La música disipa las dudas de la escena en 'Rigoletto'

Oviedo

15 / 12 / 2025 - Jonathan MALLADA - Tiempo de lectura: 3 min

verdi campoamor Ernesto Petti como Rigoletto © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ
verdi campoamor Alexandra Nowakowski como Gilda © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ
verdi campoamor Sandra Ferrández y Celso Albelo como Maddalena y Duca © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ
verdi campoamor La nueva producción de 'Rigoletto' de Susana Gómez © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ
verdi campoamor Celso Albelo como Duque de Mantua © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ

Ópera de Oviedo

Verdi: RIGOLETTO

Nueva producción

Ernesto Petti, Celso Albelo, Alexandra Nowakowski, Sandra Ferrández, Roberto Scandiuzzi, Gianfranco Montresor, Gabriel Alonso, Francisco Cruz, Ángel Simón, Nerea González, Teresa de Albéniz. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dirección musical: Óliver Díaz. Dirección de escena: Susana Gómez. Teatro Campoamor, 12 de diciembre de 2025.

La nueva producción de Rigoletto presentada en la Ópera de Oviedo gozó el pasado viernes de un gran éxito en lo musical, dejando dudas la escena diseñada por la ovetense Susana Gómez, quien reaprovecha conceptual y materialmente la producción de Hamlet de hace varias temporadas (ver previa en este enlace). Aunque su propuesta, con un espacio acotado por tres paredes y simplicidad de elementos, logra acompañar —en líneas generales— el desarrollo dramático, incurre en algunos desajustes, como la integración del vestuario en el discurso teatral o la inclusión, en la apoteosis expresiva del desenlace, de un aguacero que rompe por completo la estética y emoción del dúo final. El vestuario de Gabriela Saleverri fue otra de las sombras de la función, con unos trajes muy coloristas que, sin embargo, no lucieron en ningún momento. Más acertados estuvieron la iluminación de Félix Garma y las coreografías ideadas por Olimpia Oyonarte que llenaron un espacio escénico sin demasiado atrezzo, un hecho que también intentaron paliar las vídeoproyecciones de Rubén Rayán, con algunas siluetas inquietantes en los momentos de mayor dramatismo.

La ópera de Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave inspirado en Le Roi s’amuse de Victor Hugo, exige un cuerpo vocal capaz de conjugar el patetismo que encierran las obras del genio de Busetto con la expresividad y el lirismo más sutil y refinado. En este sentido, el reparto que puso en liza la Ópera ovetense fue un bloque muy sólido y compacto que rindió al público desde los primeros compases.

"Ernesto Petti, caracterizado con joroba y cojera, ofreció un Rigoletto pletórico gracias a su amplia tesitura y su poderoso 'fiato', que le permitió manejar los fraseos a voluntad y ligar algunos pasajes"

Ernesto Petti, caracterizado con joroba y cojera, ofreció un Rigoletto pletórico gracias a su amplia tesitura y su poderoso fiato, que le permitió manejar los fraseos a voluntad y ligar algunos pasajes, como el aria “Cortigiani, vil raza dannata”, de cierto efectismo. Celso Albelo brilló como Duque de Mantua, con una interpretación vocal muy convincente propia de quien domina el rol a la perfección; el tenor tinerfeño, que ya encarnara este papel en la última producción ovetense de Rigoletto en 2016, extrajo todo el jugo posible a la cabaletta “Possente amor mi chiama” a través de su esmaltado timbre, culminando sus intervenciones con una luminosa “La donna è mobile”. Por su parte, Alexandra Nowakowski —becada por la Fundación ÓPERA ACTUAL en 2023— personificó una Gilda de enorme musicalidad, con un notable dominio técnico, impecable afinación y un control exquisito del volumen, como se apreció en los pianísimos del “Tutte le feste al tempio” o en el célebre “Caro nome”, redondeado con un ligero vibrato bien controlado.

Roberto Scandiuzzi y Sandra Ferrández (como Sparafucile y Maddalena, respectivamente), conformaron una pareja vocal y dramática de gran solidez y convicción en un rotundo tercer acto. Bien Francisco Cruz, Ángel Simón, Nerea González y Teresa de Albéniz en sus roles y algo más exigidos Gianfranco Montresor (El conde de Monterone) y Gabriel Alonso como Marullo.

La dirección musical de Óliver Díaz al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) —y de la Banda de Música Ciudad de Oviedo que conformaba el interno— fue uno de los grandes pilares de la función; su lectura, atenta al equilibrio entre foso y escena, permitió un acompañamiento sensible hacia los cantantes, así como una sonoridad compacta y plena de la orquesta, que se acomodó a los tempi del maestro ovetense sin mayor dificultad. El coro titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo) respondió con solidez y empaste, aportando la fuerza y el dinamismo precisos en las escenas de conjunto.  * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL

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