CRÍTICAS
NACIONAL
Teatralidad lírica para abrir la temporada del Auditorio
Oviedo
Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo
Carnicer: SINFONÍA EN RE MAYOR / Rossini: STABAT MATER
Concierto inaugural
Berna Perles, Gaëlle Arquez, José Simerilla, Rubén Amoretti. Oviedo Filarmonía. El León de Oro. Dirección: Lucas Macías. 29 de octubre de 2025.
Los Conciertos del Auditorio, uno de los ciclos musicales de mayor importancia del norte de España, inauguraron su temporada —este curso, repleta de citas líricas— a través de un programa de marcados tintes rossinianos donde figuraban la Sinfonía en Re mayor de Ramón Carnicer y el Stabat Mater de Gioachino Rossini: dos piezas que mantienen una misma estética a través del lenguaje compositivo imperante en Europa durante el primer tercio del siglo XIX. Si bien la obra del maestro español estuvo ejecutada de forma adecuada por Oviedo Filarmonía (OFIL), donde destacaron unos metales bien timbrados y una percusión muy precisa, todos los focos estaban puestos en el Stabat Mater de Rossini, una obra que no se escuchaba en el Auditorio Príncipe Felipe desde el concierto de los Premios Princesa de 2018.
La gran triunfadora de la velada fue la mezzosoprano francesa Gaëlle Arquez, a quien ya se le pudo escuchar la temporada pasada acompañada por Le Cercle de L’Harmonie, exhibiendo una voz poderosa en su amplio registro central, con facilidad para desplegar unos agudos bien timbrados —como se pudo apreciar en la cavatina “Fac ut portem Christi mortem”— y una proyección notable con la que traspasar el compacto sonido de la OFIL. Igualmente notable estuvo la soprano andaluza Berna Perles, con una voz carnosa que ha ganado peso y que maneja con fluidez y lirismo, ciñéndose al carácter que en cada ocasión requería la obra, como en el tormentoso “Inflammatus et accensus”.
El elenco masculino dejó más dudas en lo vocal, con un José Simerilla (tenor) incómodo desde que pisó el escenario (tal y como evidenciaba su gestualidad), hecho que se haría más notorio en el aria (“Cuius animam gementem”), repleta de portamentos y con un fraseo nada refinado; su interpretación quebró la atmósfera general del cuarteto final y lastró la afinación de este mismo número. El bajo Rubén Amoretti ofreció unas prestaciones aceptables, amoldando su voz a unos graves rotundos y prominentes, pero con unos agudos algo forzados y sin demasiada pujanza para superar el volumen orquestal, aunque dejando un hermoso diálogo con el coro en “Eia, Mater, Fons amoris”.
El coro El León de Oro realizó un trabajo sobresaliente, presentando una formación muy equilibrada, con un sonido redondeado, acompañando a los solistas con una afinación certera y con momentos de gran expresividad —como los silencios intercalados en los “dum pendebat” textuales—, solventando con mucho acierto las comprometidas entradas y los pasajes a cappella que posee esta dramática obra sinfónico-coral. La OFIL también rindió a buen nivel e iría creciendo con el paso de los compases, ofreciendo una gran flexibilidad para ajustarse a los tempi de Lucas Macías y, si bien incomodó a los solistas en algunos momentos concretos por su volumen, en líneas generales mantuvo la fiabilidad que acostumbra en los últimos meses apoyándose en una cuerda esmaltada y una madera sobresaliente. * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL
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