'Domitila', un monólogo de dos voces

Madrid

30 / 09 / 2024 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

teatro de la zarzuela El estreno en España de 'Domitila', de João Guilherme Ripper © Fundación Juan March / Dolores IGLESIAS
teatro de la zarzuela El estreno en España de 'Domitila', de João Guilherme Ripper © Fundación Juan March / Dolores IGLESIAS
teatro de la zarzuela El estreno en España de 'Domitila', de João Guilherme Ripper © Fundación Juan March / Dolores IGLESIAS

Fundación Juan March

João Guilherme Ripper: DOMITILA

Estreno nacional

Ana Quintans. Grupo instrumental integrado por Irene Martínez Navarro, Esteban Jiménez y Borja Mariño. Nereydas. Dirección musical: Borja Mariño. Dirección de escena: Nicola Beller Carbone. 28 de septiembre de 2024.

Los epistolarios han mantenido siempre un encanto especial para el público, desde Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos hasta Querido Miguel de Natalia Ginzburg. Parte de esa seducción está en que conocer la intimidad de quienes se escriben convierten al lector en narradores omniscientes de la relación, partícipe de lo que se dice y lo que se calla. un observador privilegiado de la tormenta. El punto de partida de Domitila, la nueva ópera de cámara de la Fundación Juan March en colaboración con el Teatro de La Zarzuela y el Teatro Mayor Santo Domingo de Bogotá (ver previa en este enlace), es un reflejo de la correspondencia entre Pedro I, el primer emperador de Brasil, y Domitíla de Castro Canto y Melo, su amante y, a la postre, marquesa. El interés de la propuesta, más allá de lo musical, radicaba en que en realidad se trata de un monólogo en el cual la protagonista pondrá las palabras —y el punto de vista— de ambos personajes. Algo parecido a coger solo el primer tercio de La mujer justa de Sándor Márai.

El compositor brasileño João Guilherme Ripper lleva ya varias décadas demostrando que posee una narrativa propia, ecléctica e independiente de las vanguardias, no porque las ignore, sino porque selecciona qué encaja en su universo multirreferencial. Tiene en su haber nueve óperas, entre ellas la magnífica Piedade, aunque Domitila es precisamente la primera de todas. La ventaja de su perspectiva abierta es que la música que Ripper imagina para este falso intercambio epistolar conecta rápidamente con el público, que localiza patrones sonoros desde la música folclórica hasta el free jazz, desde los paradigmas de Morelenbaum hasta el concepto de lo popular de Villa-Lobos. Aquí, juega con la tonalidad (el amor) y la atonalidad (la ruptura) como medio expresivo independiente de las etiquetas.

"Ana Quintans ofreció su agilidad y la buena colocación de su voz al servicio de un personaje que muta febrilmente en escena. El timbre es hermoso y la faceta actoral sobradamente cumplida"

Aprovechando su doble función como libretista, ordena las cartas con sentido dramático, no en orden cronológico, y ese arco le autoriza a pedirle a Ana Quintans una enorme exigencia de colores, matices y densidades vocales vinculadas con los estados emocionales que derivan de las cartas. La soprano portuguesa ofreció su agilidad y la buena colocación de su voz al servicio de un personaje que muta febrilmente en escena; el timbre es hermoso y la faceta actoral sobradamente cumplida. Gran actuación la del trío musical integrado por Borja Mariño (piano y dirección musical), Irene Martínez Navarro (clarinete) y Esteban Jiménez (chelo), mimetizados en cierta forma con la acción y concentrados en la creación de atmósferas individuales que la música de Ripper precisa.

La dirección de escena corrió al cargo de Nicola Beller Carbone, a quien todos conocen en sus facetas de cantante y docente. Da la sensación de que su recorrido por los escenarios del mundo, desde la Deutsche Oper Berlin hasta la Ópera de Lyon, han conformado una visión espacial y una sabiduría innata a la hora de mover los elementos escénicos que la March proporciona. Domitila habla desde el exilio emocional y Beller Carbone propone multiplicidad de máscaras en el vestuario y un simbolismo continuo, pero asequible, que marcan los distintos elementos, como las cuerdas. El espectáculo emocionó y convenció, y en el aplauso se percibió un cierto toque reivindicativo: el de la defensa de la ópera de cámara, de la ópera reciente, de la ópera latinoamericana.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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