La Deutsche Oper arranca la temporada con un 'Tristan' reducido a la nada

Berlín

05 / 11 / 2025 - Cocó RODEMANN - Tiempo de lectura: 3 min

wagner berlin Elisabeth Teige y Clay Hilley como Isolde y Tristan © Detusche Oper / Bernd UHLIG
wagner berlin La producción de 'Tristan und Isolde' de Michael Thalheimer © Detusche Oper / Bernd UHLIG
wagner berlin Elisabeth Teige y Clay Hilley como Isolde y Tristan © Detusche Oper / Bernd UHLIG

Deutsche Oper

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Inauguración de la temporada

Elisabeth Teige, Clay Hilley, Georg Zeppenfeld, Irene Roberts. Dirección musical: Donald Runnicles. Dirección de escena: Michael Thalheimer. 2 de noviembre de 2025.

El arranque de la temporada en la Deutsche Oper ha dejado un sabor agridulce, la de un Tristan und Isolde excelente en la parte musical y reducido en escena hasta la nada. Los vítores a los solistas y los abucheos a la regie eran una crónica anunciada... Pero esta coproducción con la Ópera de Ginebra ya reseñada en su estreno en ÓPERA ACTUAL arrastra la polémica que la acompañó en Suiza, donde la crítica subrayó la tensión entre la poderosa carga emocional de la partitura wagneriana y la frialdad casi ascética de la propuesta escénica (ver este enlace). Aquí, en Berlín, el contraste fue aún más evidente.

El alemán Michael Thalheimer convierte la escena en un solo y permanente espacio casi vacío, dominado por una gran pared iluminada por unas 200 lámparas, cuyo brillo varía, supuestamente, como metáfora del paso del día a la noche. La idea, en abstracto, podría sostener una atmósfera introspectiva; sin embargo, el movimiento dramático fue mínimo, casi inexistente. Las figuras permanecen inmóviles, concentradas en declamar hacia la sala, como si la acción interior de la música bastara para justificar la ausencia de tensión teatral. Esta elección, rígida y unilateral, provocó la sensación de que asistíamos más a un concierto escenificado que a un verdadero drama teatral. En definitiva, un Tristan und Isolde en el que la música ardió y la escena se empeñó en negarse a sentir o a sentir en la dirección equivocada. Así, en esta producción uno de los momentos más comentados es la decisión del director de mostrar a los amantes cortándose las venas, una escena que irrumpe en el segundo acto sustituyendo el éxtasis amoroso wagneriano por un gesto de autodestrucción explícita. Donde Wagner propone una disolución extática del yo en el otro, una trascendencia mística, aquí se ofrece una imagen cruda, casi banal, de suicidio pactado. 

Tras el estreno berlinés, ÓPERA ACTUAL logró hablar brevemente con Thalheimer para preguntarle por la lógica de las luces y el distanciamiento entre los amantes: su intención era mostrar la luz y la oscuridad que encierra la música de Wagner. A la pregunta de por qué se declararan el amor separados por casi 20 metros y sin cruzar la mirada o ya en el segundo acto —autolesionándose— el regista cortó la conversación, afirmando que estaba «cansado» y que no deseaba seguir hablando. Una actitud que pareció confirmar la impresión de que su propuesta escénica respondía más a un concepto autoafirmado que a un trabajo orgánico con la obra y los intérpretes.

"El Rey Marke del bajo Georg Zeppenfeld fue quizá el momento más unánimemente celebrado: nobleza de emisión, fraseo claro, presencia escénica profunda sin necesidad de gestos"

 Lo musical, en cambio, tuvo momentos de gran altura. Bajo la dirección de Donald Runnicles, la orquesta de la casa ofreció un sonido denso, aterciopelado, con una respiración amplia que permitía que los Leitmotiv aparecieran con claridad emocional. Algunos podrán discutir la lentitud de los tempi o cierta uniformidad dinámica, pero el tejido sonoro resultó coherente y envolvente, capaz de sostener la tensión allí donde la escena no la construía.

En el plano vocal, la función se sostuvo gracias a un reparto sólido y cuidadosamente equilibrado. La soprano noruega Elisabeth Teige, en su debut como Isolde, mostró una voz de centro carnoso, con un ascenso al agudo firme y brillante, con cierta contención expresiva especialmente en el primer acto, pero lo compensó con una línea segura y una entrega que fue creciendo a lo largo de la noche. Su ímpetu dramático está aún por pulir y su dicción es mejorable. Una parte de prensa la ve promesa seria, otra habla de una Isolda «demasiado lírica» y «de bonita emisión, pero poco fuego«. En este caso, sin embargo, la contención fue exigencia explícita de la dirección escénica, según declaró a ÓPERA ACTUAL la soprano. 

El tenor  estadounidense Clay Hilley ofreció un Tristan resistente y entregado, capaz de sostener la exigente tesitura del rol sin flaquezas notables; su tercer acto, en particular, encontró el equilibrio entre desgarro y control vocal, aunque su línea de canto puede sonar algo angulosa y menos delicada en el fraseo. El Rey Marke del bajo Georg Zeppenfeld fue quizá el momento más unánimemente celebrado: nobleza de emisión, fraseo claro, presencia escénica profunda sin necesidad de gestos. El barítono Thomas Lehman fue un Kurwenal robusto y de carácter sin caer en el puro forte, mientras que Irene Roberts sedujo en el papel de Brangäne por timbre claro y cálido y musicalidad refinada.   * Cocó RODEMANN, corresponsal en Berlín de ÓPERA ACTUAL

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