Una 'Carmen' más en la Guerra Civil

Niza

05 / 06 / 2025 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 4 min

bizet niza La producción de 'Carmen' de Daniel Benoin © Opéra de Nice / Dominique JAUSSEIN
bizet niza La producción de 'Carmen' de Daniel Benoin © Opéra de Nice / Dominique JAUSSEIN
bizet niza La producción de 'Carmen' de Daniel Benoin © Opéra de Nice / Dominique JAUSSEIN

Opéra de Nice – Côte d’Azur

Bizet: CARMEN

Ramona Zaharia, Jean-François Borras, Jean-Fernand Setti, Perrine Madoef, Lamia Beuque, Charlotte Bonnet, Jean-Gabriel Saint-Martin, Nestor Galvan, Guilhem Worms, Richard Rittelmann. Orquesta Filarmónica de Niza. Coro de la Opera de Niza. Dirección musical: Lionel Briguier. Dirección de escena: Daniel Benoin. 3 de junio 2025.

Estrenada en Sevilla y respuesta en la Opéra de Nice, la producción de Daniel Benoin, con una bella escenografía de Jean-Pierre Laporte, situó los hechos en un momento preciso de la historia de la propia ciudad andaluza: del 20 de julio de 1936 al 15 de agosto del mismo año. Al inicio de la Guerra Civil española (1936-1939) la ciudad estuvo en manos de los militares sublevados, una situación que ha inspirado a directores de escena desde hace medio siglo. En este caso se justificaba la idea por el interés que el regista siente por el conflicto y que comparten en Francia tantos de su generación. Por supuesto ello transformó totalmente el sentido de la obra que, de una cuestión de faldas pasó a ser un asunto político y, aunque Benoin decidió que Escamillo siguiera siendo un torero famoso, no pudo evitar que Carmen y sus compinches se convirtiesen en acérrimos rojos, contrabandistas de armas para el pueblo. Nada nuevo. En refuerzo de su idea presentó símbolos de la historia del momento, y así aparecieron birretes rojos del requeté, banderas en negro y azul con escudos de la Falange, saludos con el brazo en alto (que el ejército utilizó poco o nunca) y un retrato de quien en julio del 1936 todavía no se había convertido en Jefe de Estado, a quien Carmen, cómo no, puso bigotes. Para repujar la España del sur, invitó a la taberna de Lilas Pastia a un par de penitentes encapuchados, otro par de guardias civiles, un cura con sotana, un alcalde (con la bandera nacional en el pecho) y no dejó de lado los malos tratos que los militares nacionales daban a los que no estaban de su lado. Para ilustrarlo, en total contrasentido, demandó a Morales manosear a conciencia a la inocente Micaëla, objeto del más estricto respeto por ser novia de un soldado suyo.

Dicho esto, se evidenció, una vez más, que no se pueden cambiar lugares y épocas de una ópera sin errar por alguna parte (en esta caso la lista sería muy larga) mientras que el público, entusiasmado por la música y el canto, aplaudió a rabiar (como nunca se había oído aplaudir en esta sala) al caer el telón sin haber entendido gran cosa de las alusiones de Daniel Benoin.

Lionel Briguier marcó sus preferencias desde la obertura brillante y ruidosa: la sala dispone de una acústica fenomenal y es mejor andar con cuidado. Marcó puntos en el forte y en efectos de rubato, pero enturbió los pasajes líricos. Antepuso los metales a las cuerdas y dio vida con sutileza a los pasajes regidos por las maderas, dejó espacio a los cantantes (que no todos aprovecharon) y quedó de vez en cuando sumergido por el coro (muy presente y bien preparado por Giulio Magnanini), especialmente en el acto que cerró plaza.

"La actuación de Ramona Zaharia fue convincente, su emisión por oscura enturbió su canto en los dos primeros actos, pero reforzó sus intervenciones en los postreros

Ramona Zaharia fue una Carmen más interesada por los músculos de Escamillo que por armar al pueblo; su actuación fue convincente, su emisión por oscura enturbió su canto en los dos primeros actos, pero reforzó sus intervenciones en los postreros; el cuarto fue de campanillas. Jean-François Borras —Don José— mantuvo el lirismo necesario para dar de las escenas con Micaëla y en sus arias más celebradas (“Ma mère…” y “La fleur…”) todo su sabor, pero tuvo que esperar al acto final para formar con Carmen, la orquesta y el coro un conjunto coherente, dramático a más no poder, que cautivó a tirios y a troyanos. Como era de esperar la primera intervención de Jean-Fernand Setti —Escamillo—, “Toreador”, produjo sensación: la estatura del barítono-bajo, su voz viril, la precisión de su acento, la justeza de sus decires y la potencia desplegada justificaron la reacción del público.

Perrine Madoe fue una Micaëla delicada y sutil que asumió su cometido vocal con firmeza y discreción, como convenía al personaje. El resto del reparto contribuyó al éxito de la velada. Lamia Beuque (Mercedes), Charlotte Bonnet (Frasquita) las dos compinches femeninas, genialmente acompañadas por Jean-Gabriel Saint-Martin (Dancaire) y Néstor Galván (un excelente Remendado). Guilhem Worms (Zuniga) y Richard Rittelmann (Morales) representaron con autoridad (vocal) l ejército sublevado.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL

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