Oro en barras

Marsella

11 / 05 / 2026 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

La nueva producción de 'Das Rheingold' de Charles Rubaud © Opéra Marseille / Camille ROVERA
La nueva producción de 'Das Rheingold' de Charles Rubaud © Opéra Marseille / Camille ROVERA
La nueva producción de 'Das Rheingold' de Charles Rubaud © Opéra Marseille / Camille ROVERA

Opéra Municipal de Marseille

Wagner: DAS RHEINGOLD

Nueva producción

Marion Lebègue, Elodie Hache, Cornelia Oncioiu, Amandine Ammirati, Marie Kalinine, Lucie Roche, Alexandre Duhamel, Zoltan Nagy, Marius Brenciu, Yoann Dubruque, Eric Huchet, Samy Camps, Patrick Bolleire, Louis Morvan. Dirección musical: Michele Spotti. Dirección de escena: Charles Rubaud. 7 de mayo 2026.

Decidido a situar la acción en un ambiente post romántico de estética modernista, Charles Roubaud dispuso el codiciado oro del Rin en la caja fuerte del sótano del Rheinbank para este nuevo Rheingold en la Opéra de Marseille. Lo custodiaban tres mujeres, secretarias o algo parecido, y lo robó Alberich disfrazado de chico de la limpieza al final del primer cuadro. Dicho así, el episodio no queda muy glorioso pero la férrea voluntad del regista de alinear en todo momento el texto wagneriano y el gesto de los actores, salvó como por milagro la situación. Roubaud tuvo el acierto de esquivar las tres transiciones, y así, bajó otras tantas veces el telón para que la nueva escenografía pudiera ser instalada.

El regista impuso un dramatismo convencional, sin patología ni excesos innecesarios con la única excepción del personaje de Loge interpretado por Samy Camps: el joven tenor, vestido de negro, ceñido y luciente, además de realizar una prodigiosa versión vocal –agudos firmes y perfecta dicción– del escurridizo personaje, ofreció, tal un Arlequín de lujo, una sabia colección de actitudes y gestos inspirados de la Commedia dell’Arte de gran calidad teatral. A la hora de los aplausos, se llevó merecidamente el gato al agua.

Las sucesivas escenografías –Emmanuel Favre– (subráyese en particular la del subsuelo del Rheinbank y la vidriera art déco vista en el salón del segundo cuadro) y el vestuario muy adecuado –Katia Duflot–, así como la iluminación de Jacques Rouveyrollis, hicieron plausible los cambio de época y de ambiente requeridos por el director de escena. Apúntese también el espeluznante video final –Julien Soulier– con el que se  describió la subida de los dioses (y del propio Loge) al Walhalla.

Lejos de interrumpir la continuidad del relato, los tres telones aludidos dieron la ocasión para que Michele Spotti diera paso a un mayor lucimiento de la orquesta; los temas musicales por sí mismos dieron total fe de los cambios de situación. Durante el resto de la velada, el director dio fiel lectura de la partitura dosificando con gran tino colores y decibelios a lo largo de las dos horas y media de espectáculo. Todos los intérpretes cumplieron con sus cometidos en el escenario, y ello explica el carácter excepcional de la representación.

"Alexandre Duhamel campeó un Wotan con dudas filosóficas tal vez, pero nunca vocales: su emisión, grave y solemne, de timbre claro, emisión firme contrastó"

Alexandre Duhamel campeó un Wotan con dudas filosóficas tal vez, pero nunca vocales: su emisión, grave y solemne, de timbre claro, emisión firme contrastó, por afinidad (con Fasolt o con Mime) o por oposición (con Fricka –Marion Lebègue insuperable en el papel– o sobre todo, con el fugaz y etéreo Loge), vale decir, con todos y cada uno de los personajes que le hicieron frente.

Zoltan Nagy –Alberich– voz viril, emisión de amplio espectro y con gran potencia escondió al principio sus enormes cualidades de cantante y el poder que le daba su verdadero personaje, barriendo la sala de la Rheinbank. Pasado este momento dio del enano deforme una versión vocal de campanillas frente a Wotan y a Loge en el Nibelheim. Patrick Bolleire –Fasolt– y Louis Morvan –Fafner– cumplieron ampliamente sus misiones con veces de trueno, envueltos en unos impresionantes gabanes.

La única intervención de Cornelia Oncioiu –Erda– impresionó por la oscuridad de su timbre y la rudeza de su mensaje. Las breves intervenciones de Elodie Hache –Freia– fueron acogidas con simpatía por el público, mientras que las tres náyades –Amandine Ammirati (Woglinde), Marie Kalinine (Wellguunde) y Lucie Roche (Flosshilde) tentaron a Alberic con picardía, adoraron el oro con devoción y lamentaron con sentimiento su pérdida luego. Marius Brenciu –Mime–, Yoann Dubruque –Donner sin martillo–, Eric Huchet –Froh– aportaron sus contribuciones a la altura de las circunstancias.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL

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