Infanticidios en la Opéra-Comique parisina

París

12 / 02 / 2025 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

cherubini parís La nueva producción de 'Médée' de Marie-Ève Signeyrole © Opéra Comique / S. BRION
cherubini parís La nueva producción de 'Médée' de Marie-Ève Signeyrole © Opéra Comique / S. BRION
cherubini parís La nueva producción de 'Médée' de Marie-Ève Signeyrole © Opéra Comique / S. BRION

Opéra-Comique

Cherubini: MÉDÉE

Nueva producción

Joyce El-Khoury, Julien Behr, Edwin Crossley-Mercer, Lila Dufy, Marie-Andrée Bouchard-Lesieur, Michèle Bréant, Fanny Soyer, Catherine Frossard. Insula Orchestra. Coro Accentus. Dirección musical: Laurence Equilbey. Dirección de escena: Marie-Ève Signeyrole. Sala Favart, 10 de febrero de 2025.

El teatro de la Opéra-Comique –Salle Favart– vivió una noche excepcional con la representación de la poco vista Médée de Luigi Cherubini (1797), estrenada cuatro años después de su llegada a Francia, situada a la frontera entre el barroco tardío y el nacimiento del bel canto romántico. La historia, de un dramatismo sin igual, relata el infanticidio de los dos hijos de la bruja (según los corintios) Medea y de Jason el argonauta, por su propia madre. Su libreto –de François-Benoit Hoffmann–, escrito en francés, mayormente en dodecasílabos, es de una factura fina y elegante, propia del siglo XVIII. Fiel al teatro clásico francés, ya sea hablado o cantado –la célebre Tragédie Lyrique–, la acción (en este caso la muerte por envenenamiento de Dircé o bien el asesinato de los hijos de Medea) no tiene lugar en el escenario, ya que es contada por algún testigo. Texto y elementos dramáticos, del todo clásicos, contrastan con la relativa modernidad de la música, sin dañar por ello la comprensión de las situaciones dramáticas, su verosimilitud (teatral por supuesto), ni la continuidad de la acción. Bien al contrario, dicho contraste brinda mayor relieve al pensamiento, a las intenciones de los personajes. Añádase que Luigi Cherubini quiso darle la forma de opéra-comique, es decir, con textos recitados, no cantados.

 Marie-Ève Signeyrole trazó con mano maestra lugares, situaciones y personajes, haciendo resaltar la firmeza de carácter de la desdeñada Medea y sus ansias compresibles de venganza, y también el amor paterno de Jason por sus dos hijos. Dispuso la regista de una escenografía sencilla y elegante, bien encuadrada por unos videos suyos y de Céline Baril y un trabajo de luminotecnia muy eficaz de Philippe Berthomé. Obtuvo de los actores –vestidos por Yashi en un estilo elegante, más bien actual–, actitudes teatrales conformes, sin exageraciones ni mojigaterías en alguna escena de sexo algo explícita. No se apartó en ningún caso de lo que era dramáticamente esencial –los personajes de primer plano– pero tampoco se privó de enriquecer el contenido de muchas situaciones con complementos dramáticos de segundo plano que reforzaban la situación dramática principal. Dio el papel del coro a una actriz –Caroline Frossard– de voz contundente, sonora, de expresión nítida.

"Joyce El-Khoury como Médée: de sólida presencia, desplegó su ira frente a los corintios desde un buen principio y mantuvo los diálogos con su antiguo marido en un tono reivindicativo"

En el podio, Laurence Equilbey con mano de hierro en guante de terciopelo, dio una lectura muy bien equilibrada de la obra y mantuvo la continuidad del relato sin efectos sobreañadidos ni trompicones musicales. Su trabajo, de gran aplicación, recorrió los vericuetos de la música del maestro italiano con respeto de los tiempos –muy variados–, las intensidades –a menudo en mezzo–forte– y la capacidad vocal de cada cantante. De entre ellos destacó Joyce El-Khoury como una Médée de sólida presencia que desplegó su ira frente a los corintios desde un buen principio y mantuvo los diálogos con su antiguo marido en un tono reivindicativo, altivo, mostrándose más sumisa frente a Créon. Cantó su aria principal –de la que se adivinó su dificultad vocal– con emisión clara y buena prosodia. Julien Behr asumió con valentía, emisión potente, sin fallos ni dudas, el imposible personaje de Jason. Edwin Crossley-Mercer fue un Créon convincente en su registro grave, Lila Dufy convenció vocal y dramáticamente como Dircé, la infortunada y atormentada segunda esposa de Jason, y Marie-Andrée Bouchard–Lesieur (Néris) fue muy aplaudida tras su largo soliloquio.

Completaron el reparto Michèle Bréant y Fanny Soyer, las dos damas de Dircé. El coro Accentus –Christophe Grapperon– hizo gala una vez más de su inigualable calidad.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL

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