CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Éxito apoteósico de Sara Blanch como Ophélie en 'Hamlet'
Turín
Teatro Regio
Thomas: HAMLET
Nueva producción
John Osborn, Sara Blanch, Clémentine Morgaine, Alastair Miles, Julien Henric, Ulisse Trabacchin, Jérémie Roher. Dirección musical: Jérémie Rhoer. Dirección de escena: Jacopo Spirei. 27 de mayo de 2025.
Siguiendo una loable exploración del repertorio francés —también justificable por la posición geográfica e historia de la que fue capital del Reino de Saboya—, y tras la interesante propuesta inaugural de reunir las tres versiones de Manon, la de Auber, la de Massenet y la de Puccini, el Teatro Regio de Turín presentó ahora la versión original, concebida para voz de tenor, del Hamlet de Ambroise Thomas, alcanzando sin duda alguna un hito de la temporada y un nivel cualitativo, tanto en lo visual como, sobre todo, en lo musical, difícilmente igualable. Ópera en su tiempo popular —asignado el papel protagonista a la cuerda de barítono—, hoy escasamente presente en los escenarios, se merece tener nueva vida y fama en esta versión renovada y más atractiva, ya que el rol del atormentado príncipe shakespeariano sale favorecido en la cuerda de tenor tanto en lo musical como en lo dramático, sin restar mérito alguno a los excelentes barítonos que lo han encarnado en un pasado relativamente reciente.
La música de Thomas tampoco necesita defensores. La facilité élégante y la verve savante —palabras de Berlioz, su gran admirador— constituyen su sello personal. Si bien a la Chanson bachique del segundo acto se le puede buscar un paralelo con el Brindisi del Macbeth verdiano, también es evidente su influencia en los Scapigliati italianos: por ejemplo, Puccini, en Le Villi, su primera ópera, cita casi textualmente la frase musical del dúo del primer acto entre Ofelia y Hamlet: “Doute des cieux et de la terre, mais ne doute jamais de mon amour!”.
La producción turinesa se ha revelado sencillamente perfecta, sin caer en convencionalismos, gracias a su elegancia y fidelidad a las situaciones requeridas por el libreto. Precioso el decorado de Gary McCann, elegante el vestuario creado por Giada Masi, sugerente la iluminación de Fiammetta Baldisserri… Jacopo Spirei, si bien con el acostumbrado horror vacui de los registas modernos —excediéndose en la figuración con 15 personajes omnipresentes leyendo libros, supuestamente de Shakespeare—, dirige con coherencia, exigiendo del elenco y del coro una participación muy activa.
Musicalmente hubo resultados máximos, comenzando por la excelente labor de la orquesta y del no menos magnífico coro del Teatro Regio dirigido por Ulisse Trabacchin. Desde el podio, el maestro francés Jérémie Rhorer condujo una lectura ejemplar por su tensión y equilibrio con la escena, alcanzando el clímax necesario tanto en las páginas más brillantes como en las misteriosas, sombrías y góticas que caracterizan la partitura.
Extraordinaria la aportación vocal y actoral, incluso en los roles secundarios. Destacaron el Polonio del bajo Nicolò Donini, el Horacio del bajo Tomislav Lavoie, el Marcelo del tenor Alexander Miles, así como otros de mayor relevancia musical: el fantasma del rey difunto, interpretado por el bajo Alastair Miles, y Laertes, hermano de Ofelia, a cargo del tenor Julien Henric, de timbre agradable y muy buena línea de canto.
Finalmente, el cuarteto protagonista, comenzando por el rey Claudio cantado con austera nobleza por el bajo Riccardo Zanellato, quien dio gran relieve a la escena de la plegaria —a menudo suprimida—; la fiera reina Gertrudis, encarnada por la arrolladora presencia vocal y física de una superlativa y volcánica Clémentine Margaine; la delicada Ofelia de Sara Blanch, quien obtuvo un éxito apoteósico, con gritos de “¡bis!” tras su encantadora interpretación de la célebre y extensa escena de la locura, ejecutada además bajo una dirección escénica compleja y exigente en movimientos. Y no menos superlativo fue el Hamlet del tenor John Osborn, quien exhibió una riquísima paleta de colores a lo largo de toda la velada, cantando con acento y fraseo admirables, sin dificultad en el extremo agudo, con un uso ejemplar de los sonidos mixtos que impone el canto francés y haciendo gala de una zona media-grave de cuerpo casi baritonal.
Una producción que, afortunadamente, será documentada en video y que servirá como modelo para las generaciones presentes y futuras. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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