CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Mozart, el gran olvidado de su propio festival
Aix-en-Provence
Festival Aix-en-Provence
Mozart: DIE ZAUBERFLÖTE
Nueva producción
Ying Fang, Mauro Peter, Sabine Devieilhe, Sean Michael Plumb, Brindley Sherratt, Edwin Crossley-Mercer, Alix Le Saux, Ashley Dixon, Adriana Bignagni Lesca, Emma Fekete, Rodolphe Briand, Damien Pass y Jonghyun Park. Dirección musical: Leonardo García-Alarcón. Dirección de escena: Clément Cogitore. Théâtre de l’Archevêché, 5 de julio 2026.
MOZART: Requiem
Mélissa Petit, Beth Taylor, Duke Kim y Alex Rosen. Dirección musical: Raphaël Pichon. Dirección de escena: Romeo Castellucci. Théâtre de l’Archevêché, 8 de julio 2026.
Resulta paradójico que un festival que ha construido buena parte de su prestigio internacional alrededor de Mozart parezca, en esta edición, no terminar de cuidar al compositor que constituye uno de sus grandes referentes. Tanto Die Zauberflöte como el Requiem comparten una enorme ambición conceptual, pero también la sensación de que, por momentos, la idea escénica acaba reclamando más protagonismo que la propia música.
La nueva producción de Clément Cogitore para Die Zauberflöte dista mucho de ser el fracaso que una parte de la crítica europea ha querido ver. Es cierto que su lectura, situada entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial para desembocar después en una suerte de sueño americano, resulta a menudo oscura y difícil de justificar dramáticamente. El hilo narrativo no siempre termina de construirse y algunos símbolos quedan más insinuados que desarrollados. En cambio, sí resulta mucho más convincente la idea del tránsito de la infancia a la edad adulta, convirtiendo a Tamino y Pamina en dos personajes que evolucionan.
La utilización permanente de actores infantiles plantea, sin embargo, un problema: cuando el peso dramático recae sobre niños, los cantantes quedan inevitablemente relegados a un segundo plano. Por muy cuidada que sea la dirección de actores, la espontaneidad infantil es imprevisible y ello acaba afectando tanto a la intensidad dramática como a la continuidad teatral.
Vocalmente, en cambio, la función alcanzó un nivel muy notable. Ying Fang firmó una Pamina sencillamente excepcional, de una sensibilidad conmovedora, fraseo exquisito y una línea de canto de enorme belleza. Sean Michael Plumb convirtió a Papageno en el auténtico motor escénico de la representación, un personaje irresistible que, además, tenía la ventaja de partir de un papel que siempre conecta con el público. También convenció plenamente Mauro Peter, elegante, musical y de canto refinado como Tamino, mientras que Sabine Devieilhe, pese a algún pequeño desajuste, volvió a demostrar por qué continúa siendo una de las grandes Reinas de la Noche. Correcto y solvente se mostró igualmente Brindley Sherratt como Sarastro.
Quien no terminó de encontrar el equilibrio fue Leonardo García-Alarcón: su dirección alternó momentos de indudable belleza con otros excesivamente monótonos, tempi erráticos, algunos problemas de ajuste y una tensión dramática demasiado irregular. No todo fue desacertado, pero la sensación final es que esta Flauta mágica podría haber alcanzado una dimensión musical muy superior.
Si en Die Zauberflöte la dramaturgia acaba interfiriendo parcialmente con Mozart, en el Requiem de Romeo Castellucci el debate hace tiempo que quedó planteado tras su recorrido por los principales escenarios europeos. Poco puede añadirse a una propuesta tan celebrada como discutida, concebida junto a Raphaël Pichon, que convierte la obra en una profunda reflexión sobre la muerte, la desaparición y la renovación de la vida. Un concepto de enorme carga simbólica que, en ocasiones, parece incluso demasiado consciente de su propia trascendencia. Allí donde no hubo discusión posible fue en el apartado musical. Pichon ofreció una lectura sencillamente extraordinaria, de una transparencia admirable, intensa, profundamente expresiva y magistralmente servida por Pygmalion. Una interpretación que recordaba que, cuando la música recupera el centro del discurso, Mozart sigue siendo capaz de emocionar con una fuerza que ningún concepto escénico necesita justificar. * Albert GARRIGA, corresponsal en Aix-en-Provence de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





