ENTREVISTAS
Emilio Sagi, director de escena: “No quiero parecer intelectual, sino emocionar”
Es uno de los directores de escena españoles más prestigiosos. Galardonado con el Premio ÓPERA ACTUAL 2010, periódicamente regresa a las páginas de la revista debido a su imparable trayectoria. Acaba de estrenar nuevas producciones en Santiago de Chile y en Buenos Aires; en las próximas semanas se reponen su Carmen en Oviedo y su Corte de Faraón en Palma, y en marzo, en el Festival de Teatro Lírico Español, El gitano por amor de Manuel García.
Como director artístico ha llevado las riendas del Teatro de La Zarzuela, del Teatro Real y del Arriaga bilbaíno. Como regista ha dirigido repertorio italiano, francés, alemán y español, ópera seria, bufa, grand-opéra, opéra-comique, tonadilla escénica, comedia musical, opereta y, cómo no, zarzuelas en todos sus formatos. Con más de cuatro décadas de trayectoria, Emilio Sagi continúa incansable haciendo lo que más le gusta, imaginar nuevas producciones, aunque es tan amplio su legado que son varios los teatros que en este curso cuentan con sus creaciones: el Villamarta de Jerez en noviembre revivió su elegante Don Gil de Alcalá, el Principal de Palma comienza 2026 recuperando su festiva La corte de Faraón, la Ópera de Oviedo despide su curso con su quinta producción de Carmen y en el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo le esperan con El gitano por amor. Todo ello tras sus recientes Werther en el Municipal de Santiago de Chile y La Traviata en el Colón de Buenos Aires. De ambos montajes, explica a ÓPERA ACTUAL, se queda, sin duda, “con el trabajo con los cantantes. En Santiago ambos repartos fueron excelentes y tratamos con profundidad a los personajes. Al final nos sentimos muy cómodos y resultaron unas funciones interesantísimas. La traviata del Colón me trajo muchos recuerdos, porque debuté como director de escena con esa obra en Oviedo, en los años ochenta. No me acuerdo de cómo lo hice, pero trabajar sobre una obra tan importante siempre te exige mucho y te hace mantener una intensidad máxima”.
Cuando recibe un encargo, ¿cómo lo afronta? Cada obra es un mundo y nunca me planteo un estilo o una forma de trabajar. Lo primero que hago, si no la conozco, es escuchar muchas veces una grabación, como me pasó cuando hice Linda di Chamounix o Il mondo della luna. En caso de no disponer de grabación, como El gitano por amor de Manuel García, tienes que trabajar con la partitura. No obstante, el momento crucial son los ensayos con los cantantes, pues ahí recibes muchos más datos. Si la ópera tiene un libreto basado en una obra literaria, eso te aporta más herramientas. Con Werther leí muchísimo sobre críticas de Las desventuras del joven Werther y con Traviata sobre La dama de las camelias y sobre Rose-Alphonsine Plessis, en quien se basó Dumas para su novela. También me gusta buscar otras referencias, revisar vídeos… Pero es en los ensayos donde cada cantante aporta su personalidad que es sobre lo que hay que trabajar. La dirección de escena no se realiza de forma dictatorial, sino colaborativa. En La traviata quise subrayar la injusticia de una sociedad moralista y clasista y la dignidad de la protagonista a la que Verdi reviste con una música maravillosa. Si lo pensamos es algo muy actual: una familia acomodada que no soporta que uno de sus miembros –en este caso, Alfredo– tenga una relación con una persona de un mundo moralmente dudoso. Violetta es esa víctima irredenta que incluso se miente a sí misma, porque el “Sempre libera” no deja de ser un autoengaño; ella no quiere ser libre, sino conseguir el amor, llena de dignidad y eso es lo que me interesa.
¿Notó diferencias con el público europeo? No. Tanto en América, ya sea en Chile, Argentina o en Estados Unidos, donde en mayo volveré a la Ópera de San Francisco para una producción de El barbero de Sevilla, el público es muy entusiasta, pero tampoco veo diferencias incluso en países orientales, como el de Tokio, donde en febrero vuelvo con Rigoletto. Hay que ser honesto y trabajar sobre la obra, no pensando en el resultado.
Siempre trabaja con un equipo definido: Daniel Bianco, Eduardo Bravo, Nuria Castejón… También ha incluido a Pablo Núñez. ¿Qué es lo que más valora de este diseñador chileno?
Su experiencia y su honestidad. Yo había visto cosas suyas, tanto de escenografía como de vestuario, y siempre me parecieron muy interesantes. Por otra parte, cuando trabajo fuera de mi entorno, me gusta colaborar con artistas locales. En La traviata trabajamos el vestuario con la argentina Renata Schussheim. Eso sí, cuento con mi equipo de toda la vida porque, después de tantos años, te entiendes al minuto.
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