CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La nueva ‘Flauta mágica’ o el riesgo de una responsabilidad
Viena
Wiener Staatsoper
Mozart: DIE ZAUFERFLÖTE
Nueva producción
Georg Zeppenfeld, Julian Prégardien, Jochen Schmeckenbecher, Adrian Autard, Serena Sáenz, Maria Nazarova, Jenni Hietala, Anna Neuhaus, Stephanie Maitland, Ludwig Mittelhammer, Ilia Staple, Matthäus Schmidlechner, Devin Eatmon, Eugeny Solodovnikov, Oskar Fehringer, Gustav Keil, Stephan Manhartsberger. Dirección musical: Bertrand de Billy. Dirección de escena: Barbora Horáková. 10 de febrero 2025.
Era de imaginarse que asumir una nueva producción de La flauta mágica en la gran casa vienesa no iba a ser ni fácil ni poco controvertido. Desde el inicio de su gestión en la dirección de la Wiener Staatsoper Bogdan Roščić ha procurado traer nuevos aires y romper esquemas, teniendo el cuidado de mantener su templo en la línea de tradición y excelencia que profesa. Asumir, pues, una nueva producción (e interpretación) de La flauta mágica en la principal compañía austríaca es sin duda un reto que conlleva grandes responsabilidades no solo artísticas, sino hoy en día incluso sociales, en un momento en el que la corrección política está más en vogue que nunca. Y fue justo este tema el que más sonó en la función del día 10 de febrero, con teatro lleno hasta la última butaca: ¿hasta dónde hay que preservar la obra original y con qué derecho se puede alterar una obra magna del genio de Salzburgo? ¿Cuál es la mirada actual de temas como el racismo y la misoginia?
La batuta de Bertrand de Billy, con su gran entendimiento del aspecto vocal, procuró una línea general orgánica y puso en evidencia su profunda musicalidad; no obstante, su manejo del discurso mozartiano no fue tan bien recibido por el público vienés como sí lo son sus magníficas interpretaciones del verismo.
Maria Nazarova, quien tuvo que remplazar en el último minuto a Slavka Zamečníkov en el rol de Pamina, realizó una interpretación de elegancia y belleza sobresalientes; su presencia escénica fue convincente y la esperada aria “Ach, ich fühl’s” conmovió a la sala. El bajo Georg Zeppenfeld brindó un resplandeciente Sarastro con soberanía en interpretación y manejo vocal, mostrando todo el espectro de colores tímbricos y una profundidad dramatúrgica evidente; el intérprete alemán logró cautivar al público desde el primer segundo. Los dos compañeros de camino, Tamino y Papageno, interpretados respectivamente por Julian Prégardien y Ludwig Mittelhammer ofrecieron unas interpretaciones convincentes y finas en lo histriónico; Mittelhammer, con un decidido humor bávaro y su natural acento, cautivó al público, aunque el aspecto vocal aún no está desarrollado en su totalidad, fue sutilmente cubierto con su fuerza actoral. Pero en el caso de Prégardien, elegante cantante liederístico siguiendo la tradición de su padre, no le bastó el esfuerzo por lograr penetrar en este papel tan exigente: aunque tuvo momentos de gran belleza vocal, como en la reconocida aria “Dies Bildnis”, en los cuales su altura estilística y precisión pudieron satisfacer al público, en el aplauso se notó cierta inconformidad. Injusto, seguramente, que se exponga a un cantante de su calidad a un rol que no es para él en este momento.
Los demás roles masculinos fueron en general satisfactorios, con un Monostatos en la voz de Matthäus Schmidlechner particularmente convincente.
En medio de una puesta en escena que traía imágenes que evocaban escenas de Harry Potter, con momentos y personajes como sacados de las películas de Tim Burton e incluso de la Familia Adams, apareció de repente la bellísima soprano española Serena Sáenz, Premio ÓPERA ACTUAL 2023, como una Reina de la Noche precisa, expresiva, convincente vocal y actoralmente, con una dicción magnífica; en todo caso, haría más convincente sus diálogos algo más de flujo en la melodía del idioma, pero sin duda Sáenz tiene en este rol un potencial que seguirá desarrollándose. Su naturalidad y seguridad brindó luz a la escenografía algo lúgubre de esta producción.
En cuanto al resto del cast femenino, la Papagena interpretada por Ilia Staple brindó frescura, humor y naturalidad. Los conjuntos, tanto de las Tres Damas como de los tres Genios, no fueron lo que se espera del nivel de la Staatsoper; las primeras mostraron falta de unidad y la dicción de la tercera se hubiese podido corregir. En cuanto a los niños, se echó de menos la brillantez de su color .
Por último cabe preguntarse ¿cómo hay que acercarse a esta obra tan sencilla y tan compleja a la vez, en un contexto actual, tan crítico? La respuesta de la directora escénica checa y antes cantante Barbora Horáková va en la línea de que, probablemente, lo más acertado en la actualidad no es contestar, sino crear un espacio para que cada uno resuelva su propia historia. Eso sí, temas como la reflexión sobre el envejecer, la equidad de géneros o el veto al racismo fueron categóricamente explícitos. * Yalilé CARDONA, colaboradora de ÓPERA ACTUAL
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