ENTREVISTAS
Tomislav Jukić: “Ganar un concurso es un gran estímulo psicológico”
El tenor croata destaca por sus recientes galardones en concursos internacionales de canto como el Cascais Ópera y el Josep Palet. Ha sido miembro del Opera Studio de la Ópera de Zúrich y del programa de jóvenes cantantes del Festival de Salzburgo.
El joven tenor croata Tomislav Jukić vuelve este verano al Festival de Salzburgo para participar en Werther, de Massenet, asumiendo el papel de Schmidt, además de formar parte de la gala de clausura del Festival de Dubrovnik. La próxima temporada se incorpora al elenco estable de la Ópera de Leipzig donde interpretará, entre otros, los papeles de Don Ottavio (Don Giovanni) y Lensky (Evgeni Onegin). Asimismo, actuará en la Ópera Nacional de Croacia como Narraboth en Salome.
Acabas de ganar el Gran Premio del Concurso Internacional de Canto Cascais Ópera y el Concurso Josep Palet 2026. ¿Qué significan estos premios en esta etapa inicial de tu carrera? En primer lugar, para mí, como para cualquier joven cantante, premios como estos representan una importante confirmación del trabajo y la dedicación que invertimos en nosotros mismos, como artistas y como personas. El camino de un cantante no es fácil; exige perseverancia, constancia y mantenerse fiel a uno mismo durante muchos años. Ganar un concurso no solo supone un valioso apoyo económico, sino también un gran estímulo psicológico. Te da la confianza de que vas por el buen camino y te motiva a seguir trabajando en tu desarrollo artístico y personal.
¿Qué ha significado formar parte del International Opera Studio de la Ópera de Zúrich y cuánto tiempo llevas siendo miembro? Cuando era estudiante de la Academia de Música de Zagreb, no era plenamente consciente de cómo funcionaba un estudio de ópera ni de las oportunidades que podía ofrecer a un joven cantante. Siempre me pareció algo lejano, casi inalcanzable; una meta reservada para una etapa más madura de la carrera. Sin embargo, la oportunidad llegó mucho antes de lo que esperaba, ya durante mi segundo año de estudios en la clase de la profesora Martina Zadro. Gracias a su apoyo y recomendación, reuní el valor para trasladarme y perseguir mi sueño de actuar en uno de los grandes escenarios del mundo de la ópera. Debo admitir que al principio me sentí abrumado. Todo era nuevo: un país diferente, un entorno de trabajo distinto e incluso otro idioma. Sin embargo, tras un período sorprendentemente breve, empecé a sentirme como en casa. Los miembros del teatro de ópera fueron acogedores y profesionales, y el ambiente de trabajo estaba magníficamente organizado. Una vez comprendí cómo funcionaba el sistema, todo empezó a resultarme muy natural. Participé en más de 50 producciones y funciones junto a artistas como Piotr Beczała, Anna Netrebko, Barrie Kosky, Marco Armiliato y George Petean. También tuve el privilegio de participar en un concierto benéfico en el que interpreté un dúo de La Cenerentola junto a la gran Cecilia Bartoli. A lo largo de esta experiencia he aprendido mucho más que técnica vocal. Observé cómo trabajan los artistas consagrados: cómo se preparan, cómo ensayan, cómo cuidan su voz y cómo afrontan las representaciones. Eran cuestiones que siempre me habían despertado curiosidad y, en Zúrich, tuve la fortuna de encontrar muchas de las respuestas. Siempre que tenía ocasión me acercaba para pedirles consejo. Además del crecimiento artístico, Zúrich también me ha brindado oportunidades inestimables para establecer contactos profesionales, realizar audiciones, asistir a clases magistrales y seguir desarrollándome. Para un joven cantante, una experiencia de este tipo no tiene precio, y animaría a todo artista emergente a presentarse a este tipo de programas.
Formaste parte del Young Singers Project del Festival de Salzburgo, una de las plataformas más prestigiosas para jóvenes cantantes. ¿Cuáles fueron las lecciones más valiosas que aprendiste de esa experiencia? Fue, en muchos sentidos, una continuación de mis estudios, ya que me incorporé al programa durante el verano posterior a mi primer año en la Academia de Música. Aunque guarda ciertas similitudes con un estudio de ópera, en Salzburgo todo sucede a un ritmo mucho más intenso porque el festival se celebra durante los meses de verano. Siempre hay algo que ver, escuchar o de lo que aprender. Nos trataron con un enorme nivel de profesionalidad y nos ofrecieron oportunidades extraordinarias. Tuvimos acceso a ensayos generales de grandes producciones y conciertos, trabajamos con excelentes maestros de canto y pedagogos, y participamos en audiciones ante algunas de las figuras más influyentes del panorama operístico. Lo que más aprecié fue la intensidad del ambiente. Estar rodeado de intérpretes y producciones de primer nivel resultó inspirador y motivador. Me impulsó a elevar mis estándares y a reflexionar con seriedad sobre los siguientes pasos de mi carrera. Me hace especialmente feliz regresar este verano como artista invitado para interpretar a Schmidt en Werther de Massenet. Tiene un significado muy especial.
La próxima temporada te incorporarás al conjunto estable de la Ópera de Leipzig. ¿Qué significa para un joven tenor formar parte de una compañía con una tradición operística tan distinguida? Supone un paso muy importante en el plano profesional y una transición natural hacia la siguiente etapa de mi desarrollo. Pertenecer a un conjunto estable ofrece la oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido. Es el momento de adquirir experiencia sobre el escenario, seguir explorando y desarrollando la propia voz y descubrir qué repertorio resulta más adecuado para un crecimiento artístico a largo plazo. Lo considero una etapa fundamental de aprendizaje, pero también de construcción de los cimientos de una carrera sólida y duradera. Además, me siento afortunado por tener la oportunidad de trabajar con el prestigioso director croata Ivan Repušić, cuya trayectoria admiro desde hace muchos años.
Tu repertorio abarca desde Monteverdi hasta Strauss y Puccini. ¿Qué estilos musicales consideras más adecuados para tu voz en este momento? Quiero abordar la elección del repertorio con prudencia. En esta etapa deseo centrarme en el repertorio de tenor lírico. Me atraen los papeles de las óperas de Mozart y Donizetti, y quizá también los de Rossini. Uno de los papeles que más ilusión me haría debutar en un futuro próximo es Nemorino, de L’elisir d’amore, un personaje y una partitura que admiro y con los que siento una gran afinidad. La próxima temporada interpretaré papeles como Lensky, Rinuccio, Don Ottavio y Arlecchino. Me gustaría explorar en el futuro algunos de los papeles de tenor lírico de Verdi, pero esas decisiones deben tomarse en el momento oportuno. Por las redes sociales estamos constantemente expuestos a los logros y las actuaciones de otros artistas. A veces eso crea la impresión de que los demás avanzan más deprisa, lo que puede generar una presión innecesaria. Además, el mundo de la ópera se mueve hoy a un ritmo muy rápido. A menudo se presentan oportunidades muy atractivas, pero no todas son las adecuadas para una voz concreta en una determinada fase de su desarrollo. Mi manera de afrontarlo es mantenerme centrado en mi propio crecimiento y evolución. Tengo un círculo de personas en quienes confío plenamente: profesores, mentores y colegas cuyas opiniones valoro porque sé que siempre serán objetivos. El desarrollo vocal no puede acelerarse. Nadie puede correr antes de aprender a caminar. Las cuerdas vocales son músculos como cualquier otro y se desarrollan gradualmente, adquiriendo fuerza, flexibilidad y madurez con el tiempo. Si un cantante aborda un repertorio demasiado pesado demasiado pronto, el resultado puede ser un daño vocal o, como mínimo, una carrera mucho más corta.
¿Provienes de una familia de músicos o de cantantes de ópera? No, aunque la música siempre ha ocupado un lugar importante en nuestras vidas. Mi hermana es pianista y, cuando éramos niños, ambos estudiamos en la escuela de música de Split. Yo admiraba profundamente su dedicación. Mi padre cantaba en un coro de iglesia durante sus años de instituto y vengo de una región donde la música forma parte de la vida cotidiana. Es difícil imaginar una reunión familiar sin cantar. Tanto mi madre como mi padre tienen muy buen oído, pero, desgraciadamente, las circunstancias de su generación no siempre permitían dedicarse a lo artístico. En ese sentido, me siento agradecido por las oportunidades que yo sí he tenido y por el apoyo incondicional de mi familia.
¿Cuándo decidiste dedicarte profesionalmente al canto? Me enamoré del canto en el coro de mi instituto. Lo que más me fascinaba era sentir cómo muchas voces individuales podían unirse para crear un único sonido. Uno de mis profesores me comentó que quizá tenía condiciones para dedicarme al canto solista, y esa idea empezó poco a poco a tomar forma. Hay un momento concreto al que vuelvo con frecuencia en mi memoria. Por entonces estaba descubriendo la música de Dvořák, un compositor al que admiro profundamente, y encontré el aria «Měsíčku na nebi hlubokém», de Rusalka, y las emociones que experimenté al escucharla fueron tan intensas que volvía a ella todos los días. No entendía el checo ni conocía el argumento de la ópera, pero eso importaba. La combinación de la voz humana y la música de Dvořák me conmovió de una forma que jamás había experimentado. Más allá de la técnica, de la interpretación o de las aspiraciones profesionales, el objetivo último del canto es emocionar. Si un cantante consigue despertar en un oyente siquiera una pequeña parte de lo que yo sentí en aquel momento, habrá logrado algo verdaderamente importante.
¿Existe alguna tradición musical o escuela vocal croata que haya influido en tu desarrollo artístico? ¿Qué profesores o cantantes han sido una referencia? Para cualquier joven que crece en Dalmacia, el primer contacto con el canto suele llegar a través de la tradición de la klapa. Este estilo de canto a cappella está arraigado en nuestra región y es parte de nuestra identidad cultural. Croacia ha dado un gran número de artistas líricos de prestigio, como Milka Trnina, Dunja Vejzović, Giorgio Surian, Vladimir Ruždjak y muchos otros. Durante la secundaria, Sanja Erceg Vrekalo desempeñó un papel decisivo en mis primeros pasos como cantante. Más tarde, en la Academia de Música de Zagreb, tuve el privilegio de estudiar con la profesora Martina Zadro; también he aprendido muchísimo de los maestros repetidores y mentores con quienes he trabajado en Zúrich y Salzburgo. Y siempre me he sentido atraído por los grandes tenores de la vieja escuela: Di Stefano, Pavarotti, Carreras, Domingo, Corelli, Hadley y Gigli han sido una inspiración. Admiro la belleza de su sonido, la elegancia de su fraseo y, sobre todo, su extraordinaria capacidad para transmitir emociones.
¿Qué repertorio te interesa y qué papeles u óperas te gustaría debutar en los próximos años? Es una muy buena pregunta, aunque siempre me resulta difícil responderla, porque suelo encontrar algo que me apasiona en cada ópera que descubro. Me hace ilusión interpretar Lensky en Evgeni Onegin en Leipzig. La música de Chaikovsky posee una escritura vocal llena de amplias líneas de legato de enorme expresividad. Hay varios papeles de tenor lírico que me atraen, como Ferrando, Don Ottavio y Nemorino. Mirando un poco más hacia el futuro, Alfredo Germont me interesa enormemente, como también Rodolfo en La Bohème.
Después de tus recientes éxitos y de los importantes compromisos que tienes por delante, ¿cuál es hoy el mayor sueño artístico de Tomislav Jukić? Seguir creciendo como artista mientras comparto la música con públicos de todo el mundo. Sueño con actuar en la Metropolitan Opera de Nueva York, La Scala de Milán y otros grandes escenarios que han marcado la historia de nuestro arte. Al mismo tiempo, deseo construir una carrera larga que me permita seguir disfrutando de la profesión y continuar desarrollándome como artista durante años. También me haría muy feliz que, gracias a mi propia experiencia y trayectoria, pudiera inspirar y apoyar a las nuevas generaciones. Si algún día se presenta la oportunidad, me gustaría fundar una escuela de canto en la ciudad donde crecí y compartir la belleza de esta profesión. La música tiene el poder de cambiar vidas, y sé lo mucho que pueden significar para un joven artista la orientación, el apoyo y las oportunidades. Poder culminar mi carrera devolviendo a otros parte de lo que yo he recibido sería, para mí, una profunda satisfacción.– ÓA
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