ENTREVISTAS

Julio César Picos, director musical: "En dirección orquestal es natural empezar como maestro repetidor y acabar siendo director musical"

14 / 11 / 2025 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 5 min

El maestro Julio César Picos © Emilio LÓPEZ

El director de orquesta asturiano, con una cada vez más pujante carrera internacional, dirige en Basilea El barberillo de Lavapiés, de Barbieri, con subtítulos en inglés y alemán, alternándose con José Miguel Pérez-Sierra y ante un reparto que encabezan David Oller, Carmen Artaza, Cristina Toledo y Santiago Sánchez. La puesta en escena es de Cristof Loy, un enamorado del género hispano.

Confiesa el maestro Julio César Picos que empuñar la batuta no fue algo que deseara con vehemencia y pasión desde niño. Podría decirse que no fue un hecho vocacional, si no que le llegó sin proponérselo. Y a su tiempo. Asturiano de nacimiento, ha hecho y deshecho bastantes maletas y se ha embarcado en unos cuantos vuelos con destino a los teatros de ópera más importantes. Estudió en Oviedo y Gijón, es pianista de formación y asistente de director musical. Debutó dirigiendo ópera en diciembre de 2019 con una Cenerentola en el Teatro Massimo Bellini de Catania, justo antes de la pandemia. Después le tocó esperar. “Y ante la perspectiva que teníamos delante y la incertidumbre por lo que podría suceder, decidí abrir dos librerías de segunda mano, en Oviedo y Gijón. Y van muy bien”, cuenta este músico con alma de librero. ¿Y con qué género se queda, literariamente hablando? Julio César Picos lo tiene claro: “Estando en la ciudad que tiene una Semana Negra, casi es obligado decir que me gusta el género, pero voy leyendo cada vez más ensayo y novela histórica”, aclara.

Pero lo suyo es la música, eso lo tiene claro. Sobre sus inicios cuenta que cuando estudiaba en el Conservatorio de Oviedo, casi ya al final del ciclo superior, la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo se quedó sin pianista. “Era 2001 y yo entonces tenía veintipocos; me gustó el ofrecimiento que me hicieron y acepté el reto encantado. La verdad es que no estaba muy metido en lo lírico, pero lo hice y decidí acompañarles. Fue estupendo. Después llegaron colaboraciones con el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, vamos, la temporada de zarzuela de la ciudad, que es una de las más importantes en España, y empecé como maestro repetidor. Esto me dio la posibilidad de trabajar con un buen número de directores, de conocerlos mejor, de ver de cerca su manera de trabajar, cómo se organizan, etc., y acabé empapándome del oficio. No es la idea que yo tenía, pero una cosa me fue llevando a otra, y aquí estoy”, explica un maestro que ya ha trabajado diecisiete años en el Teatro Campoamor de Oviedo, tanto en zarzuela como en ópera. “He ido dando los pasos que eran naturales. Empiezas acompañando a los cantantes, diriges primero los ensayos, después las funciones. Y ya está. En la dirección orquestal es un paso natural empezar como maestro repetidor y acabar como director musical”, explica. Y en ese devenir natural ha tenido su peso y su poso José Miguel Pérez-Sierra, actual director musical del Teatro de La Zarzuela, a quien suele asistir y a quien considera un gran amigo. Se abría el Opera Studio del Palau de Les Arts de Valencia y él le animó a que fuera. Entró como pianista. El director era nada menos que Alberto Zedda. ¿Cómo era aprender de él? “Estabas frente a una leyenda, delante de un hombre incansable que trabajaba todos los días y a todas las horas. Con él podíamos profundizar en el repertorio que quisiéramos. Siempre se mostraba accesible, dispuesto a aconsejarnos y haciendo gala de una inmensa generosidad. En Les Arts su adjunto era el maestro Pérez-Sierra. En esos años aprendimos  estilo, cómo hacer Verdi o cómo abordar el bel canto, es decir, todo lo que un gran maestro te puede enseñar. Poder tener cerca a talentos como Zedda o Lorin Maazel fue una oportunidad única porque aprendes junto a ellos, te empapas de sus explicaciones. Lo recuerdo como una época dorada en la que hice grandes amigos. Muchos de aquellos pianistas que compartimos aula han acabado en grandes teatros, desde el Sao Carlos de Lisboa a La Monnaie de Bruselas. Y hemos seguido en contacto”, concluye. Como asistente de Zedda trabajó en La scala di seta y L’italiana in Algeri. Y con Maazel estuvo como pianista en una Manon.

© Festival Cafca

Julio César Picos con la orquesta Oviedo Filarmonía

A José Miguel Pérez-Sierra le conoció mientras trabajaban en 2007 en Oviedo, en El rey que rabió, de Chapí. Y desde ese momento hicieron estupendas migas: “Él procede de la escuela italiana, de Gelmetti. Le dije que me gustaría poder asistirle y aprender a su lado. Y desde ese momento hasta hoy hemos hecho ya unas cuantas producciones juntos y he podido trabajar muy a gusto. Diría que somos amigos fraternales que compartimos producciones de vez en cuando”. Y una de ellas es El barberillo de Lavapiés, de Barbieri, donde vuelven a coincidir, esta vez en el Theater Basel, la Ópera de Basilea (Suiza). Picos dirigirá tres funciones los días 28 de noviembre y 7 y 28 de diciembre. El regista que firma el montaje es Christof Loy, quien ha creado una compañía –Los Paladines– para divulgar la zarzuela allí donde pueda y en la que colabora estrechamente el maestro Pérez-Sierra y también Julio César Picos. Asegura que Christof Loy realiza “una lectura muy profunda de los personajes. En las lecturas de las tramas de las zarzuelas que plantea hay espacio para la risa y la sonrisa, y también para ofrecer otra visión de la obra, porque le da una vuelta de tuerca a nivel emocional. Como resultado, la propuesta acaba siendo muy luminosa y al tiempo, elaborada y compleja. Se nota que lo disfruta y que es un entusiasta del género. Loy es un profesional con una sensibilidad bastante especial”.

La versión de El barberillo de Lavapiés, estrenada a finales de septiembre, ha significado un triunfo para el coliseo. “Es uno de los grandes éxitos del género que, además, aterriza por primera vez en esta ciudad, y ha sido asombroso ver que el público sale del teatro encantado. Traer la zarzuela a esta ciudad de Suiza es fantástico, sobre todo porque los medios con los que se está haciendo son estupendos, las voces de primer nivel y la escena la firma uno de los grandes. Y qué decir de una orquesta, que es excepcional…”, cuenta. El pasado 27 de septiembre, cuando se celebró la primera representación, el éxito fue clamoroso, con más de diez minutos de aplausos y el público puesto en pie. La zarzuela había tomado una nueva plaza, Basilea, y la barbería de Lamparilla, donde gira la acción, ya se había convertido en un espacio emblemático.

© Theater Basel / Cingo HOEHN

La nueva producción de Christof Loy de 'El barberillo de Lavapiés'

Julio César Picos volverá a Madrid el año que viene. Le espera el Proyecto Zarza del Teatro de La Zarzuela con un título de campanillas, Bohemios. “Hacer zarzuela por y para jóvenes bien y con calidad es apasionante. Fue un acierto de Daniel Bianco en su etapa al frente del teatro que era necesario y fundamental mantener y así lo considera la actual directora, Isamay Benavente”, señala. Entre la ópera y la zarzuela no se siente mejor ni más a gusto con una o con otra: “Cada autor, así como cada género, tiene lo suyo”, dice con entusiasmo. Y 2026 le dará, además de la oportunidad de regresar con más zarzuela al teatro de la Plazuela Teresa Berganza donde la temporada pasada dirigió La tabernera del puerto, título que este verano llevó al Festival de Krynica (Polonia) con la Filarmónica de Cracovia.

Por ahora poco más puede adelantar de futuros compromisos: uno será en Viena, con el gran Pablo Luna como perfecta excusa, y otro en su Asturias natal, la próxima primavera.– ÓA

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