CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Danza y jazz en la misa para infieles de Bernstein en Caracalla
Roma
Opera de Roma
Bernstein: MASS
Nueva producción
Markus Werba. Dirección musical: Diego Matheuz. Dirección de escena: Damiano Michieletto. Termas de Carcalla, 2 de julio de 2022.
Pese a su título, Mass, esta obra de Leonard Bernstein no es en realidad una misa, sino una Theatre piece for Singers, Players and Dancers como la definía el compositor. La base de esta obra sui generis está, efectivamente, en los textos en latín de la misa católica, pero el compositor, autor asimismo del libreto, añade a los mismos varios textos en inglés, a menudo en abierto contraste con los antiguos textos litúrgicos. Estos nuevos textos aportan temáticas modernas como la libertad, la solidaridad y sobre todo la paz, acusando veladamente a la iglesia de haberse olvidado de ellas. Bernstein no teme tampoco el enfrentamiento con cuestiones metafísicas, nada nuevas probablemente, pero sí igualmente válidas. ¿Existe Dios? Y si existe, ¿por qué se muestra tan lejano e indiferente?
Los protagonistas son el Celebrante y los fieles, que discuten con él y oponen a las palabras de la liturgia sus dudas, insatisfacciones y acusaciones. Estos fieles son personas que se pueden encontrar por la calle de cualquier ciudad americana y se expresan cantando rock, blues y góspel. Muchos números musicales, como el delicioso “Dubing dubang dubong” hubieran cabido perfectamente en un musical de Broadway. Pero la ambición de Bernstein era ir más allá y crear una nueva especie de obra lírica, popular y americana. Hay, por tanto, en Mass mucho rock y muchísimo jazz, pero se oyen también lejanas reminiscencias del canto gregoriano, citas a la Novena Sinfonía de Beethoven e incluso algo de dodecafonía. Bernstein consigue crear una continuidad natural con materiales tan dispersos y sobre todo sabe usar estos continuos e imprevistos cambios de registro para aumentar la teatralidad de la música. El resultado es absolutamente irresistible.
En esta mescolanza estilística, los cuerpos artísticos del Teatro dell’Opera de Roma se encontraron perfectamente cómodos, desinhibidos, motivados, convencidos y felices. Muy bien estuvieron la orquesta, el coro y el cuerpo de baile bajo la dirección de Diego Matheuz, muy identificado con este tipo de música. Los numerosos solistas de canto solo se destacaban en momentos aislados, a excepción del protagonista, Markus Werba, que aportó la necesaria autoridad al papel del Celebrante.
Firmaba la puesta en escena Damiano Michieletto, reconocible en algunas ideas originales que integraba la de los coreógrafos Sasha Riva y Simone Repele, porque la danza es un elemento fundamental de la acción y a menudo bailarines, cantantes y figurantes se mezclaban indistintamente, con un resultado que solo puede obtenerse con un diálogo muy intenso con el regista. Lo cierto es que el espectáculo funcionó muy bien, dinámico y fascinante de principio a fin. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL
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