ENTREVISTAS
Nadine Sierra, soprano: "Al final lo que tienes que hacer no es cantar 'La Traviata', sino ser la Traviata en escena"
Desde la primera función el 17 de enero hasta la última, el 1 de febrero, la soprano estadounidense brindó en las seis representaciones que cantó en el Liceu una versión antológica de La Traviata que ya ha pasado a los anales del teatro barcelonés. En junio y julio volverá a ser Violetta Valéry, esta vez en el Teatro Real de Madrid, en 10 funciones que también prometen ser memorables. En estado de gracia, Nadine Sierra regresará en abril al Liceu con un concierto junto a la soprano Pretty Yende y además para cantar seis funciones de La sonnambula, escenario en el que despedirá la temporada interpretando una versión de concierto de West Side Story bajo la dirección de Gustavo Dudamel.
La crítica ha coincidido en calificar la interpretación de Nadine Sierra de La Traviata el pasado enero en el Gran Teatre del Liceu de excepcional. La soprano estadounidense ha triunfado cantando una ópera nada fácil, porque en cada interpretación convive con los mitos y fantasmas de versiones maravillosas de sopranos del pasado. Pero ella, afirma, hace su propia aportación. “Quizá sea una de las pocas que no ve el personaje de Violetta Valéry con tres voces diferentes. No estoy de acuerdo con esta teoría común”, afirma Sierra. “Creo que su trayectoria vocal deber estar en armonía con la de los demás personajes. Lo que sí cambia a lo largo de la ópera es lo que le sucede emocionalmente, y su personalidad, no solo porque su enfermedad empeora, sino porque esa chispa de amor recién encontrado cambia su percepción sobre su vida y quiere aferrarse a ella. Ese cambio es importante mostrarlo tanto teatral como vocalmente con los colores que imprimes a tu voz. No se trata de cantar primero de forma más ligera, luego más lírica y finalmente más dramática. Se trata simplemente de imprimir matices y colores a unas palabras que están impregnadas de emociones. Al final lo que tienes que hacer no es cantar La Traviata, sino ser la Traviata”.
Para no solo cantar un personaje, sino hacerlo creíble en escena, actúa. ¿Es ese su secreto?
Pongo muchos de mis propios sentimientos en la forma en que interpreto a Violetta. Recuerdo emocionalmente mis experiencias, todas las relaciones que se han desmoronado, algunas tragedias que han acontecido en mi vida, y las trabajo cuando canto el personaje. Es casi como una terapia, pero no digo nada a nadie sobre mis problemas personales o mi vida personal, aunque pienso en ellos: es como puedo relacionarme con este personaje, la forma en la que puedo, durante esas tres horas, creer que soy otra persona. Y si puedo hacer eso, pienso que permite al público creer que sobre el escenario soy Violetta Valéry y no Nadine Sierra. Al menos ese es mi objetivo. Esto es lo que yo aporto al personaje, pero estoy segura de que en el pasado otras sopranos tuvieron esta misma idea. Ahora trato de encontrar el equilibrio entre sentir el dolor de cosas personales que me han afectado y seguir cantando bien, porque pese al dolor que Violetta siente hay que hay que seguir cantando de manera hermosa.
Con la enorme satisfacción del público y las excelentes críticas de las funciones del Liceu, ¿cree que las representaciones de La Traviata que cantará en junio y julio en el Teatro Real pueden incluso tener un éxito mayor?
Sí. Lo pensaba mientras cantaba en el Liceu, porque durante la celebración del Concurso de Viñas me encontré con Joan Matabosch, director artístico del Real, e inmediatamente pensé si él sabía lo que iba a pasar en el Real, [finalmente se presentará la producción de Willy Decker y no la de David McVicar que ha estado cantando en el Liceu]. Cuando cantamos diversas veces una misma producción acabas sintiéndote como en casa, te invade una sensación de tranquilidad y seguridad sobre algo que no es nada fácil, como cantar La Traviata, y cada vez que repites el mismo papel te sientes más y más cómoda y en cada nueva función tienes la oportunidad de resolver cualquier pequeño problema que surja, lo que hace que normalmente las últimas representaciones suelen ser las mejores.
¿Hace lo mismo cuando interpreta otros personajes?
Ya sea Violetta, Gilda, Juliette, Amina o Manon, intento hacer lo mismo, porque así es como disfruto de la ópera, ya sea cantando o como público, cuando
realmente creo que los cantantes son los personajes que interpretan. Creo que eso es lo que debió haber sentido Maria Callas cuando se convirtió en la Callas.
Era capaz de transportar al público a una realidad diferente. Como también lo hacía Renata Scotto, que ha sido uno de mis mayores ídolos. Que la gente se pierda en la historia y en la música como yo me perdí cuando tenía diez años y vi por primera vez La Bohème en el Met de Nueva York con Teresa Stratas, Renata Scotto y José Carreras. Ellos me hicieron creer que eran realmente Mimì, Musetta y Rodolfo. Y eso cambió mi vida, mi forma de ver el arte del canto. Me encantaría si puedo en algún momento no solo llevar eso a la ópera, sino también inspirar a las generaciones más jóvenes a hacer lo mismo, que es posible tener una gran técnica vocal mientras eres un actor real y combinar las dos cosas y hacer que el público olvide que en realidad estás cantando.
Violetta es el personaje vocalmente más pesado de los que canta, manteniendo papeles ligeros como los de Gilda o Amina. ¿Cuánto tiempo cree que podrá mantenerlos en repertorio?
Debo escuchar mi voz y prestar mucha atención a lo que la hace sentir cómoda, porque está cambiando. Ahora tengo 36 años y en mayo cumpliré 37. Mi voz
tiene un poco más de calidez y profundidad, especialmente en la parte central. Pero cuando trabajo por mi cuenta, sigo practicando los agudos para mantener
las cuerdas vocales lo suficientemente flexibles como para cantar las notas más agudas y, por supuesto, seguir teniendo las coloraturas. Creo que es muy importante mantener un equilibrio, incluso si la voz está empezando a volverse más central; los roles de soprano ligera me ayudan en ese equilibrio. No quiero que un día cuando cante solo papeles líricos me arrepienta de no haber completado algunas cosas que me hubiera gustado hacer en el repertorio lírico-ligero y que todavía puedo hacer hoy. Tampoco quiero por ahora cargar demasiado peso en mis cuerdas vocales. Mientras mantenga mi voz saludable y me permita progresar vocalmente y en mi técnica, mantendré los roles lírico-ligeros y los líricos. Mi coach y profesor, Kamal Khan, con el que llevo trabajando desde que tenía 13 años, lo ve bien.
¿Qué nuevos papeles planea añadir a su repertorio?
En un futuro tengo previsto incorporar papeles más pesados, como Mimì, Desdemona, la Marguerite de Faust o Maria Stuarda. Ya he hablado con algunos
teatros para cantar Anna Bolena, pero mientras sigo con mi repertorio. Los nuevos papeles los iré incorporando en un plazo de entre tres y cinco años.
¿Le interesa la zarzuela?
Sí, mucho. Si alguien me propone un proyecto interesante para cantar una zarzuela, diré que sí. Porque algunas de estas músicas son muy hermosas y el hecho de que haya partes cantadas y otras habladas no me asusta, porque crecí no solo con la ópera sino también haciendo teatro y teatro musical.
Hablando de teatro musical, al final de la temporada del Liceu cantará West Side Story. ¿Cómo de próximo siente el papel de María?
Lo canté en 2018 con Antonio Pappano también en versión de concierto, tal y como se hará en el Liceu; nunca lo he escenificado. Eso es cosa de mi hermana menor, Melanie Sierra, que ha hecho una gira durante dos años por Europa y Asia cantando el personaje de María. He de confesar que viendo a mi hermana aprendí mucho sobre la obra y sobre el personaje, que siento muy próximo, como también la situación que narra la obra. Crecí con padres muy humildes que nos dieron a mí y a mis dos hermanas todo lo que tenían. Lucharon por el sueño americano comenzando desde abajo y trabajando para ascender. La mía es una familia de emigrantes que dieron a sus hijas las oportunidades que quizás ellos no tuvieron en sus países. Además, yo también he crecido viendo la película
West Side Story.
También regresa en abril al Liceu con un concierto junto a la soprano Pretty Yende, con quien ya cantó en abril del año pasado en Madrid y en Palma. No es frecuente poder ver a dos sopranos en concierto, ¿Cómo surgió la idea?
Efectivamente, no es común ver a dos sopranos en concierto. Pretty Yende y yo nos conocemos desde que éramos adolescentes. Las dos hemos compartido el mismo profesor de canto, Kamal Khan, quien le daba clases a ella en Ciudad del Cabo y a mí en Florida. Khan me hablaba de Pretty y a ella le hablaba de mí. Finalmente, nos conocimos en Ciudad del Cabo cuando las dos todavía estudiábamos y nos hicimos muy amigas. La idea del concierto juntas surgió cuando ella entró en la misma agencia en la que yo estaba y que justo a principios de año acabo de dejar porque me sentía muy infeliz. Fue al encontrarnos en la misma agencia que se nos ocurrió la idea de hacer conciertos juntas, en los que nos lo hemos pasado muy bien, tanto que a veces parecía que no era trabajo. Sin embargo, ahora que he dejado esa agencia sospecho que el concierto del Liceu será el último que cantaremos, [finalmente Pretty Yende no pudo participar por enfermedad de un familiar cercano, tal y como comentó Nadine Sierra durante el mismo] porque teníamos otro en Francia y yo ya he caído del cartel. Esto es lo que pasa cuando hay gente tóxica en la industria de la ópera, que daña las relaciones a causa de sus agendas egoístas. – ÓA
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