CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Un ‘Oro del Rin’ isabelino inauguró el ‘Ring’ de La Scala
Milán
Teatro alla Scala
Wagner: DAS RHEINGOLD
Nueva producción
Michael Volle, Ólafur Sigurdarson, Jongmin Park, Ain Anger, Andrè Schuen, Norbert Ernst, Syabonga Maqungo, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Okka von Damerau, Olga Bezmertna, Christa Mayer. Dirección musical: Simone Young. Dirección de escena: David McVicar. 28 de octubre de 2024.
Con Das Rheingold arrancó una nueva Tetralogía wagneriana en el Teatro alla Scala no sin problemas, ya que el previsto director alemán Christian Thielemann renunció a dirigir el ciclo por motivos de salud poco antes de los ensayos. La opción last minute de tan colosal empresa ha recaído en la australiana Simone Young, de comprobada experiencia en este repertorio y que el pasado verano debutó en Bayreuth precisamente con el Anillo (ver crítica en este enlace); en Milán comparte podio en las funciones previstas con el director inglés Alexander Soddy, otra batuta que se está imponiendo en el panorama wagneriano.
La noche del estreno, la directora australiana se desempeñó con un resultado musical relevante, gracias también a la estupenda orquesta de la casa, una vez más absoluta protagonista, y a un reparto muy eficiente. Los temas conductores, las atmósferas líquidas del fondo del Rin, del naciente Walhalla y del sulfúreo mundo del nibelungo, resultaron perfectas, así como muy destacables las dos maldiciones que condicionan toda la grandiosa obra: la renuncia al amor y la muerte a quien posea el dichoso anillo. Sin embargo, hubo aislados e injustificables abucheos a la maestra ahogados en parte por los merecidos aplausos tributados por la mayoría del público.
Abucheos mayores recibió el director de escena David McVicar y sus colaboradores, Hannah Postlethwaite por la escenografía, Emma Kingsbury, por el vestuario; David Finn, por la iluminación; Katy Tucker, por los videos; Gareth Mole, por las coreografías; y David Greeves, experto en artes marciales, aunque la labor de estos dos últimos pasó desapercibida. La puesta en escena, sustancialmente tradicional, carecía de encanto, con momentos involuntariamente ridículos y una alusión inexplicable al teatro isabelino shakespeariano del siglo XVI en el vestuario de los dioses, en especial el de Loge, trasformado en una dama pelirroja con gestos estereotipados.
En el reparto se impuso el óptimo Wotan de Michael Volle, de excelente fraseo y nobleza; el perfecto Alberich del irlandés Ólafur Sigurdarson, de voz y actuación destacables; y los imponentes Jongmin Park y Ain Anger. Notable la actuación del barítono Andrè Schuen, como un vigoroso Donner y correcto el Froh del tenor de África del Sur Syabonga Maqungo. El Loge de Norbert Ernst fue toda una garantía de profesionalidad, emisión e impecable prestación escénica, así como el Mime de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke en una personificación muy lograda del miedoso nibelungo.
También cabe destacar las óptimas Frika de Okka von Damerau, la deliciosa Freia de Olga Bezsmertna y la poderosa Erda de Christa Mayer, mezzosoprano de óptima proyección, aunque las notas graves no tuvieran el color deseado. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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