ENTREVISTAS

Daniel Oren: “Conocer la voz es uno de los aspectos más importantes de la dirección operística”

01 / 01 / 2026 - Lourdes MORGADES - Tiempo de lectura: 4 min

Director musical Daniel Oren © Ivano BUATZ

Siete años después de su última ópera en el Liceu, un Hamlet de Thomas en versión de concierto, el músico israelí regresa en febrero al coliseo lírico barcelonés para asumir la dirección de un título del repertorio italiano, su gran especialidad, La Gioconda, ópera que sentó las bases del verismo. En mayo, en Las Palmas de Gran Canaria, dirigirá uno de los títulos más exigentes del repertorio verista, Andrea Chénier.

Cuando Daniel Oren nació su madre decidió que sería músico, y él se aplicó estudiando piano, violonchelo, canto y armonía. Debutó como cantante a los 13 años interpretando, bajo la dirección de Leonard Bernstein, los Chichester Psalms. A los 20 ganó el primer premio del Concurso Herbert von Karajan de Dirección de Orquesta y con 22 años dirigió su primera ópera, Manon Lescaut, que marcó su especialización en ópera italiana, “el más bello de todo el repertorio operístico”, asegura. A los 22 años fue nombrado director musical de la Ópera de Roma y posteriormente del Teatro Verdi de Trieste, del San Carlo de Nápoles, del Carlo Felice de Génova y, desde 2007, es director musical y artístico del Teatro Verdi de Salerno. “Incluso al planificar una  temporada y elegir artistas, el objetivo es hacer justicia a la partitura y al compositor, y sobre todo, asegurar que el público disfrute de una velada del más alto nivel artístico”, afirma a ÓPERA ACTUAL, y señala rotundo que “conocer la voz es uno de los aspectos más importantes de la dirección operística”.

Su carrera se ha caracterizado por dirigir sobre todo obras italianas, a pesar de que usted no es italiano. ¿Qué le ofrece este  repertorio, que comenzó a dirigir hace 46 años?

Si me he aficionado tanto al repertorio italiano ha sido por casualidad. Fue el destino que la primera ópera que dirigí a los 22 años fuera Manon Lescaut en Roma, y que antes del ensayo general me nombraran director musical de la Ópera de Roma. Dado el cargo, me vi obligado a dirigir este repertorio, que en mi opinión es el más bello de todo el repertorio operístico. La causa de esto reside en la combinación de muchas cualidades: artísticas, vocales y teatrales, que han hecho de la ópera italiana un referente mundial. La tradición italiana sitúa la voz en el centro de la ópera, como ninguna otra escuela operística en el mundo. La melodía, las frases musicales, cautivan porque son excepcionales, hermosas y únicas. Además, su poder de emocionar es inmediato… digamos que hay un equilibrio entre simplicidad y profundidad. Otro factor que influye es la belleza del italiano y su musicalidad natural, que lo hace más fácil de cantar que otros idiomas. Sin desmerecer el repertorio alemán o francés, que son igualmente maravillosos, creo que después de una ópera de Bellini o Puccini, del bel canto al verismo, el público sale del teatro como yo: ¡enloquecido y cantando!

Lleva más de 40 años dirigiendo repertorio italiano ¿Es posible encontrar elementos nuevos en una ópera cuando la ha dirigido tantas veces como Aida?

Claro que sí. Después de más de 500 representaciones de Aida sigo disfrutando descubriendo cosas nuevas. Este es el secreto del artista, si pierdes la curiosidad y la magia, dejas de ser artista. La música se crea cada vez y siempre es diferente. La partitura por sí sola no basta, la música se crea desde la primera nota y con cada interpretación, también porque nosotros mismos somos diferentes a cada segundo que pasa. Afortunadamente, los artistas intentan descubrir, encontrar cosas nuevas.

Siete años después de su última ópera en el Liceu, una versión en concierto de Hamlet de Ambroise Thomas, regresa al coliseo lírico barcelonés para dirigir La Gioconda de Amilcare Ponchielli, una ópera que sentó las bases del verismo. ¿Cómo contribuye esta obra a la evolución del repertorio italiano?

Aunque formalmente sigue siendo una ópera romántica del siglo XIX, La Gioconda contiene pasiones fuertes y viscerales, y momentos de intensa violencia. Presenta una orquestación rica y personajes con voces dramáticas, en parte características del verismo. Los ambientes populares y la psicología directa, estos elementos formarían la base de la posterior revolución del verismo. Por esta razón, La Gioconda se considera una de las óperas preveristas, situada entre Verdi y Mascagni. Fue fundamental para la transformación del repertorio italiano a finales del siglo XIX

"'La Gioconda' contiene pasiones fuertes y viscerales, y momentos de intensa violencia. Presenta una orquestación rica y personajes con voces dramáticas, en parte características del verismo"

¿Cuáles son los retos de dirigir La Gioconda?

Al ser una ópera de transición, dirigirla de forma óptima es bastante complejo. Hay que encontrar el equilibrio entre el lirismo y el verismo dramático, y entre una orquestación a menudo imponente y las voces en escena. Para mí, es fundamental que la belleza de la música se transmita sin tapar a los cantantes. Cuando uno se encuentra con una presencia masiva de metales y una cuerda completa y densa, ese es el aspecto principal a tener en cuenta.

Estudió canto antes que dirección de orquesta. ¿Este conocimiento de la voz se traduce en una ventaja para un director como usted a la hora de comprender las necesidades de los cantantes?

Conocer la voz es uno de los aspectos más importantes de la dirección operística. Cuando estudio una nueva ópera, siempre me inspiro en los grandes directores, que a menudo fueron quienes ayudaron a que surgieran grandes voces, como Tullio Serafin hizo con Maria Callas. Mis ejemplos son Serafin, Victor de Sabata, Antonino Votto, Thomas Schippers, Franco Capuana, Arturo Toscanini y otros similares. Un director no puede simplemente dirigir, y si no entiende las voces, es difícil dirigir la ópera correctamente. Cada cantante necesita consejos casi a medida para respetar al máximo la partitura, y el director debe ser flexible, pero también debe aconsejar cómo interpretar un papel y ser quien ayuda en los momentos difíciles durante las representaciones. Creo que para un director que quiera abordar la ópera, es imposible no tener un mínimo de experiencia con las voces, quizás sea lo primero. Solo así se pueden comprender verdaderamente las necesidades de los cantantes. Una cosa que siempre me ha sido útil es usar mi propia voz para explicar a los artistas cómo me gustaría que se expresaran ciertas frases.

© ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

El director Daniel Oren al frente de la Bilbao Orkesta Sinfonikoa y el Coro de la Ópera de Bilbao

En mayo dirigirá Andrea Chénier en Las Palmas. ¿Cuáles son los retos de dirigir esta ópera?

Andrea Chénier es una de las óperas más exigentes del repertorio verista. Requiere gran teatralidad, amplitud sinfónica y sensibilidad poética al mismo tiempo. Chénier oscila entre momentos líricos y poéticos, explosiones emocionales y, finalmente, momentos histórico-políticos tensos, cruciales para la dramaturgia. El director tiene la responsabilidad de crear fluidez entre estos mundos, evitando que la ópera se fragmente. Aquí también necesita gestionar una orquestación muy rica y voces importantes. Chénier es un tenor spinto, Maddalena es una soprano lírica dramática que debe ser capaz de mostrar suavidad y potencia. El barítono debe ser muy imponente, capaz de hablar cantando. Otro reto que no siempre se logra es saber coordinar las escenas corales, que son muy importantes y representan la agitación revolucionaria. Y hablando de revolución, en Chénier a menudo es difícil crear ese arco unificador que une el patetismo del amor y la pasión con la atmósfera revolucionaria.

¿Hay alguna ópera italiana que aún no haya dirigido y que le gustaría dirigir?

Sí, me gustaría dirigir Suor Anglica, una ópera que me encanta y que nunca he dirigido, al igual que Gianni Schicchi.

"La experiencia operística sin duda ayuda a identificar los temas más importantes de la música sinfónica, permitiendo que cada instrumento cobre protagonismo por sí mismo"

Usted es un director de ópera experimentado, pero también dirige música sinfónica. ¿Cómo contribuye su experiencia de director de ópera a su trabajo de director sinfónico, y al revés?

La experiencia operística sin duda ayuda a identificar los temas más importantes de la música sinfónica, permitiendo que cada instrumento cobre protagonismo por sí mismo. También creo que ayuda a encontrar la profundidad en el piano y el pianissimo, que a menudo se pasan por alto. Por el contrario, la música sinfónica ayuda en la ópera porque hay momentos en los que la orquesta cobra protagonismo y finalmente puede emerger con toda su energía. Disfruto mucho dirigiendo música sinfónica y cantando con los músicos, y también disfruto ayudándolos a liberar sus emociones más profundas durante las óperas. Tengo la suerte de alternar ambas facetas.

¿Tiene previsto explorar otros repertorios?

Para tener un buen desempeño en la ópera, es necesario dominar el idioma. Por suerte, entiendo y hablo bien francés e italiano, y también hablo bastante bien alemán, ya que estudié en Alemania. Me encantaría explorar el repertorio alemán, especialmente el wagneriano.– ÓA

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