CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Alessandro Scarlatti y la resurrección de un tesoro barroco
Florencia
Maggio Musicale Fiorentino
Scarlatti: IL CIRO
Estreno en tiempos modernos
Margherita Maria Sala, Mathilde Legrand, Anita Giovanna Rosati, Dennis Orellana, Rémy Brés Feuilliet, Christian Senn, Giuseppe Valentino Buzza. Dirección musical: Chiara Cattani. Dirección de escena: Maria Paola Viano. Teatro Goldoni, 11 de octubre de 2025.
Los 300 años de la muerte de Alessandro Scarlatti son una oportunidad para redescubrir algunas de sus 70 óperas nunca ejecutadas en tiempos modernos. Una de ellas es Il Ciro, compuesta en Roma entre 1711 y 1712, que narra el ascenso al trono de Ciro el Grande, emperador de Persia: parecen hechos novelescos e increíbles, pero realmente ocurrieron, si las antiguas fuentes históricas dicen la verdad. Para esta recuperación moderna del Maggio Musicale Fiorentino, las intrincadas vicisitudes de la trama podrían mantener la atención del público, pero el corte de gran parte de los recitativos —que explicaban lo que sucedía en escena— hizo difícil comprender qué motivaba aquella magnífica sucesión de innumerables arias, además de cuatro dúos y dos coros. La ópera perdió así parte de su dramatismo, aunque la belleza superior de la música de Scarlatti logró, a pesar de todo, resplandecer.
Las partes de los cantantes exigen agilidad, matices, control y estilo, y son de notable dificultad, pero no buscan deslumbrar al oyente con agudos estratosféricos ni adornos excesivos, como ocurre en las óperas de los compositores de la generación siguiente. La figura juvenil y la voz luminosa y clara del sopranista hondureño Dennis Orellana fueron ideales para el personaje de Ciro, representado aquí antes de su ascenso al trono, cuando era un joven pastor enamorado. El contratenor Rémy Brés Feuillet, por su parte, mostró vigor y virilidad en su interpretación de Arsace. El perverso Astiage —que usurpa el trono que correspondería a Ciro y comete horribles crueldades— fue interpretado con la dosis justa de malignidad y perversión por la contralto Margherita Maria Sala, cuya voz, sin embargo, pareció a ratos algo apagada y fatigada, tanto que se pensó que no se encontraba en bien de salud.
En tiempos de Scarlatti, no solo los personajes masculinos mencionados, sino también todos los femeninos, eran interpretados por castrati, ya que las mujeres no podían cantar en los teatros de la ciudad de los papas. Hoy, en cambio, han podido hacerlo. Así, la contralto Mathilde Legrand interpretó con juvenil frescura a la ingenua y adorable Sandane, cuya historia de amor con Ciro se desarrolla paralelamente a la feroz lucha por el poder. La sutil perfidia de su hermanastra Erenia estuvo bien representada por la soprano Anita Giovanna Rosati. Los únicos dos personajes que en el estreno en Roma no fueron confiados a castrati son Mitrídates —aquí interpretado por el chileno Christian Senn, quien, con el timbre puro de su hermosa voz baritonal y excelente estilo, destacó la nobleza del personaje— y el tenor Giuseppe Valentino Buzza, que interpretó irreprochablemente a Arpago, otro personaje deleznable.
Fundamental fue la aportación de la dirección musical de Chiara Cattani: los tempi rápidos fueron brillantes y vivaces, sin las exageraciones de otros intérpretes barrocos, y los tiempos lentos respiraban espléndidamente. La dirección escénica de Maria Paola Viano fue convincente, pero demasiado sencilla e incluso ingenua para un tema tan complejo que se desarrolla en varios niveles estilísticos y expresivos, entre el amor y la lucha por el poder, la generosidad y la crueldad. Acertada, en cambio, la idea de dividir en dos planos el pequeño escenario del setecentista Teatro Goldoni: en primer plano había pocos elementos modernos, mientras que al fondo se proyectaban los bocetos de las magníficas escenografías ideadas por Filippo Juvarra para el estreno absoluto de Il Ciro. * Mauro MARIANI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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