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Marko Mimica canta Musorgsky: "Sus canciones de la muerte conforman una obra que nunca se agota"
El próximo 5 de marzo en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, junto a la Filarmónica Eslovaca, dirigida por Daniel Raiskin, el bajo-barítono Marko Mimica aborda el ciclo Cantos y danzas de la muerte de Modest Musorgsky, una de las obras más intensas y sobrecogedoras del repertorio vocal ruso. Dentro de la programación de Ibermúsica, el mismo programa se ofrecerá dos días antes, el 3 de marzo, en el Auditorio de Zaragoza y, tras su paso por Madrid, el 8 de marzo, en el Auditorio ADDA de Alicante.
Nacido en Croacia, el bajo-barítono Marko Mimica se ha consolidado en los últimos años como una de las voces de su cuerda más sólidas de su generación, habitual en los repartos de las temporada de diferentes teatros españoles y del continente. Entre 2011 y 2016 fue miembro del ensemble de la Deutsche Oper Berlin y, desde entonces, ha sido invitado por el Gran Teatre del Liceu, la Ópera de Roma, el Teatro Massimo de Palermo, la Opéra national de Paris o el Teatro Real, además de participar en certámenes como el Rossini Opera Festival. El próximo 5 de marzo cantará Cantos y danzas de la muerte de Modest Musorgsky en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, junto a la Filarmónica Eslovaca, dirigida por Daniel Raiskin, en un concierto que se complementa con obras sinfónicas de Smetana, Rueda y Borodin. Esa será la segunda cita de esta gira española de la Filarmónica Eslovaca programada por Ibermúsica que empezará el día 3 en el Auditorio de Zaragoza para concluir el 8 de marzo en el Auditorio ADDA de Alicante.
¿Qué significa para ti abordar este ciclo de Musorgsky? Es siempre un privilegio y una responsabilidad. Estoy profundamente agradecido y entusiasmado cada vez que tengo la oportunidad de interpretarlo porque creo que es una auténtica obra maestra del compositor y, a su vez, una de las creaciones más profundas y valientes del repertorio sinfónico vocal. He tenido la fortuna de cantarlo en varias ocasiones, tanto con piano como con orquesta, y cada vez ha sido una experiencia completamente distinta. Es una obra que nunca se agota.
¿Qué desafíos vocales y expresivos encuentras en ella? Uno de los mayores es no caer en la tentación de oscurecer artificialmente la voz por el hecho de tratarse de música rusa con una temática tan especial. El color debe surgir de la intención y del texto, no de una manipulación forzada del sonido. Otro reto importante es evitar la sobredramatización: la música ya contiene una intensidad enorme, y el peligro está en exagerarla. La clave, para mí, es mantener la honestidad expresiva y confiar en la fuerza contenida de la partitura.
© AAOC / Alfonso REGO El bajo Marko Mimica y el pianista Marcos Madrigal
¿Cómo ha sido el proceso de preparación con la Filarmónica Eslovaca? Aún no he empezado a trabajar con la orquesta —comenzaremos esta semana—, pero he escuchado cosas excelentes sobre la Filarmónica Eslovaca y tengo muchísimas ganas de este encuentro, primero en Bratislava y luego en la gira por España.
Habiendo interpretado ambas versiones, ¿qué matices aporta la orquestal frente a la con piano? Siempre es especial reencontrarse con una obra que ya he cantado varias veces y descubrirla desde otro ángulo. La versión con piano, lógicamente, es más íntima: permite trabajar con más matices, más detalles y arriesgar más en dinámicas y colores muy finos. Es un formato más directo y cercano. Al hacer el ciclo con orquesta, en cambio, la energía cambia: hay que sostener más el sonido, apoyar mejor la voz y dar mayor impulso y presencia. La orquesta, en todo caso, ofrece una riqueza de colores y de atmósferas que el piano no puede aportar. Es otra dimensión de la misma obra, más amplia y poderosa.
La figura de la Muerte en esta obra adopta distintos rostros y atmósferas. ¿Cómo trabajas la caracterización de cada canción para dotarla de identidad propia sin perder la unidad del ciclo? Las cuatro canciones forman un universo unificado al presentar a la Muerte como una presencia única y en evolución: pasa de lo íntimo y personal (el niño, la amante, el campesino) a lo colectivo e histórico (el campo de batalla). Es la misma Muerte en todo momento; solo cambia el contexto. No intento hacer cuatro voces diferentes. Procuro mantener el mismo centro vocal y la misma intención, y dejar que cada situación hable por sí sola. En Canción de cuna, todo es más íntimo y contenido. En Serenata, hay algo más cercano, casi seductor. En Trepak, la energía es más física y rítmica. Y en El Mariscal de campo, el sonido se abre y la presencia se vuelve más grande, casi inevitable. La partitura ya es muy fuerte. Si se mantiene la honestidad y el control, la unidad del ciclo se sostiene por sí sola.
© XXXI Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ Marina Monzó y Marko Mimica en el Teatro Campoamor
Tras el estreno en Bratislava y del desembarco en Madrid, esta gira también te llevará a Zaragoza y Alicante. ¿Cómo vives la experiencia de presentar un programa tan intenso en distintas ciudades en pocos días? ¿Cambia algo en el enfoque interpretativo de un auditorio a otro? Seguro que algo cambia. Para mí, las salas y su acústica influyen muchísimo. Cada espacio responde de manera distinta y eso afecta directamente a cómo proyectas el sonido y cómo construyes los matices. No es lo mismo una acústica más seca que una sala más generosa y resonante. También cambia la energía del público. Hay audiencias que reaccionan más al silencio y a la tensión contenida; otras responden más a la potencia y a los grandes contrastes. Es interesante percibirlo y, sin traicionar la obra, adaptarse ligeramente a esa energía. Nunca he cantado ni en Zaragoza ni en Alicante, pero he escuchado que las salas son increíbles, por lo que tengo muchas ganas de descubrirlas. Será una gira intensa, sin duda. Tendré que administrar bien la energía y la voz entre concierto y concierto, pero es algo a lo que estoy acostumbrado y que sé manejar, cuidando lo básico: comer bien, hidratarme mucho, dormir todo lo posible y mantenerme en silencio cuando no estoy cantando, que no siempre es lo más fácil…
En un momento en que tu carrera combina ópera, recitales y repertorio sinfónico-coral, ¿cuáles son tus próximos compromisos que quieras destacar? Estoy muy agradecido de cómo está funcionando la carrera y disfruto mucho el equilibrio que tengo ahora mismo. Prefiero no proyectarme demasiado hacia el futuro. Canto principalmente ópera, que es el centro de mi actividad, pero sigo encontrando espacio para algunos recitales, que disfruto muchísimo por la cercanía y la libertad que ofrecen. Y, por supuesto, obras como el Requiem de Verdi sigue llevándome por distintos escenarios del mundo, algo que siempre es un privilegio.– ÓA
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