Las estrellas wagnerianas iluminan el 'Parsifal' encarcelado de Serebrennikov

Viena

13 / 04 / 2026 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 4 min

Franz-Josef Selig (Gurnemanz) y Gerald Finley (Amfortas) © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
La producción de 'Parsifal' de Kirill Serebrennikov © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
Klaus Florian Vogt como Parsifal © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN

Wiener Staatsoper

Wagner: PARSIFAL

Gerald Finley, Franz-Josef Selig, Matheus França, Klaus Florian Vogt, Werner van Mechelen, Jennifer Holloway. Dirección de escena: Kirill Serebrennikov. Dirección musical: Axel Kober. Orquesta y Coro de la Ópera de Viena. 8 de abril de 2026.

En la Ópera Estatal de Viena, la llegada del tiempo pascual llevó consigo la reposición de Parsifal, como suele ser tradición en muchos teatros del mundo germánico. El «festival para consagrar la escena» de Richard Wagner volvió a las tablas en la puesta en escena de Kirill Serebrennikov, estrenada en 2021 a puerta cerrada en medio de la pesadilla pandémica. El experimentado maestro Axel Kober, invitado habitual en el foso vienés, dirigió un ensemble de ensueño, con verdaderos clásicos del fach wagneriano.

Con su Parsifal vienés, Serebrennikov se reafirmaba como uno de los nombres claves del Regietheater contemporáneo. Su relectura de los caballeros del Santo Grial como internos de una prisión es radical sin ser irrespetuosa con el texto original. Al fin y al cabo, Wagner ya imaginó la secta liderada por Gurnemanz (en Viena, brillantemente estereotipado como viejo mafioso) anquilosada en una situación límite, muy cercana a la privación de libertad. Partiendo de esas condiciones iniciales, muchas de las decisiones del director convencen por su coherencia y por el diálogo que consiguen establecer con el complicado libreto wagneriano. Buen ejemplo de ello es la solución del regista ruso para las largas explicaciones de Gurnemanz en el primer acto, durante las cuales el personaje tatúa a sus discípulos toda suerte de símbolos religiosos, marcándolos así como pertenecientes a una comunidad, igual que lo hace la narración original a través de la transmisión de una historia y unos saberes determinados.

Relegándolos en el opaco ambiente de una prisión, Serebrennikov no deja que los malogrados caballeros se constituyan en nombre de nada. Todo rito tiene lugar dentro de la banalidad de la prisión, y si pasa en nombre de algo, lo hace en nombre de la extraña cohesión que proporciona la privación de libertad. Una tal secularización de la más abiertamente mística de las obras de Wagner es sin duda interesante, pero se cobra algunas víctimas: el misterioso Amfortas, por ejemplo, es más o menos abandonado por Serebrennikov. No así por su intérprete, un convincente Gerald Finley, que encaró el personaje desde su acostumbrada solidez vocal y salió ileso del brutal «Erbarmen! Erbarmen!» del tercer acto.

Finley formaba parte de un grupo de estrellas reunidas en Viena para celebrar la misa decadentista de Parsifal desde la excelencia musical. Franz-Josef Selig es el Gurnemanz de referencia de muchos wagnerianos, viejos y jóvenes, y continúa demostrando, a sus 63 años, que lleva el rol dentro: si bien la voz ya no tiene la potencia que tenía –los clímax melódicos del famoso Kafreitagszauber no fueron tan amplios como se suele esperar–, Selig conoce todos los rincones de la partitura y lo demuestra con una seguridad que se agradece especialmente en una obra tan compleja melódicamente como Parsifal.

"Franz-Josef Selig es el Gurnemanz de referencia de muchos wagnerianos, viejos y jóvenes, y continúa demostrando, a sus 63 años, que lleva el rol dentro"

Algo parecido puede decirse de Klaus Florian Vogt, quien, dejando de lado sus recientes aventuras con Tristan y Siegfried, parece haber moldeado su voz, a lo largo de su carrera, para el rol de Parsifal. En Viena le ayudó la puesta en escena de Serebrennikov, que prevé un doppelgänger del protagonista encargado de la parte interpretativa y sitúa al cantante casi al borde del escenario, en formato concierto, durante toda la función. Vogt brilló especialmente en el Karfreitagszauber del tercer acto, atacando sin esfuerzo aparente las delicadas notas agudas de las sucesivas réplicas de su personaje, pero se mostró algo áspero en el dúo del segundo acto. Allí fue superado por Jennifer Holloway, una Kundry tímbricamente rica, si bien algo plana a nivel interpretativo. Solo un grupo de voces de estas características podría haber hecho frente al verdadero bloque de sonido que produjo la portentosa Orquesta de la Ópera de Viena. El viento-metal, en especial, estuvo un tanto desajustado en los forti y fortissimi del preludio y en algunos acentos de la partitura del segundo acto. También el Wagner más ancho exige, a veces, la moderación.  * Lluc SOLÉS, crítico de ÓPERA ACTUAL

.wt-cli-cookie-bar-container { display: none !important; } #etiquetas_noticias_relacionadas, #pf-src-icon, #cabecera_noticia { display: none !important; } #pf-content #pf-header-img { max-height: 100px !important; margin-bottom: 40px !important; } #pf-content img { width: 100% !important; height: auto !important; } #printfriendly img { width: 100% !important; height: auto !important; }