CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Inesperados sueños de ensueño
Niza
Opéra de Nice - Côte d'Azur
Martinů: JULIETTE OU LA CLÉ DES SONGES
Nueva producción
Ilona Revolskaya, Aaron Blake, Samy Camps, Clara Barbier Serrano, Marina Ogli, Louis Morvan, Paul Gay, Oleg Volkov, Elsa Roux Chamoux y otros. Dirección musical: Anthony Hermus. Dirección de escena: Jean-Philippe Claras y Olivier Deloeuil (Le Lab). 11 de marzo 2025.
Juliette ou la clé des songes (Julieta o la llave de los sueños), del poco programado pero gran compositor checo Bohuslav Martinů (1890-1959), fue estrenada en Praga en 1938, con libreto del compositor traducido por él mismo al checo del original francés ante la imposibilidad de estrenarla en Francia donde residía desde el año 1923. Juliette es una versión musical de la obra de teatro homónima de Georges Neveux vista en París en 1930. La obra progresa en un ambiente entre onírico y surrealista: un joven –Michel– interesado por la fugaz visión de una muchacha –Juliette–, quiere y puede verla y comunicar con ella en sueños… Pero en sueños provocados, una práctica que supone un alto riesgo; a pesar del peligro real que ello supone, Michel decide seguir adelante hasta la locura. El sueño se interrumpe de mil maneras por una infinidad de personajes imaginados –este es el lado surrealista de la obra–, lo cual retarda la progresión de la relación entre los dos protagonistas, vale decir, los momentos oníricos, por supuesto los más líricos del cuento.
La producción propuesta por la Opéra de Nice – Côte d’Azur abarca –probablemente por vez primera en Francia– la obra de Martinů en su totalidad. En los últimos 50 años, en Francia se había solamente representado en la Opéra national de Paris, y en una versión reducida. Dado que el compositor escribió la obra en Niza, Jean-Philippe Claras y Olivier Deloeuil (Le Lab) directores de escena y responsables de la escenografía y del vestuario– no dudaron en integrar lugares y características (las famosas sillas azules) de la bella ciudad de la Riviera Francesa en su trabajo. Para los dos primeros actos imaginaron un lugar irreal, en el que espejos y haces de luz (Christophe Pitoiset) produjeron multitud de reflejos y transparencias propicios a la evocación del sueño. En este ambiente onírico pudieron circular sin problemas los personajes surrealistas de la historia: nadie se extrañó de ver pasar por allá al vendedor de sueños, al pequeño árabe, a la vendedora de pájaros y a tantos otros, susurrando o vociferando según los casos las cosas más incongruentes que se pueda imaginar. Todo cambió en el tercer acto; ante una escenografía de líneas bien definidas el público comprendió que las visiones anteriores eran solo sueños fabricados gracias a una máquina de tipo IRM. El salto entre los dos mundos fue sorprendente.
Anthony Hermus consiguió de la orquesta una lectura emotiva sin ostentación, sonora sin excesos, lineal y clara, apoyando los múltiples efectos dramáticos del libreto en un diapasón de ritmos y colores tan rico y variado como se puede pensar de un sueño.
Aaron Blake interpretó el personaje de Michel con fuerza y sutilidad; no se fue por las ramas como un loco muy sano y midió sus propósitos con calma y tino, solo que él quiso (y obtuvo) quedarse con su amada a pesar de todo. El tenor norteamericano emitió su voz con una prosodia francesa de gran calidad, naturalidad y generosidad; su timbre relució infinidad de veces sin que se sintiese exceso en el volumen o dificultades en el registro agudo. A su lado Ilona Revolskaya configuró su personaje –canto y figura– atractiva y hasta provocativa por momentos, pero también como un objetivo fuera del alcance del muchacho: una Juliette con todos los atractivos para ser idealizada, para ser amada incluso a su pesar.
Es imposible aquí comentar el inmenso trabajo de los demás artistas que dieron vida a tantos personajes de esta obra, pero no se puede pasar en silencio por la potencia y la presencia de Paul Gay como Vendedor de sueños o también como el Prisionero, o bien ante la sutileza dramática de Oleg Volkov, como el Viejo árabe o el Vigilante nocturno, o aun ignorando la fineza dramática y el lirismo vocal de Clara Barbier Serrano como Vendedora de pájaros. Y así se debería proseguir con Marina Ogli (Vendedora de pescado), Louis Morvan (Mendigo ciego) y Elsa Roux Chamoux (Joven árabe); ellos, junto a los demás artistas que encuadraron la noche con sus arabescos dramáticos, mostraron voces contundentes y bien ajustadas a sus insólitos personajes. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL
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