CRÍTICAS
NACIONAL
Akhmetshina y González iluminan la 'Carmen' de Michieletto
Madrid
Teatro Real
Bizet: CARMEN
Nueva producción
Aigul Akhmetshina, Charles Castronovo, Lucas Meachen, Adriana González, David Lagares, Toni Marsol, Natalia Labourdette, Marie-Claude Chappuis, Lluís Calvet y Mikeldi Atxalandabaso. Dirección musical: Eun Sun Kim. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 10 de diciembre del 2025.
Tras los éxitos que cosechó en el Teatro Real primero como protagonista de La Cenerentola —en 2021, en el segundo reparto— y después como Elisabetta de Maria Stuarda, el público madrileño aguardaba el regreso de Aigul Akhmetshina en esta Carmen, más aún, interpretando a un personaje que pareciera hecho a medida de la mezzosoprano rusa: sensual, carismático, de apariencia sencilla, pero de gran complejidad y con una profundidad capaz de emocionar a cualquier espectador. Así es Carmen y así es la voz de Akhmetshina: natural y ligera, emerge como el delicado canto de «un oiseau rebelle» que poco a poco va ganando cuerpo, volviéndose más adulto, más profundo, sin perder ese encanto sencillo. Justo lo que se espera de la célebre gitana de Bizet.
También estuvo muy ajustada a su personaje la voz de Adriana González, quien interpretó a una tímida pero valiente Micaëla; su aria «Je dis que rien ne m’epouvante» fue lo más aplaudido de la velada, con unos agudos muy orgánicos y bien apoyados que supo mover entre la pequeñez inicial y el arrojo final, contraste que también se pudo apreciar entre su primer y tercer actos que demostraron que González cuenta con un amplio abanico de recursos vocales que le permitieron hacer de esta Micaëla algo memorable.
Aunque correcto, al Don José de Charles Castronovo le faltó garra: nada se le puede criticar en cuanto a técnica al tenor estadounidense que muestra unos agudos bien controlados y con buena proyección. Sin embargo, Don José pide más emoción que justifique a este personaje atormentado y prácticamente lunático, más todavía en esta versión de Michieletto. El dúo final junto a Akhmetshina fue técnicamente impecable, destacando la igualdad tímbrica, pero le faltó un toque de musicalidad que lograra realmente emocionar al espectador. No se pudo decir lo mismo en cuanto a Lucas Meachem como Escamillo: a su voz le faltó apoyo y proyección, no estuvo cómodo en el grave e intentó compensar con unos agudos forzados y carentes de sentido musical. Una pena, pues el Toréador es uno de esos personajes en los que un barítono que encaje con el carácter del rol puede realmente lucirse.
En esta versión escénica, que busca el realismo, se pudo apreciar que el reparto del Teatro Real se configuró pensando en contar con cantantes que encajaran tanto vocal como actoralmente en los roles, aspecto también evidente en los secundarios, en los que destacaron especialmente el gallardo teniente Zúñiga de David Lagares y el timbre liviano pero penetrante de una Frasquita excelentemente caracterizada por Natalia Labourdette. Y es que la propuesta, con una escenografía sencilla, quizás incluso demasiado simple, animaba precisamente a centrarse en los personajes. Damiano Michieletto se decantó por ambientar su Carmen en la España rural de los años sesenta del siglo pasado —un error, en este aspecto, convertir a Don José en Policía Local, existiendo la mucho más folklórica y colorida Guardia Civil—, en una clara voluntad de evocar un costumbrismo tórrido cuya introducción evocó a eso de “el calor que hace esta noche sí que es una atrocidad” de La Verbena de la Paloma. Es de agradecer que, al menos, tratara al espectador como un adulto sin querer explicarle si Carmen es una ópera machista o lo empoderada que es la gitanilla, pero es innegable que se esperaba más del regista: el nocturno, por ejemplo, que en la versión de Bieito tanto dio que hablar, aquí se vacía de cualquier contenido escénico. Sí estuvo impecable el Coro Titular del Teatro Real, buena actuación en escena y bien empastado. Por su parte, la orquesta que lideró Eun Sun Kim no estuvo a la altura: la maestra coreana no logró sacar un sonido compacto ni tampoco equilibrado. Debería agradecer el énfasis que la partitura de Carmen privilegia en el timbre de los solistas, quienes salvaron la parte instrumental.
Con todo, la nueva visión de esta ópera tan popular también comportó momentos entrañables, como el coro de niños del primer acto, escenas que hacen de esta Carmen de Michieletto un espectáculo entretenido; sin embargo, lo memorable se limitó a las voces de Akhmetshina y González. * David SANTANA CAÑAS, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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