraya el carácter clownesco de los personajes más claramente cómicos, incluido un maquillaje exagerado, sin olvidar a un Demonio que, bajo su chistera de maestro de ceremonias, esconde sus cuernos, mientras que una troupe de equilibristas y bailarines, con la irónica coreografía de Otto Pichler, aportan buenas dosis de dinamismo. Kosky mueve con habilidad las piezas de una producción que no decae en ningún momento y que, aunque sin grandes fulgores, sí que ofrece escenas divertidas (la bruja Solocha escondiendo en sacos a sus pretendientes) y brillantes golpes de teatro: la Zarina descendiendo de las alturas en un gran trono plateado con el águila bicéfala y con piernas que se desenroscan para que Wakula pueda llevar los zapatos de la soberana a su amada Oksana.
Director musical de la compañía bávara, Jurowski, tras obras como La nariz y Guerra y paz, prosigue en Múnich su exploración del repertorio ruso menos frecuente. Desde los evocadores acordes iniciales, su precisa batuta exalta la riqueza sonora de la orquestación de Rimsky-Kórsakov, hace vibrar las múltiples referencias folklóricas, impulsa con energía la historia y arropa con mimo las voces en los pasajes más recogidos. A una orquesta formidable responde un coro entregado que brilla en los grandes clímax del final del segundo acto y en el himno a Gogol del epílogo.
El reparto, hasta los papeles más pequeños, fue buen reflejo del cuidado con el que el teatro bávaro abordó la producción. Actor algo rígido, el tenor Sergey Skorokhodov fue un Wakula de canto generoso a la vez que matizado, beneficiado por un timbre luminoso y un agudo brillante. El objeto de su afecto fue la Oksana cristalina de la soprano Elena Tsallagova, de canto virtuosístico en el aria del primer acto y con las necesarias dosis de unción en su lamento del cuarto. Por voz, rotunda, y presencia escénica, irresistible, el bajo Dmitry Ulyanov como Tschub fue uno de los puntales cómicos de la representación, junto a la jugosa (pese a una proyección alicorta) Solocha de la mezzosoprano Ekaterina Semenchuk, el Panas del barítono Milan Siljanov y el Diácono del tenor Vsevolod Grivnov. Otro tenor, Tansel Akzeybek, fue un ágil Demonio, más travieso que infernal, y el bajo Matti Turunen un truculento Pazjuk. Como cameos de lujo pueden ser consideradas las intervenciones de Violeta Urmana (Zarina), Sergei Leiferkus (Alcalde) y Laura Aikin (Mujer con nariz normal), esta última haciendo chismosa pareja con la Mujer con nariz color violeta.
Coproducida con la Komische Oper de Berlín, La noche de Navidad propuesta por Jurowsky y Kosky reúne suficientes méritos como para ser repuesta en las festividades de los próximos años. * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





