CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Sara Blanch debuta como una excelente Mélisande entre brumas y simbolismo
Milán
Teatro alla Scala
Debussy: PELLÉAS ET MÉLISANDE
Nueva producción
Sara Blanch, Bernard Richter, Simon Keenlyside, John Relyea, Alessandro De Gasperi, Marie-Nicole Lemieux, Zhibin Zhang, Geunhwa Lee. Dirección musical: Maxime Pascal. Dirección de escena: Romeo Castellucci. 9 de mayo de 2026.
Desde su estreno en el Teatro all Scala el 2 de abril de 1908, en una versión italiana traducida por Carlo Zangarini con el título Pelleas e Melisanda, la ópera de Claude Debussy ha vuelto con cierta asiduidad al escenario milanés, la última vez hace once años, bajo la dirección de Georges Prêtre. La figura del director es determinante para el éxito de este título antimelodramático por excelencia. La música, a menudo onírica y etérea, pero que también cobra cuerpo y vigor, ilustra por sí sola la leyenda de Maurice Maeterlinck, que vio el estreno absoluto en 1903, y constituye una obra única en la vasta producción de Debussy.
En este sentido, ha convencido y seducido la interpretación propuesta por el maestro francés Maxime Pascal al frente de la siempre loable orquesta del Teatro alla Scala. Transparencias y silencios de rara emotividad, impulsos sinfónicos de máxima definición… Además, ha acompañado el canto de una compañía perfecta, encabezada por el excelente Pelléas del tenor Bernard Richter y por la seductora y también excelente Mélisande de la soprano catalana Sara Blanch (Premio ÓPERA ACTUAL 2016, que debutaba el rol en esta nueva producción), ambos vocalmente impecables y muy aclamados por el numeroso público.
Gustó mucho el Golaud del barítono Simon Keenlyside, de voz imponente y artista completo, con un francés perfecto e incisivo en su terrible y atormentado papel. Y lo mismo puede decirse del excelente bajo John Relyea, un Arkel autoritario y profundo que alcanza un verdadero protagonismo en el último y conmovedor acto, el de la muerte de Mélisande. La voz de niño de Alessandro De Gasperi dio vida, con la entonación adecuada y la proyección suficiente, al pequeño Yniold. Completaban el reparto la Genevieve de la consagrada mezzosoprano Marie-Nicole Lemieux, el Médico de Zhibin Zhang y el Pastor de Geunhwa Lee, ambos alumnos de la Accademia della Scala.
En cuanto al espectáculo, una nueva producción con dirección, escenografía, vestuario e iluminación (casi siempre en penumbra) de Romeo Castellucci, sobre la dramaturgia elaborada por Christian Longchamp, podría decirse que se han visto peores, precisamente del propio Castellucci. La trama, débil y evanescente como la larga melena de la protagonista, se desarrolla en esta propuesta sin sobresaltos, pero con la habitual conceptualidad a la que el regista tiene acostumbrado al público desde hace tiempo. No ayuda el uso del tul, que, sumado a la escasa iluminación, envuelve todo en una niebla continua y a menudo impide incluso distinguir a los personajes. Obviamente, cuando se requiere oscuridad, el escenario se llena de una luz deslumbrante, y el agua se utiliza físicamente para mojar a los dos protagonistas y para simbolizar la larga melena en la ventana de la torre. El dúo de amor final, que precede al asesinato de Pelléas, presenta a los protagonistas en el papel de Pierrot Lunaire; y Mélisande muere en una vitrina rodeada de joyas… * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL
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