CRÍTICAS
NACIONAL
'Els estunmen' muelen carne muerta en el Lliure
Barcelona
Teatre Lliure
Fernando Velázquez: ELS ESTUNMEN
Estreno absoluto
Cantantes: Sandra Ferrández, Gabriel Díaz, Vicenç Esteve Madrid, José Ansaldi, Josep Ferrer. Actores: Núria Lloansi, Nao Albet, Marcel Borràs. Especialistas: Óscar Dorta, Marc Padró, Óscar Pérez, Carlos Robles, Cadmi Albet Tamarit, Mael Borràs-Clotet. Formación orquestal del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Fernando Velázquez. Dirección de escena: Nao Albet y Marcel Borràs. 15 de abril de 2026.
La ampliación del repertorio operístico con creaciones contemporáneas es urgente. Por eso cada nueva iniciativa en este sentido hay que aplaudirla, aunque, como es el caso de Els estunmen, la risotada en la cara que se le hace al género no muestra mucha sensibilidad ni respeto. Pero, ¿hay que tenerle respeto? Es esta nueva creación sus creadores, los actores, directores y libretistas Nao Albet y Marcel Borràs, más bien se enfrascan en sus propias cavilaciones metiendo mil asuntos en una máquina de moler carne muerta –recurriendo a una de las metáforas que ellos mismos utilizan– para crear una hamburguesa deforme y algo indigesta, pero muy jugosa.
Con una trama multilingüe en constante evolución/descomposición, tal y como le sucede al personaje protagonista encarnado por una actriz y por una mezzosoprano como su doble lírico, la obra plantea poner en tela de juicio la figura del héroe masculino que chorrea testosterona que ha acompañado a la civilización desde sus comienzos gracias a imponerse por la violencia. Y hasta hoy. Como espejo de esa figura ambos creadores se valen de la figura de los especialistas cinematográficos que, estando siempre en la sombra, aquí devienen protagonistas. En mil peripecias, tirando de presupuesto gracias a un montaje alucinante –una coproducción del Teatre Lliure de Barcelona, que acogió su estreno, conjuntamente con el Liceu, los Teatros del Canal y el Teatro Real (ver previa en este enlace)–, la propuesta se vende como una ópera con partitura de Fernando Velázquez. ¿Ópera, opereta, zarzuela, comedia musical? Con todos sus intérpretes microfonados, la obra se aleja de las tres primeras por principio, pero eso da igual, ya que las fronteras del género están muy dadas desde hace décadas. El caso es que Albet y Borràs han vendido su moto y se la han comprado, ya que ambos tenían ganas de experimentar en el ámbito lírico, según han afirmado, aprovechando para ello dar un paso más en un díptico que juntos vienen desarrollando desde hace unos años sobre temas que les preocupan. El montaje, impresionante como se ha dicho, cuenta con escenografía de Max Glaenzel, vestuario de Sílvia Delagneau, caracterización de Toni Santos, iluminación de Andreu Fàbregas, efectos especiales de In Extremis y diseño sonoro de Igor Pinto.
Aclamada en su estreno, Els estunmen utiliza buenos intérpretes y un despliegue de medios de país del primer mundo para ofrecer su hamburguesa irónica y sarcástica, con los dos creadores como narradores-poetas-líricos deshojando la trama con un humor nada sofisticado. Las buenas actuaciones llegaron de la mano de la mezzosoprano Sandra Ferrández y del tenor Vicenç Esteve, que lo dan todo en papeles difíciles y que quedan a ratos en segundo plano, junto, claro está, a la actriz Núria Lloansi, que ofrece un gran trabajo como Evangelina, la sufrida protagonista que pierde un hijo (quien, a su vez, mata a decenas de personas) y, en su ánimo de venganza, acaba masculinizada convertida en un tiarrón cachas y barbudo, todo un héroe según las directrices sociales. Convenció también el arrojo en su canto del también tenor José Ansaldi y las buenas intenciones del contratenor Gabriel Diaz, aunque de agudos estridentes y de afinación dudosa, con un Josep Ferrer que hizo lo que pudo en sus intervenciones, siempre exigentes. Los especialistas Óscar Dorta, Marc Padró, Óscar Pérez y Carlos Robles, aunque alguno se presenta también como actor, la verdad es que dejan mucho que desear cuando les toca actuar (y no doblar o hacer sus acrobacias).
Hay también fantásticas intervenciones de avezados figurantes, todos bien coreografiados (como cada miembro de la compañía, mérito también de los dos creadores) y sometidos a las limitaciones del género musical, es decir, a los tempi que marca el maestro desde el podio. Este papel lo jugó el propio compositor ante 19 maestros de la Simfònica del Liceu que se pasearon por ritmos y estilos líricos, operísticos y zarzuelísticos, wagnerianos, puccinianos y barrocos, pero también por una banda sonora teatral que ambienta y crea atmósferas, necesariamente incidental.
Vitoreada y aclamada, y sabe muy mal decirlo, quizás Albet y Borràs hubieran llegado a su público mucho más fácilmente con el mensaje que querían explicar sin necesidad de partituras. *Pablo MELÉNDEZ-HADDAD, Jefe de Redacción de ÓPERA ACTUAL
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