Emoción a raudales con Ernest Reyer

Marsella

07 / 04 / 2025 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

reyer marsella La producción de 'Sigurd' de Charles Rubaud © Opéra de Marseille / Christian DRESSE
reyer marsella La producción de 'Sigurd' de Charles Rubaud © Opéra de Marseille / Christian DRESSE
reyer marsella La producción de 'Sigurd' de Charles Rubaud © Opéra de Marseille / Christian DRESSE

Opéra de Marseille

Ernest Reyer: SIGURD

Nueva producción

Catherine Hunold, Charlotte Bonnet, Maron Lebègue, Florian Laconi, Alexandre Duhamel, Nicolas Cavallier, Marc Barrard, Gilen Goicoechea, Marc Larcher, Kaëlig Boché, Jean-Marie Delpas, Jean-Vincent Blot. Orquesta y Coro de la Ópera de Marsella. Dirección musical: Jean-Marie Zeitouni. Dirección de escena: Charles Rubaud. 4 de abril 2025.

 

La Ópera de Marsella presentó este Sigurd en un alarde de agradecimiento hacia Ernest Reyer, compositor marsellés, y también de valentía, dado que la obra, estrenada en Bruselas en 1884 y vista con gran éxito en Londres, en Milán y también en París, no se representa en la actualidad. Algunos teatros –Nancy, la propia Marsella– la han repuesto desde entonces más bien como una pura curiosidad a causa de su proximidad de tema y personajes con la tercera jornada de la Tetralogía de Richard Wagner. En cambio, se constata fácilmente que desde la obertura –de un dinamismo enloquecedor, con cantidad de colores musicales y de temas inspirados sin ser pegadizos– la música de Reyer es de expresión típicamente francesa y tiene mucho que ver con las de Berlioz o de Saint-Saëns, y nada con la de Wagner. Añádase que el libreto –Camille du Locle y Alfred Blau– deja totalmente de lado el olimpo wagneriano y se centra en la psicología de los cuatro personajes principales. Todos se expresan aquí en francés, usan un vocabulario riquísimo y un florilegio de expresiones que se dirían salidas de la Tragédie Lyrique del Grand Siècle y confieren a la obra un carácter arcaico de gran efecto.

Jean-Maria Zeitouni no escatimó efectos ni temió el peligro constante de dar un pathos excesivo a cada secuencia; cubrió tal vez en exceso las voces femeninas en los pasajes en pianísimo pero mostró energía y lirismo en los momentos sinfónicos –la ya citada obertura–, y en los de tensión, ya fueran a cargo de los solistas o el coro, este último, bien preparado por Florent Mayet, que rindió un trabajo de altos vuelos.

Bajo el control total y sabio del regista Charles Rubaud, bien conocido en Marsella, los cantantes evolucionaron en una escenografía estilizada, necesaria y suficiente, de Emmanuelle Favre, completada por los videos discretos y eficaces de Julien Soulier. El vestuario de Katia Duflot osciló entre líneas de vestir modernas –el pantalón de Hilda– y otras, la mayoría, de inspiración del bajo medioevo teatral. El director de escena hizo una vez más gala de sus cualidades dramatúrgicas y posicionó a los artistas en las mejores condiciones para que desarrollaran su canto y, sin exageraciones inútiles, consiguió de ellos fluidez y naturalidad en todo momento. Vistos la naturaleza y los vericuetos de la historia, la tarea parecía difícil.

"Catherine Hunold interpretó luego con firmeza su diálogo con Gunther el rey burgundio, su marido y mostró lirismo en el que mantuvo con Sigurd el héroe que la había librado del fuego islandés"

Si bien sobresalieron las voces masculinas, en parte por lo que viene dicho sobre el podio, también las femeninas aportaron bellos momentos de lirismo. El despertar de Brünnhilde –Catherine Hunold– fue uno de ellos: la soprano, de voz cristalina, firme y transparente, interpretó luego con firmeza su diálogo con Gunther el rey burgundio, su marido y mostró lirismo en el que mantuvo con Sigurd el héroe que la había librado del fuego islandés. De una mayor complejidad psicológica, el rol de Hilda –hermana casadera de Gunther– encontró horma a su zapato en la interpretación vocal y dramática de Charlotte Bonnet. Marion Lebègue por su parte, sacó un gran provecho de su breve pero capital papel de Uta, madre de Gunther y de Hilda, y como tal, buscó y encontró la manera de hacer felices a sus dos vástagos, para darse luego cuenta antes que nadie, que los había puesto en una situación imposible.

Brillaron con luz propia por un igual los dos principales roles masculinos, y si bien Alexandre Duhamel –Gunther– voz contundente, oscura, impresionó, la voz brillante, la potencia y la precisión de Florian Laconi en el papel principal no le fueron a la zaga. También Nicolas Cavallier mostró unas bellas cualidades vocales en el papel de Hagen, de menor relieve. Completaron el reparto a un excelente nivel Marc Barrard (Sacerdote de Odín), Gilen Goicoechea (un bardo), Marc Larcher, Kaëlig Boché (Haward), Jean–Marie Delpas (Rudiger), Jean–Vincent Blot (Ramunc).  * Jaume EsTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL

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