CRÍTICAS
INTERNACIONAL
‘Zoraida di Granata’ y el acierto del catálogo donizettiano
Bérgamo
Donizetti Opera Festival
Donzietti: ZORAIDA DI GRANATA
Cecilia Molinari, Konu Kim, Zuzana Marková, Lilla takacs, Tuy Hernández, Valerio Morelli. Dirección musical: Alberto Zanardi. Dirección de escena: Bruno Ravella. 16 de noviembre de 2024.
La poco divulgada Zoraida di Granata representa la primera incursión de Donizetti en el género serio cuando aún no había cumplido los 25 años de edad. Ópera juvenil, en deuda con los compositores que le rodeaban, empezando por su maestro Simone Mayr y por el más famoso de esos tiempos, Rossini. Sin embargo, Donizetti desde sus inicios dio muestras de fuerte personalidad: no copiaba, sino que emulaba las lecciones del uno y el estilo del otro. Así es que, entre dos títulos tan representativos como son Roberto Devereux y Don Pasquale que se ofrecen en este Festival Donizetti de 2024, a Zoraida le cuesta tener una identidad propia y definida si bien, a lo largo de sus dos horas y media, las melodías, las arias de puro belcantismo, se suceden con gran acierto y pulcritud.
Claro está que de entre las más de 70 obras del compositor bergamasco no todas pueden ser obras maestras y es obligación institucional del festival ir presentando todo el catálogo de Donizetti. Para mayor inri, de Zoraida di Granata, cuya acción se sitúa en la mítica ciudad andaluza allá por 1480, antes de la Reconquista católica y en un ambiente de luchas internas entre Abencerrajes y Zegríes, hay dos versiones: la primera de 1822 sobre libreto de Bartolomeo Merelli y la de 1824, revisada y ampliada por Donizetti, cambiando la vocalidad de Abenamet, inicialmente para tenor, fijándola para contralto, con la revisión del libreto a cargo de Jacopo Ferretti. La producción ofrecida en el Teatro Sociale de Bérgamo procede de la ciudad de Wexford, donde se ofreció en 2022; ahora se pudo asistir a la versión de 1824, sin duda más interesante.
La puesta en escena sitúa la obra en la Guerra Civil de principios de los 90 del pasado siglo en la ex Yugoslavia, haciendo referencia a Sarajevo y su biblioteca del siglo XIX destruida en esa contienda. El vestuario es pobre y militar, menos el de los tiranos, Almuzir y Almazor, que visten de americana y corbata. Una dirección teatral efectiva de Bruno Ravella, con escenografía corpórea y única de Gary McCann y la sugerente iluminación de Daniele Naldi, que no deja de ser anacrónica cuando hay que desenfundar las espadas y sacan, en cambio, los revólveres.
Interesante y acertado el apartado musical empezando por el trabajo de la Orchestra Gli Originali, una formación ideal para esta ópera y para el Teatro Sociale, una bombonera. La dirigió con acierto Alberto Zanardi, conocedor de esta obra por haberla ya dirigido en Wexford, muy atento en lograr los colores, los ritmos y en poner en valor este Donizetti de sus comienzos. Por ejemplo, en el magnífico Romanzo, aria que interpreta Zoraida en el segundo acto con acompañamiento solo de las maderas, violín y violoncelo, la página más moderna de toda la ópera. El coro, una vez más el de la Accademia della Scala dirigido por Salvo Sgrò, estuvo muy bien además desde el punto de vista escénico.
Las voces solistas cumplieron con creces. Cecilia Molinari, perfecta tanto en lo actoral como en lo vocal, fue un excelente y muy aplaudido Abenamet, interpretando el magnífico rondò final que evoca el más célebre de La Cenerentola de Rossini. Gustó mucho y fue una agradable sorpresa el tenor coreano Konu Kim en el papel de Almuzir, que al final se arrepiente y pasa casi por buena persona, un rol creado por el mítico Domenico Donzelli con tesitura de bari-tenor y que el joven artista asiático ha defendido con valentía, facilidad al agudo y buenas agilidades. Encantadora la Zoraida de la soprano Zuzana Marková, de voz lírica, notable facilidad en el agudo y musicalidad sin fisuras, también muy hábil en las agilidades. La Ines de la soprano Lilla Takacs y el Almanzor del bajo Tuty Hernández, alumnos de la Bottega Donizetti, cumplieron con solvencia ante amplios recitativos y con la recompensa de un aria di sorbetto cada uno, muy bien ejecutadas. Acertado también el sonoro Ali de Valerio Morelli. Toda la compañía acogió un éxito alentador y generoso. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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