CRÍTICAS
NACIONAL
Un elixir aguado para Javier Camarena y Pretty Yende
Barcelona
Gran Teatre del Liceu
Donizetti: L'ELISIR D'AMORE
Javier Camarena, Pretty Yende, Ambrogio Maestri, Huw Montague Rendall, Núria Vilà. Dirección musical: Diego Matheuz. Dirección de escena: Mario Gas. 2 de diciembre de 2025.
Se estrenó en el atardecer del martes el último reparto de este Elisir liceísta, que incluso amparado por la perenne gracia teatral de la producción de Mario Gas no consigue alzar el vuelo en lo musical, por mor de una dirección a cargo de Diego Matheuz que insiste y persiste en los defectos ya conocidos (ver crítica en este enlace), a saber: un acompañamiento desconcertante, unas dinámicas excesivas y, por encima de todo, una lectura nada ligera, despojada de instinto cómico.
No obstante, había a priori un reclamo estimulante en el cartel protagonista formado por Javier Camarena y Pretty Yende, otrora pareja belcantista de moda en la casa, a resultas de unas funciones memorables de I Puritani en la temporada 2018-19 del Gran Teatre. Desafortunadamente, la función del pasado martes también estuvo lejos de cumplir con las expectativas en lo vocal. Se anunció justo antes de empezar que Javier Camarena se encontraba aún en proceso de recuperación de una afección vocal, pero lo cierto es que —con o sin molestias— hace ya cierto tiempo que el instrumento del tenor mexicano parece haber perdido buena parte de su encanto. Se percibe ante todo en un centro que ha perdido lustre y presencia, con un transporte al agudo eventualmente problemático. El resultado de esto es un canto excesivamente mesurado, inseguro; insólito para un solista como él, de naturaleza solar y expansiva. En la parte de las cosas buenas hubo sin duda los momentos de mayor contención lírica: con maña de cantante experimentado ofreció un buen finale del primer acto, «Adina credemi…», y una mesurada «Furtiva» con detalles de calidad. Lo mejor: un Nemorino espontáneo, que ríe y hace reír con todo su frescor.
Por su parte, fue capaz de darle la vuelta a la noche la soprano Pretty Yende, que en el primer acto estuvo especialmente confusa y ya desde la cavatina acusó ciertos problemas de afinación en el agudo, sumados a una colocación errática que afeó y deformó un timbre magnífico por naturaleza. Por fortuna, su Adina se redimió en la gran escena final, con un «Prendi, per me sei libero» de cadencia larga y pausada, al igual que aquella bellísima frase posterior que Donizetti convierte prácticamente en una aria en sí misma «Il mio rigor dimentica, ti giuro eterno amor».
Triunfó una vez más Ambrogio Maestri como Dulcamara, porque la producción de Gas se lo pone en bandeja y porque él está dispuesto a aprovecharlo hasta la última migaja; con una línea canora discontínua y una emisión ruda pero rotunda, hace de su dottore enciclopedico el gran éxito de la noche con soltura de verdadero buffo y pericia de gran hombre de teatro. El apuesto Belcore de Huw Montague Rendall, correctísimo vocalmente e interpretativamente equilibrado, junto a una solvente Giannetta de Núria Vilà —de tendencia ascendente en estas funciones— completaron el elenco. * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





