ENTREVISTAS

Entrevista a María José Montiel. Premio ÓPERA ACTUAL a la trayectoria artística

01 / 01 / 2025 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 7 min

montiel premio María José Montiel como Federica de 'Luisa Miller' en Ópera Nacional de París © © ONP / Franck Ferville
Montiel mezzo La mezzosoprano María José Montiel © Pilar PELLICER

Cantante de raza y fuste, es una corredora de fondo con una carrera de cuarenta años. Y Premio Nacional de Música y Académica de Bellas Artes, orgullosa y honrada de ocupar la vacante que dejara la inolvidable Teresa Berganza. Por su garganta han pasado desde Carmen a Leonora, sin olvidar a Amneris o a María Moliner. Orgullosa de ser Premio ÓPERA ACTUAL 2024 a toda una carrera, divide su tiempo entre la escena y el aula de canto de la Universität der Kunste de Berlín, donde da clases a alumnos de entre 18 y 28 años de diversas nacionalidades.

Habría que empezar por el final. María José Montiel, móvil en mano, enseña cómo es el aula donde da clase en Berlín. Es catedrática de canto desde 2019 en la Universität der Künste, una referencia en artes en Europa. Todo está en su sitio en el aula. El cielo azul se cuela por una de las ventanas, un tono casi magrittiano, precioso. Ahí está el piano donde ensayan los alumnos. Y un elemento fundamental, un gran espejo. En la pared, una pizarra con una palabra escrita en varios idiomas: Amor. Que no falte el amor en esa pequeña Babel que es su clase.

Montiel, mezzosoprano nacida en Madrid, ha cantado, y lo sigue haciendo, en muchos de los escenarios más importantes del mundo desde su debut profesional en 1984 con un concierto en el Ateneo de Madrid y una gira por diversas ciudades españolas interpretando el personaje protagonista de la ópera Ligazón de José Luis Turina. En su extensa trayectoria ha recibido grandes reconocimientos, como el Premio Nacional de Música (2015), el Premio Lírico Campoamor (2011) o haber sido nombrada académica por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, distinciones a las que ahora suma el Premio ÓPERA ACTUAL a toda una carrera. Cantante de vocación y nacimiento –su madre era pianista y su abuelo cantante lírico– también disfruta siendo Frau Professor Montiel, porque le encanta dar clases y compartir su conocimiento. Al tiempo, recoge agradecida lo que le brinda el grupo de jóvenes artistas que tiene a su cargo en la facultad. Y cuando la docencia le deja tiempo, lleva su música por los escenarios más relevantes.

Soy exigente técnica e interpretativamente y también afectuosa. Este curso tengo doce alumnos con edades que van entre los 18 y los 28 años. Trato de ser comprensiva con ellos y les doy todo lo que he aprendido durante mi trayectoria.

¿Y aprende de ellos?

Por supuesto. Aprendo de todo. De lo bueno y de lo menos bueno. Se respira un ambiente estupendo entre los alumnos. Es una relación que nos enriquece siempre en ambos sentidos.

Una profesora que también es académica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Se vio alguna vez pronunciando su discurso de bienvenida?

Nunca lo pensé, como tampoco que podría hacer una carrera como la que he hecho, tan prolongada, internacional, con un repertorio tan variado. Lo que sí supe desde bien temprano es que quería cantar. Fui una adolescente con muchísima fuerza, siempre llena de energía, superactiva y toda esa euforia la canalicé a través de la voz. Algo tenía que hacer con esa energía que tenía de sobra… Que al cabo de tantos años de carrera, una institución como la Academia de Bellas Artes de San Fernando se fije en ti resulta emocionante.

premio a trayectoria Como Amneris de 'Aida' en el Festival de Bregenz © Bregenz Festspiele / Monica FOKKELMAN
premio a trayectoria Como protagonista de 'Carmen' en el Teatro Massimo de Palermo © Teatro Massimo
premio a trayectoria Como La Cieca de 'La Gioconda' en el Liceu de Barcelona. © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

¿Cómo recuerda el momento en que le hacen la propuesta?

Tenemos que irnos atrás en el tiempo y situarnos un año antes de la lectura del discurso, es decir, en junio de 2023. Sentí una felicidad inmensa. “Dios mío, qué suerte tengo”, pensé entonces. Y lo pienso ahora. Es una de las experiencias más bonitas y especiales que he vivido. Es muy difícil ser académica y, además, tomar el relevo de la gran Teresa Berganza. Para mí significa un reconocimiento a todos mis años de esfuerzo, trabajo y tesón, porque me ha costado muchísimo estar donde estoy. Y me siento absolutamente orgullosa de cómo lo he hecho.

Usted es una artista que siempre ha ido por libre.

Soy una mujer muy independiente, libre, que jamás ha estado sujeta a los grupos de poder que acaparan la ópera en según qué latitudes y que puede presumir de haber construido su carrera con honestidad y transparencia absoluta. Y hacer una carrera fuera de esos círculos que son tan poderosos es realmente difícil. Imagino que también sucederá en otros ámbitos de la vida. Para ello he contado siempre con el apoyo de mi familia en un millón por ciento en los momentos más duros. Me he sentido también arropada por la gente que me quiere, que es mucha, y por todos aquellos que han creído en mí y confiado en mi voz. A todos ellos estaré eternamente agradecida.

"Es muy difícil ser académica y, además, tomar el relevo de la gran Teresa Berganza. Para mí significa un reconocimiento a todos mis años de esfuerzo, trabajo y tesón, porque me ha costado muchísimo estar donde estoy"

La suya está siendo una carrera de fondo.

Sí. Esta es una carrera que me ha dado enormes satisfacciones y una gran felicidad, pero en la que también ocurren cosas surrealistas, con egos encontrados, presiones… Por ejemplo, como que se llegue a producir un accidente por una escenografía peligrosa, te caigas, te vayas directo al hospital y te quedes sin poder moverte y que el teatro no te indemnice. O que el personaje de Carmen, en una visión realmente absurda, tenga que seducir, no a Don José, sino a unos tubos fluorescentes que había en escena. Yo me he mantenido en esta carrera de fondo por la enorme vocación que tengo y por mi pasión por la música y el canto. Y, desde luego, por mi tesón constante que ha hecho que, a pesar de las muchas piedras que he hallado en el camino, haya seguido adelante, haya buscado los papeles que realmente convenían a mi voz. En España es muy complicado destacar y labrarte un futuro, aquí no se hacen carreras, hay que marcharse fuera. Casos de trayectorias que funcionan en el país sí que las hay, pero son puntuales.

Es decir, todavía es necesario tener que irse de España para despegar.

Es un tema que no está superado. Y los jóvenes lo tienen francamente complicado. Yo procuro ayudar a la gente joven que está estudiando y a mis colegas. Me gusta tender la mano. Se puede hacer una carrera con libertad, ganas y pasión.

Cuatro décadas de trabajo dan para mucho. Lo que habrá visto y oído…

He visto y disfrutado mucho, pero también he sufrido en según qué circunstancias. Pero toda esa experiencia me ha hecho ser una mujer serena, tomarme las cosas con más tranquilidad. Todo suma, la vida te enseña y la profesión, también.

¿Ha conservado la esencia que la llevó a dedicarse a un trabajo tan exigente y competitivo como este?

He sido la misma a lo largo de todos estos años. Sigo siendo la misma y mantengo esa esencia, el amor interno está ahí y la misma ilusión por todo, por cada cosa que hago.

Del divismo de la prima donna se ha pasado al de los directores de escena, en ocasiones más protagonistas que los cantantes. Usted hablaba en su discurso de ingreso a la academia del “divismo de los que no cantan”.

Durante los años en activo de las grandes divas como la Callas o la Tebaldi, eran los directores de orquesta quienes empezaban a hacer sus pinitos. Tiempo después tomaron el relevo los directores de escena, que son hoy divos absolutos, y de todo hay: tremendamente talentosos y otros tan poco convincentes que son capaces de cargarse una ópera. ¿Por qué? Porque van en contra de la música y de la historia que cuenta el libreto. Ya no es solamente trasladar la obra de época, que me parece bien en según qué ocasiones, sino evitar seguir la historia y la música. O que el artista tenga que cantar mientras corre o salta en medio de una aria de extrema dificultad. Y eso es lo grave. Hay ocasiones en que sobre el escenario hay tanto movimiento, tanta gente, tanto lío, que da igual lo que se esté cantando.

Volviendo atrás en el tiempo, a La vida breve, de Manuel de Falla, en octubre de 1997. Con esta obra, junto al ballet El sombrero de tres picos, usted reinauguraba el Teatro Real. Francisco Nieva fue el director de escena y el desaparecido Luis Antonio García Navarro, responsable musical del coliseo, estuvo en el podio. ¿Cómo lo recuerda?

Fue un estreno difícil enmarcado en una época con una gran politización. El destino quiso que yo estuviera ahí y pude cantar el papel de Salud en todas las funciones. Sentí una profunda admiración por Nieva desde el primer momento en que comenzamos a trabajar, y me dijo algo que nunca olvidaré: “La música te lo dice todo, hasta los gestos sobre la escena”. Me pareció una gran lección. Sin embargo, recuerdo que en aquel estreno se pisaban minas, había demasiados malestares. Para mí, sin duda, fue uno de los hitos de mi carrera. Después estrené esta misma obra en Australia y también la canté en el Carnegie Hall de Nueva York entre otros escenarios.

premio óa 2024 María José Montiel en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, el día de su ceremonia de acceso © Roberto CABRERA / RABASF
premio a trayectoria Como Dalila de 'Samson et Dalila', en México © Roberto CABRERA
premio a trayectoria Como Leonora de 'La favorita' junto a Giuseppe Filianoti en el Teatro Comunale de Bolonia © Teatro Comunale di Bologna

¿Qué ópera le habría gustado tener en su repertorio y que no ha podido interpretar?

Fidelio, porque Leonore es una mujer llena de fuerza y esta ópera inmensa es un canto a los derechos humanos, al amor y a la libertad.

¿Qué personaje ha representado mejor la esencia de María José Montiel?

Siempre hay un personaje con el que te identificas. A mí se me conoce internacionalmente, sobre todo, por Carmen. Pero he disfrutado mucho con Amneris de Aida, Ulrica de Un ballo in maschera, Dalila de Samson et Dalila o Federica de Luisa Miller. Pero Carmen me abrió muchas puertas, como también me pasó con el Réquiem de Verdi o las sinfonías de Mahler. Son títulos y obras que tuve ocasión de interpretar en repetidas ocasiones con maestros como Zubin Mehta, Lorin Maazel, Charles Dutoit o Riccardo Chailly, con quien colaboré durante más de una década.

Sin olvidar a la protagonista de María Moliner, ópera de Antoni Parera que estrenó en el Teatro de La Zarzuela en abril de 2016 y que después ha repuesto varias veces.

Sí, era una mujer fascinante reflejada en una ópera contemporánea estupenda que he tenido la fortuna de cantar ya en cuatro ocasiones. Al entrar en la Academia me acordé mucho de María, de la fuerza interior que tenía. ¡Qué gran injusticia que no la hiciesen académica!

Como cantante y como docente, ¿por qué cree que hoy hay tanta prisa por quemar etapas y llegar rápido a según qué metas?

Sí, hoy más que nunca. Yo no digo que a veces, de jóvenes, cuando empezábamos en la profesión, no perdiéramos la paciencia, pero es que hoy es algo atroz la prisa que veo que tienen muchos cantantes que comienzan. Todo es de usar y tirar, algo que en esta carrera no se concibe. Por eso me parece urgente y necesario fomentar la paciencia en lugar de la vanidad y el exhibicionismo constante en las redes sociales. Y la falta de valores. Las agencias artísticas muchas veces hasta lo apoyan y algunos teatros en ocasiones se inclinan por el aspecto exterior de los cantantes, prefieren que sean guapos, delgados, atléticos, y la voz pasa a un segundo plano. No se fomenta la individualidad, sino formar parte de un rebaño y yo creo que, ante todo, hay que ser independiente y libre para poder ser un verdadero artista. Estamos muy controlados y es complicado que surjan grandes figuras en este ambiente y con este caldo de cultivo, aunque claro que siguen saliendo.

¿Y cómo se enseña el canto en este contexto? ¿Cómo lo enseña usted?

Yo lo he enseñado dejando claro lo importante que es tener una personalidad definida y, desde siempre, buscando la blandura del sonido. Soy muy friki de la técnica antigua, pero mucho. Cuesta que salgan voces dramáticas, es verdad, pero las hay y acaban por abrirse camino. ¡Cómo es posible que se diga, como he escuchado y leído, que la laringe ha cambiado! Lo que ha variado es la forma de cantar y las modas, no la laringe del artista. Lo externo es lo que se transforma. La laringe sigue siendo exactamente la misma cuyo funcionamiento explicaban los grandes maestros italianos, como Franco Corelli. El pasaje hay que cubrirlo y protegerlo antes y ahora. Y yo lucho por ello cada día.

¿Se tiende a teatralizar en exceso en perjuicio de la voz?

Yo prefiero cantar un concierto antes que una producción operística escénicamente absurda. Es necesario que exista un equilibrio en todo y que cada aspecto del canto, escena e interpretación tengan su espacio bien definido. Pero, aunque parezca obvio, nunca hay que olvidar que si no hay voz, no hay ópera. La voz es un milagro que surge en el cuerpo humano, es un instrumento vivo. El canto es la voz del alma, es materia, espíritu y deseo.

¿Y cuándo sabe un artista que su carrera ha acabado?

Eso depende de cada persona. En lo personal, tengo la voz intacta, la cuido muchísimo y sé que está bien. El artista que es honesto y autocrítico sabe hasta cuándo seguir, y en mi caso será hasta el día en que yo vea que no puedo y cuando los que están a mi lado me lo digan. Cuando vea que mi voz flaquea me retiraré, sin duda. Eso lo tengo claro. Pero estoy segura de que siempre seguiré trabajando por y para la música.– ÓA

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