'Parsifal' en Palestina

Palermo

08 / 02 / 2020 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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Julian Hubbard fue un Parsifal calificado de "maravilloso" © Teatro Massimo / Rosellina GARBO
Catherine Hunold interpretó a una Kundry indomable © Teatro Massimo / Rosellina GARBO
La producción de Graham Vick aúna la simbología cristiana con las guerras de Oriente medio © Catherine Hunold interpretó a una Kundry indomable

Teatro Massimo

Wagner: PARSIFAL

Nueva producción

Julian Hubbard, Catherine Hunold, Tómas Tómasson, Thomas Gazeli, John Relyea, Alexei Tanovitski. Dirección: Omer Meir Wellber. Dirección de escena: Graham Vick. 30 de enero de 2020.

Richard Wagner, para su Parsifal, se inspiró en Montserrat, en los jardines de Ravello y en la catedral de Pisa, y por tanto lo imaginó inmerso en la luz mediterránea y no en la niebla nórdica. Ello se manifestó claramente en la dirección de Omer Meir Wellber, que aligeró y clarificó mucho la orquesta, poniendo en valor los pasajes delicados confiados a pocos instrumentos y descubriendo matices que parecen anticipar a la música de Debussy. Fue un feliz debut en su presentación como director principal de la orquesta del Teatro Massimo, que sonó espléndidamente, no solo compacta y segura, sino también con la debida morbidez. Esta sonoridad orquestal, muy distinta de la música maciza y poderosa de El anillo del nibelungo, convenía perfectamente a los protagonistas de Parsifal, que ya no son héroes o dioses, sino seres humanos a quienes atormentan la incertidumbre, el sentido de la culpa y las dudas.

"Parsifal era Julian Hubbard, cuya voz clara y luminosa resultó ideal para el muchacho ingenuo del primer acto y el joven que descubre a la mujer en el segundo, mientras en el tercero se mostró capaz de cantar también con voz bruñida y potente"

En esta nueva producción, Parsifal era Julian Hubbard, cuya voz clara y luminosa resultó ideal para el muchacho ingenuo del primer acto y el joven que descubre a la mujer en el segundo, mientras en el tercero se mostró capaz de cantar también con voz bruñida y potente. Tampoco la correcta Kundry de Catherine Hunold apareció aquí como una criatura salvaje e indomable, sino como una mujer inquieta, frágil y sensible. El incesante e insoportable sufrimiento de Amfortas fue expresado por Tómas Tómasson con un profundo dolor interior, sin gritos ni gemidos de fácil efecto. Por el contrario, el ansia de poder y la irrealizable sensualidad de Klingsor (una mancha de sangre sobre el pubis refleja la horrible mutilación que se ha infligido) hacían del personaje interpretado por Thomas Gazeli un ser violento y exasperado, casi semejante a un animal. Más tradicional, pero en cualquier caso de muy buen nivel, el Gurnemanz de John Relyea, cumpliendo Alexei Tanovitski como Titurel. El coro fue otro de los grandes protagonistas de la velada bajo la dirección de su nuevo director, Ciro Visco.

La versión del director musical y de los cantantes estuvo en la misma línea que la dirección escénica de Graham Vick, que eliminó la atmósfera mística de Parsifal para transformar a sus protagonistas en seres humanos. Vick volvió a uno de sus polémicos temas preferidos, considerando a la religión como fanatismo y causa de enemistades y de guerra. Se entiende así al final que propone, cuando Parsifal muestra el Grial a los soldados estadounidenses (los caballeros medievales son aquí sustituidos por un ejército moderno) y se demuestra que el Grial no existe, porque tras el velo que lo oculta no hay nada. Sin el temor supersticioso que les empujaba al combate, los soldados caen exánimes en tierra y la escena es invadida por niños de todos las razas y religiones que juegan entre ellos sin prejuicios. Tanto si se acepta esta configuración como si no, es innegable que Vick consigue hacer un espectáculo de gran fuerza teatral en el que nunca disminuye la tensión gracias a la atención prestada a cada gesto de los protagonistas, coro y comparsas.