Notables 'Nozze' inaugurales

Roma

21 / 09 / 2026 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

La producción de Claus Guth de 'Le nozze di Figaro' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
La producción de Claus Guth de 'Le nozze di Figaro' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
La producción de Claus Guth de 'Le nozze di Figaro' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI

Teatro dell'Opera

Mozart: LE NOZZE DI FIGARO

Inauguración de la temporada

Federica Guida, Martina Russomanno, Elmina Hasan, Monica Bacelli, Erwin Schrott, Germán Olvera, Roberto Scandiuzzi. Dirección musical: Emmanuel Tjeknavorian: Dirección de escena: Claus Guth. 17 de septiembre de 2026.

El Teatro dell’Opera de Roma ha reabierto sus puertas tras la pausa estival con una magnífica versión de Las bodas de Fígaro protagonizada por Erwin Schrott en el rol titular, quien tiene en el pícaro personaje mozartiano una de sus creaciones emblemáticas. El barítono volvió a ofrecer una interpretación excelente tanto desde el punto de vista vocal como actoral, y supo dar vida al protagonista sin recurrir al exceso de gesticulación y efectismo al que en ocasiones se entrega, pero del que en esta ocasión se mantuvo alejado.

A su alrededor se reunió un reparto formado en gran parte por jóvenes cantantes, que ofrecieron actuaciones de gran nivel. La Condesa fue Federica Guida, que tuvo que sustituir a Roberta Mantegna, indispuesta. Aunque estaba previsto que participara en el segundo reparto, por lo que había podido asistir a los ensayos, su incorporación al espectáculo no estuvo exenta de un ligero y comprensible nerviosismo, perceptible en su aria de entrada. Superado ese primer momento, sin embargo, se integró perfectamente en la función y culminó su actuación con una interpretación de «Dove sono i bei momenti» verdaderamente mágica.

Martina Russomanno destacó por la afinación, la belleza del timbre y la calidad de su fraseo, cualidades que puso al servicio de una Susanna llena de vitalidad, frescura y verve. Otra de las grandes bazas del reparto fue Elmina Hasan, que compuso un Cherubino de gran atractivo. Por su parte, Germán Olvera cantó con pleno control vocal y un estilo excelente, aunque las características de su timbre y el volumen de su voz no terminaron de conferir al Conde la autoridad que habitualmente se asocia al personaje. Esta circunstancia, no obstante, encontraba cierta correspondencia en la propia concepción escénica de Claus Guth, que presentaba al aristócrata como un hombre débil, incapaz de imponerse a quienes lo rodean.

"Erwin Schrott volvió a ofrecer una interpretación excelente, tanto desde el punto de vista vocal como actoral, y supo dar vida al protagonista sin recurrir al exceso de gesticulación y efectismo"

Entre los intérpretes de los papeles secundarios figuraban también dos cantantes de reconocida trayectoria: Monica Bacelli ofreció una excelente Marcellina, a la que dotó de elegancia y sentido del estilo, evitando las concesiones a las habituales bufonadas que suelen acompañar al personaje, mientras que Roberto Scandiuzzi, por su parte, asumía el papel de Don Bartolo muy alejado de los roles dramáticos que interpretaba hasta hace pocos años. En la primera mitad de su aria desplegó una notable variedad de colores y acentos, con un fraseo cuidado y expresivo, aunque encontró dificultades en la sección central, marcada por el rapidísimo silabeo característico de la ópera bufa. En este pasaje, el director musical Emmanuel Tjeknavorian podría y debería haber optado por un tempo más cómodo para el cantante. En algunos otros momentos también se hizo evidente que el maestro, de 31 años y pese a haber desarrollado ya una brillante carrera en el ámbito sinfónico, todavía está dando sus primeros pasos en el terreno operístico. Con todo, hubo ocasiones en las que logró establecer una perfecta sintonía con las voces, especialmente en las arias de carácter más lírico, en las que el diálogo entre el foso y el escenario fluyó con naturalidad. En conjunto, su dirección se caracterizó por la claridad y el equilibrio, con una lectura musical diáfana y bien calibrada.

La producción escénica recuperaba el montaje que Claus Guth creó para el Festival de Salzburgo en 2006 y que posteriormente se ha repuesto en diversos teatros, entre ellos el Real de Madrid en 2022. El director alemán explicó que «lo maravilloso de esta ópera es la enorme libertad, casi salvaje, de Mozart y su capacidad para tomar continuamente direcciones imprevisibles». En consonancia con esta idea su propuesta escénica es muy libre, con los personajes moviéndose con dinamismo y sorprendiendo continuamente al espectador sin que ello implicara, sin embargo, apartarse de las indicaciones esenciales del libreto.

Uno de los elementos más excéntricos de la propuesta es la presencia de un mimo vestido como Cherubino, aunque provisto de un par de pequeñas alas en la espalda. Se trataba de Eros, el dios del amor sensual, que aparecía en distintos momentos para inspirar las acciones de los personajes y hacer aflorar sus pensamientos más ocultos y sus deseos inconscientes. Su presencia añadía así una dimensión simbólica a una puesta en escena que encontraba en la imprevisibilidad y la libertad de movimiento dos de sus principales señas de identidad.

La respuesta del público fue muy cálida a lo largo de la función, con numerosos aplausos tras las distintas arias y una gran ovación final para todos los intérpretes.  * Mario MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL

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